Excientífico de la NASA casi pierde su audición debido a la tapa del inodoro

Él mismo explicó el raro incidente en Twitter: soportó 138 decibelios cerca del oído

Los accidentes extraños suceden todo el tiempo, pero pocos son tan extraños como la historia de Philip Metzger, un antiguo físico planetario de la NASA que casi pierde la audición después de dejar caer la tapa de un inodoro.

Como detalló el mismo en un hilo de Twitter, estaba tratando de reparar la válvula de llenado y descarga en la cisterna cuando dejó caer su tapa de cerámica. La tapa se deslizó de sus manos y golpeó el borde de la taza del inodoro. La pieza no se rompió, pero Metzger no salió ileso.

"El sonido me sorprendió", tuiteó Metzger. "Salí tambaleándome del baño y caí de rodillas en la sala de estar, preguntándome qué había pasado. Fue surrealista. Luego tuve la idea de probar mi audición porque noté que algo parecía extraño", escribió.

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"Comm check, 1, 2, 3 —se dijo a sí mismo, imitando a los comandantes del transbordador espacial—; do, re, mi, fa, sol, la, si, do". Su voz sonaba como si estuviera hablando a través de un kazoo, pero solo en ciertas frecuencias. De alguna forma, la tapa del tanque había dañado su audición. Pero ¿cómo, si la caída había sido de unos 20 centímetros? Metzger sacó la calculadora.

El primer paso fue buscar la velocidad del sonido en cerámica. Está es similar a la del ladrillo: unos 4.000 metros por segundo. Para determinar la frecuencia del sonido, luego calculó la longitud de onda de la vibración causada por la caída de la tapa.

La frecuencia de una onda viajera es igual a su velocidad dividida por su longitud de onda, pero dado que la onda de sonido estaba ocurriendo en un medio delimitado (léase: la tapa del inodoro), generó una onda estacionaria por lo que hay otros factores a considerar. Una onda estacionaria básicamente significa que la onda de sonido viaja desde un extremo de la tapa del inodoro al otro y cuando golpea el otro extremo rebota hacia atrás, se explicó en un artículo de Motherboard.

Para los propósitos de Metzger, significaba tener que dividir la velocidad de la onda de sonido por la longitud de la tapa del inodoro y luego dividir este número por dos para obtener la frecuencia. Según Metzger, esta frecuencia fue de 3.5 kHz o 3.500 ciclos de la onda por segundo.

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Como la tapa del inodoro no se rompió, esto significó que toda la energía de ese impacto se canalizó hacia el sonido. El problema es que la tapa es cóncava y actúa como una antena. Toda esa energía de sonido se enfocó directamente en la cara de Metzger.

"La energía viaja hacia tu oído interno y la cóclea", tuiteó Metzger. "Como la tapa del inodoro puso toda la energía en frecuencias específicas, se concentró en puntos específicos de la cóclea. Aparentemente, esta concentración de energía fue suficiente para dañar los pelos, doblarlos como pasto pisoteado", escribió.

De acuerdo con los cálculos de Metzger, el sonido tuvo una potencia de alrededor de 138 decibelios, igual que un concierto ruidoso o un disparo escuchado a unos metros de distancia.
Este nivel de potencia de sonido puede ser peligroso cuando está cerca y se condensa en un corto período de tiempo y frecuencias específicas. De hecho, la pérdida de audición permanente a partir de sonidos breves ocurre alrededor de 140 decibelios, por lo que Metzger estaba dentro de la zona de peligro.

La audición de Metzger finalmente comenzó a mejorar 48 horas después del accidente.

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