Uruguayos investigan para proteger a las abejas

Los científicos buscan tratar las enfermedades que afectan en el país a los principales polinizadores, cuya creciente y repentina desaparición en distintas regiones del mundo es cada vez más preocupante


Es más pequeña que un alfiler, pero sin ella no existiría la vida en el planeta como se la conoce. La milenaria alianza natural de la abejas con las flores hace posible el cultivo de muchas de las verduras y frutas en todo le mundo, entre otras plantas, ya que estos insectos son los principales polinizadores. En países como Estados Unidos, se las considera responsables de un tercio de todo el alimento que se produce: aparte de la miel, se estima que el hecho de que una abeja se pose de flor en flor, arrastrando el polen con sus patas y favoreciendo así la reproducción natural de las plantas, se traduce en unos US$ 40 mil millones.

Pero las abejas están desapareciendo. Y los países, incluido Uruguay, reconocen esto como una señal de alarma. No solo porque la extinción de la abeja melífera (Apis mellifera) alteraría el equilibrio del ecosistema, sino porque gran parte de los cultivos serían imposibles de sostener. No solo se perdería una variedad de alimentos esenciales, sino también muchísimo dinero.

Pero, al menos en este caso, tomar conciencia no alcanza. Desde Estados Unidos hasta Europa, Asia y Latinoamérica, las colmenas se están muriendo. Adoptar una medida eficaz para evitarlo no sería tan difícil si se conocieran las causas de esta mortandad. Hasta ahora, son poco claras: pueden ser bacterias y virus, parásitos, malnutrición, tal vez los pesticidas que se emplean en los cultivos.

Estados Unidos ha perdido más de la mitad de su población de abejas desde 2006. En Europa, se acaba de prohibir el uso de tres pesticidas por entender que son la causa de muerte en las colmenas.

En Uruguay no se ha registrado este tipo de muertes masivas, aunque sí casos concretos de colmenas infectadas. Tras los primeros registros oficiales de la enfermedad Loque Americana (causada por la bacteria Paenibacillus larvae) en 1999, se comenzó con esta línea de investigación en el país.

Un equipo de científicos del Departamento de Microbiología del Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable (IIBCE) trabaja en conjunto con investigadores de la Dirección Nacional de Laboratorios Veterinarios (Dilave, del MGAP), INIA y Facultad de Ciencias de la Universidad de la República, para conocer más a las abejas uruguayas, entender por qué se enferman y mueren, e intentar evitar lo que en este momento sucede en otros países.

En el IIBCE, un equipo liderado por la doctora Karina Antúnez estudia el problema desde la óptica de la microbiología, es decir, de los patógenos que afectan a las abejas.

Según explicó Antúnez, en una primera instancia se hizo un diagnóstico de las colmenas uruguayas, para luego diseñar un método que permitiera detectar la bacteria antes de que se vieran los síntomas clínicos. Al morir, las larvas quedan gomosas y amarronadas, se adhieren al fondo y la colmena desprende feo olor. En esos casos, lo único que se puede hacer es quemarla, explicó la investigadora, que agregó que los mismos apicultores contribuyen a la propagación de la bacteria cuando usan los mismos instrumentos para todas.

Importada de Argentina


Así como la bacteria y la enfermedad se contagia de colmena a colmena, algo parecido sucedió con los países. Según contó la científica, un estudio de epidemiología indicó que la bacteria había sido “importada” desde Argentina y que “la dispersión de los patógenos por lo general se hace por esa vía”. A su vez, desde Uruguay la bacteria se “exportó” a Brasil.

Hoy en día la influencia de la Loque Americana es “muy baja” en el país, dijo Antúnez: “Con el tiempo, los apicultores aprendieron a reconocer los síntomas y aplican alguna medida para evitar pérdidas”.

En el caso de las abejas uruguayas, el principal patógeno es un ácaro llamado Varroa destructor. Este presenta varios problemas: no solo ha mostrado ser cada vez más resistente a los acaricidas, sino que además es portador de virus. Desde el IIBCE han detectado unos 18 virus ARN, que son muy variables y por ende, muy difíciles de combatir.

Ahora qué


Llevar un control de lo que sucede en las colmenas a lo largo de todo el país –una tarea que desempeñan solo dos personas de Dilave con la ayuda de los agricultores, en algunos casos– es el primer paso para evitar lo que en todo el mundo ven como una posible catástrofe.

En esto trabajan los investigadores nacionales, a la vez que estudian cómo producir un probiótico para fortalecer la salud de las abejas. Se trata de una suerte de “complemento” hecho a partir de las bacterias del intestino del propio insecto.

Así, también desde Uruguay, la ciencia intenta poner freno a una extinción que podría costar muy caro, no solo a quienes cosechan la tierra, sino a toda la humanidad.

 


De importación


Las abejas no son originarias de Uruguay: se introdujeron desde Europa hace dos siglos. En 1956 se importaron abejas africanas desde Brasil, en busca de un organismo adaptable a las condiciones de ambiente brasileñas. Fue entonces que comenzó la “africanización” de las abejas uruguayas, que hoy son un híbrido. Según explicó la investigadora del IIBCE Belén Branchiccela, 80,6% de las abejas están africanizadas.


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