Cuatro ballenas encallaron en las costas uruguayas en dos meses

Hay dos teorías que explican la inusual situación: exploraciones sísmicas y contaminación en las aguas
A dos meses del espectacular varamiento del cachalote de playa Carrasco apareció otro cetáceo muerto en la costa uruguaya. Esta vez, la corriente arrojó a una ballena de la familia Rorcual ?hasta ayer no se había podido determinar la especie? en avanzado estado de descomposición en la parada 23 de Playa Brava, en Punta del Este.

Lo que preocupa a los expertos es que es la cuarta en lo que va del año, luego de otras dos que encallaron en Rocha. “Esta frecuencia no es normal. Esto nunca había pasado”, afirmó Rodrigo García, coordinador de la Organización de Conservación de Cetáceos (OCC) y consultor de la Universidad de Oregon (EEUU).

Su cálculo es que murió hace una semana o unos días más. Lo más intrigante es que, al igual que el cachalote y la ballena franca y otra de familia Rorcual que le siguieron entre enero y febrero, no presentaba lesiones visibles. Y su muerte, al igual que la del resto, coincidió con las maniobras por exploraciones sísmicas de la búsqueda de hidrocarburos en la plataforma marítima. “Hasta hace pocos días había cuatro barcos operando a la vez en nuestra cuenca”, relató García.
Esta frecuencia no es normal. Esto nunca había pasado”, afirmó García

Ayer también había cuatro: el Ramform Vanguard ?que remolcaba cables?, el Ocean Explorer ?que apoyaba al anterior?, el Thor Provider ?que navegaba hacia Montevideo? y el Polarcus Amani, que navegaba para la exploración sísmica a aproximadamente 350 kilómetros de Punta del Este, de acuerdo a datos del Sistema de Identificación Automática de ubicación satelital de buques, proporcionados a El Observador por OCC y Sea Shepherd Uruguay.

Las exploraciones sísmicas se realizan mediante fuentes de aire comprimido que emiten sonidos de 200 decibeles para obtener datos sobre la geología del suelo. Su sonido es suficiente para dañar el aparato auditivo de los cetáceos y provocarles desorientación. A ninguno de los cuatro animales se les pudo practicar un examen en busca de derrames en los órganos internos para comprobar si ésta había sido la causa de muerte.

Este fenómeno también preocupa a Sigrid Lueber, directora de la organización internacional Ocean Care, órgano consultivo de Naciones Unidas para la protección de los mamíferos marinos, que pidió información a OCC (ver recuadro). Ambas organizaciones esperan que ANCAP dé información acerca de la metodología empleada en las exploraciones sísmicas. Si no lo hace, el país se expone a una denuncia internacional que tendría implicancias a nivel diplomático. Uruguay es “santuario de ballenas y delfines” gracias a la Ley Nº 19.128 de 2013, por la que se prohibió la persecución, caza, apropiación o sometimiento de cualquier cetáceo en el mar nacional.

Otras dos posibles explicaciones para esta “inusual” frecuencia de atascamientos de ballenas sin laceraciones son los cambios en las corrientes y la calidad de las aguas oceánicas. La contaminación es la principal causa de muerte de cetáceos en el hemisferio norte, seguido de las exploraciones sísmicas y el tráfico naviero.

OCC recién ahora logró firmar un acuerdo con el Departamento de Anatomía de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de la República para realizar análisis de concentración de metales pesados, entre otros contaminantes, en las muestras de grasa y de órganos internos extraídas de la orca de nueve metros que encalló en Punta Rubia (departamento de Rocha) en 2012. Esto permitirá saber si tenía alguna enfermedad o parásitos.

Eso tampoco se pudo constatar en el caso del cachalote. La Dirección Nacional de Recursos Acuáticos del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca no permitió la colaboración de los expertos de la OCC ni de veterinarios especializados. No obstante, el organismo autorizó a OCC a tomar muestras en eventuales nuevos sucesos.

La cola afuera


La ballena de la playa Brava medía aproximadamente seis metros. O, como comentó la directora de Higiene de la Intendencia de Maldonado, Mary Araújo, medía igual a la “caja de un camión pero le quedó un pedazo de cola afuera”. Eso lo advirtió ayer cuando se la trasladó al relleno sanitario de Las Rosas, donde será enterrada con las precauciones que implica un “residuo biológico”.

No obstante, la ballena permaneció 24 horas en la playa sin ningún vallado para impedir que los turistas y vecinos la tocaran o se tomaran fotografías con ella para no exponerse a riesgos sanitarios. El procedimiento correcto hubiese implicado la clausura de la playa y el posterior retiro de arena manchada de sangre y materia.

 


Santuario en peligro


 

Si se confirma la incidencia de las exploraciones sísmicas en la muerte de los cetáceos, Sigrid Lueber, presidenta de Ocean Care, dijo a El Observador que esto “significaría que Uruguay no cumple con la condición de santuario” y, por lo tanto, “se debería pedir al gobierno que estableciera un plan de manejo”. La ausencia de heridas en el exterior de los cuerpos y la coincidencia con las maniobras inquieta a la experta. Y agregó: “El voto del Parlamento uruguayo fue una gran victoria para esta pequeña nación de América del Sur donde, en los últimos años, grandes proyectos han amenazado los recursos que atraen a turistas de todo el mundo”.

 

Últimos varamientos


 

Cachalote. Apareció en playa Carrasco el 11 de enero. Medía 16,6 metros y pesaba 25 toneladas. Fue enterrado dos días después en la usina 5.

Ballena franca.?Llegó a la zona de Cerro Verde, al final del parque de Santa Teresa, el 30 de enero. Ahí mismo le dieron sepultura. Medía seis metros.

Rorcual.?Una ballena de la familia de Rorcual encalló en Oceanía del Polonio el 12 de febrero. El animal medía seis metros. No presentaba heridas.


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