Una parada en la noche

Ante la decadencia de los cibercafés, surge el Autódromo Virtual, una manera distinta para que los gamers recuperen el gusto de jugar en la red
Es jueves de noche, no más de las 22 horas, pero parece de madrugada. Poca gente camina por 18 de Julio y la propia avenida no invita a pasear. Más de la mitad de su alumbrado público está quemado o fuera de servicio. Lugares que históricamente fueron concurridos cibercafés son hoy otra cosa o están cerrados.

Un sereno de galería, chileno para más datos, señala dos ciber que cree están abiertos. El primero, en Colonia y Yí, tiene docena y media de máquinas y tres clientes. Ahí me cuentan que ya no hay mucho juego en red, que ellos viven de las llamadas internacionales.

La segunda parada es el legendario Ciber Chino, en 18 y Ejido, que supo tener más de 60 máquinas funcionando al unísono y una sucursal sobre Tacuarembó. Hoy, la mitad del local está cubierta por cajas de cartón y el abandono te golpea en la cara como una cachetada. Gustavo, un cliente, dice que vienen gurises a jugar (World of Warcraft, confirma el encargado) pero no son más de seis y se van temprano.

Este ciber ha tenido varios ingresos de la Policía en busca de sospechosos y trata de cerrar temprano. Lejos está de aquel lugar dónde se escuchaban gritos como "¡Cuidado con Elvis66!" o "Uh, ¡Me mató"! Y la sucursal en Tacuarembó está cerrada a cal y canto.

En otro local de Colonia cuentan que muchos de sus clientes no son jugadores sino personas que pagan un abono para pasar la noche, porque es más barato que irse a una pensión. Dejan un bolso con su cepillo de dientes en el mostrador a la entrada y dormitan sobre las computadoras.

Un oasis

Pero en plena 18 de Julio me cruzo con un amigo y al contarle de esta crónica infructuosa me dice "¿por qué no sumás el autódromo virtual de La Paz y Arenal Grande?". Descubrir ese pulcro espacio fue como haberme mudado de país. Espacioso, limpio, agradable por dónde se lo mire, tiene un clima que no se combina con nada de lo visto esta noche.

Unas 20 máquinas, ordenadas con espacio y sin amontonarse, cuentan todas con su volante y asientos que emulan a los de un automóvil de carrera. Es pasada la medianoche pero el local está concurrido, aún sin estar abarrotado. Llama la atención los potentes automóviles estacionados afuera. Un cliente bromea:
"Cuando salimos de acá, seguimos con las picadas".

Gonzalo Plavan, uno de los encargados de este emprendimiento, cuenta cómo surgió el autódromo: "Era notorio que en Uruguay no había nada para los que no pueden costearse correr. (...) Era evidente que llenaría un hueco en el entretenimiento de los fierreros uruguayos".

La casa central de Autódromo Virtual se ubica en Villa Urquiza, provincia de Buenos Aires, Argentina. Ellos cuentan con más de 12 sucursales. Sumada la de Montevideo, es la mayor red de locales de simuladores en el mundo, "lo que le permite a nuestros clientes competir en red con más de 30 pilotos virtuales simultáneamente", dice Plavan. Si bien el público de esta noche oscila entre los 20 y los 35, asegura que no es la norma.

autodromo virtual

"El público que frecuenta el local es increíblemente variado: desde los 16 años hasta los 80, tanto pilotos y celebridades del automovilismo como también personas con poco o nulo conocimiento sobre autos de carrera y manejo deportivo. Todos logran convivir sin problema en un ambiente relajado y de buena onda".
Ante mi inútil búsqueda anterior, le pregunto por qué piensa que su emprendimiento funciona frente a los abandonados cibercafés. "Creo que la gran diferencia es el software bajo licencia", afirma. La firma tiene en venta franquicias de Autódromo Virtual para extender la red hacia todo el país.

Pero, ¿por qué no quedarse en casa y ser corredor online desde ahi? ¿Cúal sería la diferencia?
Para empezar, el equipamiento, el cual es bastante costoso. Luego la experiencia social. Se puede jugar en red hasta con ocho máquinas en el mismo salón y la oportunidad de participar en diversos campeonatos.

La noche había comenzado con mal pie. Desolada. Pero el Autódromo Virtual resultó ser una parada interesantísma para fierreros o gamers que ya no encuentran nutridos juegos en red. No es el Counter Strike o el World of Warcraft, pero si uno tiene la cintura como para reinventarse, es seguro que lo va a pasar muy bien.

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Rodolfo Santullo