Una uruguaya en el Instituto Gurdon

La doctora Florencia Barrios investiga en un área muy similar del Premio Nobel de Medicina y cada tanto juegan al tenis
A los 31 años, la uruguaya Florencia Barrios ha recorrido un camino arduo y extenso en su carrera como científica. En la actualidad forma parte de un equipo de investigación en epigenética en el Instituto Gurdon, de la Universidad de Cambridge, donde también trabaja el flamante Premio Nobel de Medicina, John B. Gurdon.

“Es un lugar muy chico, con un grupo muy selecto de investigadores”, explica Barrios, y agrega que el premio “es una gran satisfacción, que vamos a seguir celebrando, porque es un reconocimiento largamente esperado”.

En cuanto al héroe que da nombre al instituto y pronto deberá visitar Estocolmo, Barrios destaca su capacidad de trabajo y su humildad: “Se lo encuentra todo el fin de semana trabajando a cualquier hora y tiene la gran capacidad de hacernos creer que es uno más entre todos los comunes mortales”.
El lunes, después que (Gurdon) recibió ‘La Llamada’, no dijo nada por un buen rato (...). Pero, a pesar de su silencio, la reunión se tuvo que interrumpir porque la noticia salió en la prensa y mucha gente todavía no sabía si él mismo sabría, visto que todo era como siempre", contó Barrios

Barrios lo ilustra con una anécdota Nobel: “El lunes, después que recibió ‘La Llamada’, no dijo nada por un buen rato, porque era el momento de su habitual reunión de grupo y eso era más importante que cualquier cosa. Pero, a pesar de su silencio, la reunión se tuvo que interrumpir porque la noticia salió en la prensa y mucha gente todavía no sabía si él mismo sabría, visto que todo era como siempre. El instituto todo (o sea el instituto que él junto a otros fundaron y los otros decidieron que tenía que llevar su nombre) festejó al unísono en el momento y también después”.

Carrera


A Barrios no le tiembla la raqueta cuando debe enfrentarse a Gurdon en la cancha de tenis, aunque todavía no se ha medido con él desde que ganara el Nobel.

De todas maneras está claro que la uruguaya no anda por esas canchas de casualidad. Una vez que obtuvo la licenciatura en bioquímica de la Universidad de la República con una tesis sobre la reproducción de la corvina y el esturión, fue becada para trabajar en la Facultad de Medicina de Roma, donde cambió peces por ratones y obtuvo el título de doctora en reproducción y desarrollo.

“Me centralicé en el estudio de las células primordiales germinales, o sea, las células que durante el desarrollo fetal son precursoras de óvulos y espermatozoides. Este es también mi principal tema de investigación desde que, hace dos años, llegué al Gurdon Institute becada con una Newton International Fellowship de la Royal Society”.
El propio Gurdon decía: 'A veces los experimentos no funcionan y uno se pregunta qué está haciendo acá'. Pero a veces funcionan y uno sabe que podría ganarlo”, dijo Barrios

Barrios trabaja en el grupo del profesor Azim Surani, quien descubrió la existencia de la epigenética y cómo el genoma paterno y materno contribuyen de distinto modo al desarrollo embrionario.

“Usamos principalmente el embrión de ratón como modelo de estudio pero también las células madres. Y una de las cosas que estamos tratando de entender es cómo es que los precursores de los óvulos y de los espermatozoides se generan en los estadios más tempranos del desarrollo”, explica la científica.

Para Barrios este premio es algo especial: “Es un reconocimiento a un aporte fundamental para la humanidad entera”, afirma. Y el hecho de que haya recaído en la casa de estudios donde ella misma investiga, también tiene valor: “Se te pone la piel de gallina. El propio Gurdon decía: 'A veces los experimentos no funcionan y uno se pregunta qué está haciendo acá'. Pero a veces funcionan y uno sabe que podría ganarlo”.

 


Dónate a ti mismo


Los descubrimientos llevados a cabo por el investigador John B. Gurdon y Shinya Yamanaka son un impulso gigantesco para el desarrollo de la medicina regenerativa, lo que podría culminar en el “autotransplante”, el reemplazo de un órgano sin necesidad de donante.

John Gurdon descubrió que si sustituye el núcleo de un óvulo por el núcleo de una célula somática (una célula del cuerpo que no es ni un óvulo ni un espermatozoide) este nuevo núcleo se puede comportar como el núcleo de un óvulo volviendo al estado más virginal del desarrollo. Gurdon llamó a este proceso “reprogramación”.

Este hallazgo fue aplicado por Yamanaka para, mediante ingeniería genética, “reprogramar” una celula en modo tal que luego se pueda dirigir su diferenciación hacia cualquier otro tipo de célula que sea necesario.

De esta forma, se podría lograr la creación de un órgano a partir de células de otros tejidos de la misma persona y entonces evitar el rechazo del sistema inmunológico al nuevo órgano, ya que éste no sería extraño.


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