¿Y si Google se convierte en su nuevo médico?

El gigante de Mountain View centra gran parte de sus esfuerzos en velar por nuestra salud

No hay nada de qué avergonzarse. Cualquier internauta que se precie ha recurrido al omnisciente Google para saber si su salud corría peligro ante el más mínimo síntoma de un catarro. Alphabet, compañía matriz del buscador, es más que consciente del interés que despierta este tema dentro y fuera de la Red, por eso entre sus proyectos más ambiciosos los que están enfocados a la sanidad figuran en un lugar de honor.

El coloso de Mountain View tiene dos divisiones con las que trabaja sin pausa en este complicado terreno: Calico, centrada en "la longevidad", con una plantilla compuesta por multitud de especialistas - desde médicos o biólogos hasta genetistas-; y la más técnica Verily, antigua rama de Google X conocida como Life Sciences, cuya misión es crear dispositivos para mejorar la calidad de vida de los pacientes.

Valiéndose de estas potentes armas, la puntocom no sólo quiere agilizar la detección de cualquier problema de salud u ofrecer soluciones innovadoras en cuestiones de medicación, su objetivo último es revolucionar el día a día de los hospitales con toda una suerte de soluciones tecnológicas.

Adiós a los pinchazos

Uno de los aspectos en los que Google ha demostrado un especial interés es en encontrar nuevos métodos capaces de jubilar a las tradicionales pruebas y analíticas y de localizar precozmente enfermedades para poder 'arrinconarlas' lo antes posible.

Entre sus primeras y más conocidas invenciones en este campo se encuentran sus lentillas inteligentes, ideales para los diabéticos ya que recopilan datos sobre el paciente (como su nivel de glucosa o su temperatura corporal) de manera poco invasiva a través de las lágrimas. La tecnológica está trabajando en este proyecto desde hace dos años en colaboración con la farmacéutica helvética Novartis.

También en 2014 la firma patentó otro de sus métodos futuristas de control de la salud, unas diminutas partículas magnetizadas, más pequeñas que un glóbulo rojo, diseñadas para localizar desde dentro de nuestro cuerpo enfermedades en sus etapas iniciales o células que se comporten de una manera anormal (como lo hacen las cancerosas). Las introduciríamos en nuestro riego sanguíneo a través de una píldora y su magnetismo haría posible que respondieran a la 'llamada' de unwearable en el que podríamos consultar inmediatamente si todo va bien (por ejemplo, se podría saber al momento si nuestros niveles de colesterol son razonables o están fuera de lo recomendable).

Ha diseñado un sistema de micro-punción que reduciría la molestia de los análisis a la de una picadura de mosquito.

Pero la inventiva de Alphabet en lo que a 'revisiones médicas inteligentes' se refiere no se queda ahí. La compañía ha registrado las patentes de otros tres sistemas que, de llevarse a la práctica, facilitarían enormemente el día a día de las personas que tengan que someterse a controles de manera regular.

El primero es un sistema de micro-punción que reduciría la molestia de los pinchazos a la de una picadura de un mosquito y que podría instalarse en unsmartwatch capaz de realizar in situ un análisis básico de la muestra. Otro, más novedoso que el anterior pero que también hará las delicias de los que más temen a las agujas, es un implante subcutáneo que en lugar de sangre extraería una pequeña cantidad de líquido intersticial (presente en el espacio que hay entre las células) y mandaría los resultados a un dispositivo externo.

La tecnológica también tiene en mente convertir los cuartos de baño de las personas que padezcan algún tipo de dolencia cardiovascular en un '2 por 1' que aúne una enfermería y un laboratorio clínico. Llenando esta habitación de sensores (colocados en el lavabo, la ducha o el espejo) se monitorizaría con métodos no invasivos el pulso o la presión sanguínea, un sistema que podría llevarse a otras estancias o extrapolarse a los hospitales.

Uno de los últimos avances de Alphabet en este campo es emplear la inteligencia artificial para detectar enfermedades con una simple exploración y en cuestión de minutos. Con este fin, no ha dudado en poner el 'cerebro' de su Deepmind a disposición de los oculistas británicos para que 'aprenda' a identificar con un simple vistazo cualquier problema en los ojos del paciente.

Más allá de las pastillas

Eso sí, las aplicaciones de la Inteligencia artificial en el campo de la salud no terminan en los diagnósticos y Alphabet, junto con el Servicio Nacional de Sanidad de Reino Unido, ha decidido poner todo el potencial de los algoritmos de Deepmind al servicio de la mejora de los tratamientos de diversas enfermedades.

Esta tecnología se está empleando ya para ahorrar tiempo en la planificación de las sesiones de radiología de ciertos casos de cáncer de cabeza y cuello. Los especialistas suelen tardar en decidir cuál es la mejor manera de abordarlos porque se trata de una zona un tanto conflictiva, pero Deepmind reduce este proceso de personalización a apenas una hora.

Ahora bien, los de Mountain View quieren ir más allá y emplear buena parte de su arsenal tecnológico en la lucha contra todo tipo de dolencias. Pero no quieren hacerlo solos, por lo que no han parado de suscribir acuerdos millonarios con empresas especializadas en el sector.

Alphabet ha firmado acuerdos millonarios con Novartis, Sanofi o la británica GlaxoSmithKline.

Hace dos años, firmó uno de 1.500 millones de dólares con la farmacéutica estadounidense AbbViecon el objetivo de desarrollar tratamientos para luchar con las enfermedades propias de la vejez -como el Alzheimer- y otros capaces de frenar los, por ahora, imparables efectos de la edad sobre el cuerpo . Asimismo, se alió con Sanofi y Novartispara encontrar soluciones innovadoras para la diabetes, desde 2015 investiga a fondo la progresión de la esclerosis múltiple con los laboratorios Biogen y este mismo verano firmó un acuerdo de casi 640 millones de euros con la británica GlaxoSmithKline (GSK) para crear una nueva empresa, Galvini Bioelectronics, que estará especializada poner coto a enfermedades como la artritis o el asma mediante impulsos eléctricos.

Por su cuenta, la tecnológica ha perseverado el terreno de las smartlens y ha patentado un dispositivo que se insertaría mediante una operación intraocular, corregiría la visión sin necesidad de lentillas o gafas y crearía una especie de 'ojo biónico' en el que se podrían integrar sensores, una batería o una cámara.

En todo caso, y hasta que estas innovaciones vayan demostrando su eficacia, Alphabet sigue intentando mejorar la vida de los enfermos con gestos más pequeños. Así, ha ideado un sistema que, instalado en un smartwatch, es capaz de adivinar cuándo el usuario come y le recuerda que tiene que tomar su medicación y el año pasado se hizo con Lift Labs, empresa que fabrica cubiertos 'estabilizados' que neutralizan los temblores propios del Parkinson (enfermedad que preocupa especialmente a la compañía, quizás porque Sergey Brin, cofundador de Google, posee una mutación en su ADN que aumenta sus posibilidades de padecerla).

Un hospital al estilo Google

Como última parada de esta incursión en el terreno de la sanidad, Alphabet ha puesto su implacable objetivo en los hospitales. Una de sus principales metas es acabar, o al menos reducir a la mínima expresión, el papeleo que retrasa la gestión y satura estos centros. Para ello ha puesto en marcha el proyecto Deepmind Health, similar al HealthKit de Apple, compuesto, de momento, por dos apps que se complementan entre sí.

La primera, Streams, se encarga de 'predecir' qué pacientes habituales, como los enfermos crónicos o los que sufran ciertas dolencias que les obliguen a acudir al hospital cada cierto tiempo, podrían necesitar una consulta. En cierto modo, detecta el riesgo de que surja algún contratiempo y hace que acudan al médico antes de que sea tarde. Su utilización, además de acelerar las revisiones y disminuir los tiempos de espera, podría ahorrarles operaciones innecesarias. Por su parte, la otra herramienta llamada Hark está pensada para reducir la burocracia hospitalaria y agilizar todo este proceso.

Pero para que estas aplicaciones cumplan su misión, es necesario que la tecnológica recabe información muy personal de los usuarios, lo que no ha estado exento de polémica. A principios de este año, en Reino Unido, donde Alphabet puso en marcha el piloto de Deepmind Health para hacer un seguimiento de personas que padecieran enfermedades renales, saltaron todas las alarmas porque la tecnológica había recopilado mas datos de los necesarios a través de Streams. Esto abrió en el país un amplio debate sobre la conveniencia de que una empresa privada tuviera en su poder esa información ya que, aunque se hubiera comprometido a no hacerlo, podría utilizarla en otras ramas de su negocio o venderla a terceros.

Dentro del quirófano

Por otra parte, Alphabet tampoco quiere quedarse fuera de la acción y ha conseguido que algunos de sus dispositivos se cuelen en el aséptico mundo de la cirugía. Uno de los primeros en obtener un 'pase VIP' para adentrarse en los quirófanos fueron las ya desaparecidas Google Glass. El wearable de realidad aumentada se convirtió en una de los mayores aliados de los especialistas en las operaciones más complicadas o singulares ya que, simplemente levantando la cabeza, podían acceder al historial del paciente o compartir las dudas que les surgieran con otros colegas que estuvieran conectados desde cualquier parte del mundo.

También Google Carboard ha tenido su oportunidad de salvar vidas, como la de un bebé de 4 meses que se enfrentaba a una intervención cardiovascular considerada inoperable por muchos cirujanos. Finalmente, los especialistas pudieron estudiar el abordaje perfecto gracias a una recreación en 3D del corazón del pequeño que pudieron estudiar a su antojo con el visor de realidad virtual de la tecnológica.


La compañía pretende colar a sus robots quirúrgicos en los quirófanos y vestir de manera 'inteligente' a médicos y enfermeros.

Con el fin de completar su aportación al mundo de la cirugía, Alphabet se alió el año pasado con Johnson & Johnson para crear conjuntamente robots quirúrgicos (con ese objetivo fundaron la compañía Verb Surgical) y se ha propuesto diseñar uniformes inteligentes que faciliten la tarea de médicos y enfermeros a través de su Project Jacquard, en el que colabora el fabricante de ropa de trabajo Cintas.

Por último, los de Mountain View han registrado una patente que muestra su interés en utilizar sus drones, que hace poco vimos repartiendo burritos, para transportar material de primeros auxilios a lugares inaccesibles. En el documento se muestra como podrían llevar hasta desfibriladores a zonas afectadas por una catástrofe. Si los hospitales se decidieran a incorporar este dron-ambulancia a sus plantillas reducirían drásticamente su tiempo de respuesta ante emergencias y, según la tecnológica, aumentarían en un 80% las posibilidades de sobrevivir de los heridos.


Fuente: Expansión

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