Un conejo a la alcaldía

Not a Hero se suma a la actual tendencia de juegos con aire retro: es una aventura cargada de acción en 2D que emula los mejores juegos de fines de siglo XX, al tiempo que propone disfrutar de un humor negrísimo
Not a Hero

Bunny Lord quiere llegar a ser el alcalde de La Ciudad (que no se identifica nunca, pero bien puede ser Londres). No es un impedimento que sea delincuente, traficante de drogas, líder de una banda de asesinos a sueldo ni mucho menos que sea un conejo. Un conejo púrpura, de largas orejas. Un conejo púrpura que para colmo ha viajado en el tiempo, desde el año 2048. Y que lo ha hecho para evitar una invasión extraterrestre. ¿Se entiende hasta ahora? La mejor manera que encuentra Bunny Lord de alcanzar la alcaldía es presentarse a sí mismo como la solución a tanto crimen y violencia que asola la ciudad. ¿Y cómo se propone erradicarlo? Pues con su propia tanda de crimen y violencia, por supuesto.

¿Cómo hacemos que Bunny llegue a alcalde? En misiones exponencialmente más y más difíciles, el jugador echará mano de alguno de los asesinos de Bunny Lord para ir eliminando mafiosos rivales, explotará por los aires los depósitos de drogas de sus enemigos y rescatará rehenes en barrios peligrosísimos. Al mismo tiempo tendrá que realizar tareas más normales dentro de una campaña política, como promoción de su candidato mediante posters y pasacalles o asistir a entrevistas con medios de prensa.

Esta delirante idea perfectamente realizada corresponde al estudio independiente de Reino Unido Roll7 y distribuido por Devolver Digital, la distribuidora más interesante del momento, responsables de la también recomendable saga Hotline Miami.

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Un desafío entretenido

El juego está marcado por un clima británico hasta la médula, tanto por su música (una inolvidable banda sonora, por cierto) como por su humor negro que rememora a los mejores momentos de directores de cine como Guy Ritchie o Danny Boyle. El apartado de voces también es perfecto, con los más variados acentos desde el cockney de personajes como Steve, propio de los bajos fondos londinenses, el vulgar redneck sureño de Cletus o el cargado español de Jesús, el que referencia directamente a otro tocayo: el interpretado por John Turturro en El Gran Lebowski.

Esta variada carga de influencias y homenajes quedaría en apenas en un guiño cómplice si, además, el juego no fuera endiabladamente entretenido. Su jugabilidad es perfecta, y se vuelve altamente adictivo para todos aquellos que gusten de los juegos de acción de plataforma (o sea, ir abriéndose paso a tiros nivel por nivel).

La acción de cada pantalla se complementa, además, con alucinantes aperturas en las que Bunny Lord describe los objetivos. Merece la pena ver la extrema carga de disparates que larga el conejo púrpura.

Lanzado a la calle apenas en mayo pasado, Not a hero se ha vuelto uno de los juegos mejor considerados del año. El recopilador de reseñas Metacritic lo califica con un 75% de reseñas favorables entre las que se destaca un 92% del especializado IGN. Contra la violencia del juego (bastante explícita, por cierto) no se han elevado voces de protesta. Pareciera que, al menos en este caso, se la ha entendido claramente como satírica. Las únicas críticas negativas que ha recibido hasta el momento se dirigen específicamente hacia lo difícil que el juego se torna a partir de la mitad de la historia. Todo aquel que se ha trancado alguna vez con un juego adictivo sabe lo molesto que es esto. Pero por supuesto que tal queja dista de ser un reproche importante a la hora de analizar el juego.

Una vez más hay que celebrar la aparición de juegos distintos como Not a hero, que presentan una jugabilidad diferente y recuerdan a otros videojuegos –o específicamente, otras épocas de videojuegos– y a la vez plantean algo nuevo y distinto. Tan distinto y atípico como ayudar a un conejo antropomórfico púrpura que quiere ser alcalde y viene del futuro a evitar una invasión extraterrestre.

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Rodolfo Santullo