Los abuelos de los videojuegos

Todo pasatiempo tuvo un principio y estos cinco juegos fueron los pioneros de una industria multimillonaria
La industria del videojuego se cuenta entre las más saludables, productivas y exitosas de la actualidad. Millones de personas juegan a cada momento en casi todo el mundo y sagas e historias de algunos de estos juegos se tornan tan inolvidables y míticas como las de los más famosos libros o películas. ¿Pero dónde surgió todo esto? ¿Cuáles fueron los primeros pasos de una actualidad tan sonoramente positiva? Aquí un repaso de los cinco videojuegos pioneros de la historia, algunos de los cuales –y no es sorpresa– siguen siendo jugados hoy en día, incluso en formato online.

OXO (1952)




Creado por Alexander S. Douglas (1921–2010) como parte de su tesis de doctorado –que versaba sobre la interacción entre computadoras y humanos–, se trata del clásico “Tres en línea” o, en criollo, tatetí. El objetivo, por si llega a existir algún humano sobre la Tierra que desconozca cómo se juega, es poner –en un tablero de nueve casilleros– tres unidades (que pueden ser círculos o cruces) en una misma línea antes que nuestro rival. Douglas generó el juego para una computadora Edsac, el primer calculador electrónico en contar con órdenes internas.

Hoy, el OXO se encuentra disponible en prácticamente todos los portales de videojuegos posibles, en miles de formatos.

 

Tennis for Two (1958)




El primer juego en utilizar gráficos fue este emulador de un partido de tenis o ping-pong creado por el físico estadounidense William Higinbotham (1910–1994). Su invención partió de uno de los objetivos primarios de cualquier videojuego: vencer al aburrimiento, en particular, el de los visitantes del Laboratorio Nacional Brookhaven en Nueva York. Creado para la computadora analógica Donner Model 30, fue también el primero en utilizar sonidos (al momento de impactar la pelota) y ya contenía algunas sutilezas: se podía tocar la red y se podía aumentar la velocidad dependiendo del golpe. Los jugadores disponían de un control que incluía un botón para golpear la pelota y una rueda para controlar su dirección. Claro antepasado del mucho más popular Pong –juego emblemático de Atari creado en la década de 1970–, la creación puntual del Tennis for Two como entretenimiento de un laboratorio y su casi inmediata desarticulación (culminadas las visitas que le habían dado origen en un principio) lo mantuvieron largo tiempo en la oscuridad y no fue reconocido sino hasta 1983 como uno de los pioneros y Higinbotham denominado a partir de entonces como el “abuelo de los videojuegos”.

Hoy es muy difícil encontrar su variante original; en cambio, abundan los derivados y sucedáneos.

 

Spacewar!  (1962)




Doscientas horas de trabajo le bastaron al equipo de científicos del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts), integrado por Steve Slug Russell, Martin Shag Graetz y Wayne Wiitanen, para crear el que se considera el primer juego de disparos de la historia. En Spacewar! dos jugadores se enfrentan a bordo de dos naves espaciales –la Aguja y la Cuña, respectivamente–; cada una de ellas cuenta con una carga de combustible y una cantidad de misiles limitadas. Estas deberán destruirse entre sí antes de ser capturadas por la gravedad del planeta que tienen en el medio. Muy popular en la década de 1960, pronto fue adaptado de su computadora DEC-PDP 1 original (que realizaba 100.000 operaciones por segundo) a otros sistemas. Su temática –ciencia ficción, navecitas y combate espacial– marcó profundamente la creación de videojuegos durante, por lo menos, dos décadas. Otros usaron su código fuente para añadir obstáculos, minas o para generar una perspectiva en primera persona.

Hoy se encuentra fácilmente online, tanto en su versión original como en muchas de sus encarnaciones posteriores.

 

Galaxy Game (1971)




Y se dio el salto de lo científico a lo comercial. Bill Pitts y Hugh Tuck crearon para la Universidad de Stanford el primer juego de uso público y con costo. El Galaxy Game, instalado en la costosa PDP-11/20 en el campus de la universidad, se podía jugar a cambio de US$ 0,10 por juego (o tres partidas por US$ 0, 25) lo que parecía nimio ante los US$ 20 mil que había costado el aparatejo. La temática del juego es similar a la de su antepasado Spacewar! –dos jugadores se enfrentan entre sí con navecitas y a los tiros, aunque en esta ocasión la cosa se complica por meteoritos– y sus distintas encarnaciones fueron agregando más variables. La máquina original fue retirada del campus en 1979, cuando ya había recuperado su costo con creces. Fue recuperada y restaurada en 1997 para ser parte del Museo de Historia de la Computadora en Mountain View, California. En 2010, la misma máquina fue prestada a Google para ser instalada temporalmente en sus cuarteles. Tantos años después funcionaba a la perfección.

Hoy es difícil encontrar el juego original, pero las posteriores versiones (llamadas invariablemente Galaxy algo) están por todos lados.

 

Computer Space (1971)




Apenas meses después de que se instalara el Galaxy Game en Stanford, Nutting Associates, compañía liderada por Nolan Bushnell y Ted Dabney, ponía a la venta el que sería el primer videojuego comercial de la historia. De nuevo se replicaba el esquema del Spacewar!, pero por vez primera se ponía al alcance del cliente de a pie, ya que el Computer Space aspiraba a ser instalado –y lo fue– en bares junto a los flippers y tragamonedas de probado éxito.

La mecánica de juego consistía en controlar una nave espacial que debía esquivar los disparos de los enemigos en 90 segundos. Computer Space fue condenado por ser demasiado adelantado para su tiempo y, por tanto, un incomprendido para las masas que no abrazaron de manera entusiasta –ni de cualquier otra– el juego. Bushnell y Dabney no escarmentaron con su fracaso y volvieron a la carga poco después con una nueva compañía que se centraría en cambio en la venta de consolas de uso casero a la que llamaron Atari. Y el resto es historia...

Hoy es un caso similar al de Galaxy Game. El Computer Space original no abunda en la web pero sí sus imitadores, herederos y sucedáneos.

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