Uruguay experimentó un sismo y se registró gracias a un precario detector en Durazno

Los investigadores pudieron confirmar que los patrones graficados por el aparato el 16 de setiembre a las 19:54 horas correspondían con el terremoto que hubo en Chile
Para la geóloga y geofísica de la Facultad de Ciencias, Leda Sánchez, el sismómetro ubicado en Sarandí del Yí es un proyecto familiar. Trabaja en él con su esposo, el ingeniero Enrique Latorres, y no solo han invertido su tiempo y dinero en él, sino que además le han dedicado varios días y horas de viaje hacia Durazno. Han tenido que construir, cavar y sellar el espacio en que está enterrado el dispositivo y, si sintieran algún tipo de cariño o sensación de pertenencia con el aparato en cuestión, no sería raro.

Es que para el equipo del instituto, que además está conformado por cuatro estudiantes e investigadores más, conocer más sobre la actividad sísmica del Uruguay se convirtió en una misión para la que están trabajando desde hace algunos años.

Este domingo, Sánchez, Latorres y el estudiante de la Facultad de Ciencias Hernán Castro viajaron al cuartel Paso del Rey, para recoger los datos que el sismómetro marcó en los últimos meses y mejorar su instalación.

sismómetro

Los investigadores pudieron confirmar que los patrones graficados por el aparato el 16 de setiembre a las 19:54 horas de Uruguay correspondían con un telesismo, es decir, un terremoto registrado a una distancia de entre 1.000 y 500 kilómetros. "De Chile siempre registramos todos los telesismos de magnitudes de hasta 4,5 y en este caso fue un sismo importante", explicó Sánchez a El Observador.
Por ahora, esto solo quiere decir que el movimiento de tierra llegó hasta Uruguay, algo que los investigadores ya suponían. Lo que todavía no pueden afirmar es si fue perceptible a escala humana, cuánto duró o qué características tuvo, indicó Castro.

De todas formas, el mito de que Uruguay es un país sin actividad sísmica no es correcto. Aunque es verdad que no hay grandes movimientos de tierra, sí hubo varios sismos, como en 1848, 1888, 1971 y 1988. Este último llegó a causar daños materiales. "Si tuviéramos alguna sismicidad como esa que tuvimos en el pasado, podríamos tener comprometidos muchos edificios, sobre todo en Montevideo", apuntó Latorres.

Cuando pase el temblor


Todo comenzó con el terremoto que arrasó con Haití en 2010. "Vas acumulando desastres naturales y pensás: ¿qué pasaría si alguno de estos fenómenos ocurriera en Uruguay? ¿En qué situación estaríamos? ¿Cuál es la capacidad de resiliencia que podemos tener?", dijo Sánchez.

"No tenemos nada, no sabemos nada y no tenemos capacidad de nada", se respondió. Por eso, en 2013 colocaron un sismómetro en Aiguá, que funcionó durante dos años. Lo que hacen estos equipos es medir el movimiento de la tierra en tres ejes, gracias a un mecanismo que luego se traduce en datos concretos que los investigadores analizan con un software especializado. Entender esta información requiere entrenamiento, ya que deben encontrar patrones entre miles de datos.

María Cristina-0131.jpg
Para obtener mejores datos, el sismómetro debe estar enterrado.
Para obtener mejores datos, el sismómetro debe estar enterrado.

El modelo de sismómetro ubicado en Durazno, que fue adquirido con fondos del Programa de Desarrollo de Ciencias Básicas (Pedeciba) y una colaboración de ANCAP, cuesta alrededor de US$ 18 mil, pero hay modelos que pueden llegar a los US$ 40 mil. Se instaló a comienzos de este año, aunque aún no se han analizado los datos que obtuvo porque no se cuenta con personal suficiente. Si bien Castro está recién procesando los datos de 2013, ahora hará una excepción y trabajará en los del último terremoto de Chile por lo apremiante de la noticia.

"No tenemos nada, no sabemos nada y no tenemos capacidad de nada" sostuvo la geóloga Leda Sánchez

Además de recopilar esos datos, este domingo el equipo pudo enterrar el sismómetro bajo tierra para aislarlo y que el ruido del ambiente perturbe menos lo captado. Luego de varios meses sin abrir la pequeña caseta en la que estaba ubicado, los investigadores encontraron que, además del aparato, había también insectos, algo de agua y alguna que otra araña. No obstante, el dispositivo se encontraba en perfectas condiciones.

Aunque este domingo el tiempo no colaboró con la labor del equipo, ni el viento ni la lluvia frenaron su tarea. A pocos minutos de su llegada, los militares del cuartel se encargaron de armar una carpa bajo la cual se pudieron refugiar y proteger el equipamiento eléctrico.

Aprovechando el viaje, le agregaron al sismómetro conexión a internet, fundamental para poder leer los datos de forma remota. "Todo este tipo de trabajo de geofísica se basa mucho en equipamiento de medición sofisticado", explicó Latorres. El aprendizaje va ocurriendo en la marcha, dado que se trata del único aparato del país y que las salidas al campo son los únicos encuentros que tienen con esta tecnología.

En el futuro, se incorporarán dos sismómetros más –provenientes de universidades brasileñas – que se instalarán en Paso de los Toros y Aiguá, y servirán para obtener información más precisa sobre los sismos que ocurren en el país. A su vez, el equipo espera poder obtener tres aparatos más para colocar en otros puntos del país. Esto, cambiará la concepción nacional sobre la geofísica y ayudará a conocer qué hay debajo del suelo, cómo se puede explotar y cuánto eso podría dañarnos en un futuro.

Sismómentro terremoto
La geóloga Leda Sánchez trabajando en la colocación del sismómetro
La geóloga Leda Sánchez trabajando en la colocación del sismómetro


Acerca del autor