Un uruguayo en el espacio

En órbita desde el 19 de junio, el primer satélite de desarrollo y fabricación nacional marca un mojón en la historia del país. Así evalúan sus protagonistas las primeras semanas del Antel-SAT


En este momento, un satélite de 10 x 10 x 20 centímetros gira alrededor de la Tierra a casi 30 mil kilómetros por hora. Cada un minuto, envía señales de radio para avisar a los humanos cómo está de salud: si sus baterías se encuentran cargadas o no, si algún módulo está andando mal, entre otras cosas. Cuando le da el Sol, soporta 80°C, y a la sombra resiste una temperatura de -20°C. En unos 100 minutos da la vuelta al mundo, aunque en ese recorrido solo pasa dos o tres veces sobre su casa, Uruguay.

El Antel-SAT es el primer satélite uruguayo. El 19 de junio fue lanzado al espacio desde una base rusa, a bordo de un cohete que llevaba consigo un total de 37 satélites de 17 naciones. Fue el primer viaje al espacio para Uruguay, que no ha lanzado personas pero ahora tiene un representante celeste en el cosmos.

El proyecto, cuyo diseño, desarrollo y fabricación costó US$ 695 mil, fue llevado a cabo por un equipo de cerca de 60 personas que incluyó técnicos, ingenieros y físicos de Antel, Facultad de Ingeniería (Fing) y de la Escuela de Diseño de Facultad de Arquitectura, ambas instituciones de la Universidad de la República (Udelar). Durante más de un año, los investigadores trabajaron en la construcción de las diferentes partes y funcionamiento del satélite experimental de tipo CubeSat. Casi la totalidad de las materias primas eran de origen nacional, al igual que los programas desarrollados para que el Antel-SAT cobrara vida.

“Nos dio mucho trabajo, porque en algunos aspectos es mucho más difícil trabajar en equipo”, dijo a Cromo la presidenta de Antel, Carolina Cosse. “Pero los resultados son siempre mejores”, agregó la ingeniera, convencida de que el proyecto significó “un cambio de categoría” para Antel. Es que, con este proyecto, el ente público realizó una actividad de investigación junto con la academia. Ya no solo actuó para financiar el proyecto, sino que participó activamente de él. Para Cosse, “el mayor éxito es haberlo hecho”.

El ingeniero Juan Pechiar, quien lideró el proyecto desde Fing, coincidió en que esta “forma innovadora” de trabajar junto con una empresa es un aspecto a destacar. Por otra parte, destacó “la tonelada de cosas que se aprendieron” en el transcurso del proyecto, para el cual se optó “por el camino lento: hacer todo lo posible acá”, dijo.

En definitiva, el conocimiento generado quedó en el país, al igual que la capacidad de armar algo que jamás se habían creado en Uruguay. Eso es “más que un buen resultado”, sostuvo el ingeniero, quien destacó que así el país ingresó “al club de los que lanzaron objetos al espacio”.

Imágenes


Por un lado, están esos objetivos cumplidos y, por otro, las aplicaciones más prácticas del satélite. Lo cierto es que el Antel-SAT no fue desarrollado para sacar fotos desde el espacio. Sin embargo, las imágenes no dejan de ser algo tangible, de la que los uruguayos podrán adueñarse por tener su propia cámara en el cielo.

Según contó Pechiar, esperan recibir las primeras fotos en baja resolución “en los próximos días”. Pero, por ahora, las cámaras del Antel-SAT permanecen apagadas. De hecho, el satélite tampoco está orientado todavía con las antenas hacia la Tierra.

Consciente de “la ansiedad de todo el mundo” por ver las primeras fotos de Uruguay sacadas desde un satélite propio, Pechiar explicó que no pueden apurar el proceso. Cuando el objeto “nace” en el espacio, solo tiene activadas las funciones mínimas, como el envío de balizas. Estas permiten descargar la telemetría del satélite, es decir, los datos de cómo se encuentra.

El ingeniero contó que ahora están probando los diferentes módulos del Antel-SAT y habilitándolos a medida que comprueban que no tienen fallas. Si los activaran sin probarlos y están rotos, podrían provocar un cortocircuito que acabe con el satélite, dijo. “No es tan fácil como mandar un SMS”, aclaró Pechiar, quien dijo que es necesario “aprender el comportamiento exacto del satélite”.

Además, el ambiente espacial es “muy violento”, recordó. No solo debido a las temperaturas extremas, sino a la radiación cósmica, que podría afectar todo el software del satélite.

Aun así, el Antel-SAT está preparado, con un doble de seguridad para cada función. Tiene dos receptores, dos transmisores, cuatro baterías e incluso tres juegos de paneles solares, entre otras partes. Para Cosse, esta es una “paranoia sana” que implica “un antecedente en la forma de pensar”.

Aplicaciones


Cuando comience a enviar fotos, estas se podrán aplicar sobre todo al agro. Por ejemplo, al combinar la cámara de color con la infrarroja se puede conocer el índice verde de los cultivos, que indican el nivel de hidratación. Esto permite saber cuán saludables están e incluso ayudar a prevenir un incendio.

En el ámbito de la meteorología, las cámaras también permitirán ver y caracterizar tormentas, ciclones tropicales, nubosidad, lluvias y medir la humedad.

Según Cosse, el plan es que estas imágenes estén disponibles de forma libre “en unos meses, si todo sale bien”, para que las instituciones educativas las utilicen en diferentes proyectos. En tanto, otro grupo espera con ansias las imágenes del Antel-SAT: los radioaficionados.

Hablar con el Antel-SAT


No hace falta ser el fabricante o financiar un satélite para comunicarse con él. Tampoco hay que ser un experto ingeniero. Basta con que el satélite utilice una frecuencia de radio asignada al servicio de radioaficionados para que estos, que superan los tres millones en todo el mundo, puedan tener línea directa con el objeto espacial.

Estas frecuencias son públicas, internacionales y gratuitas, y permiten a los radioaficionados descargar la telemetría del satélite, utilizarlo como un repetidor de un paquete de datos (por ejemplo, seguir la ubicación de un objeto en la Tierra, o enviar un mensaje a estaciones de otras partes del mundo), e incluso darle instrucciones a distancia.

Todo esto explica la emoción de los radioaficionados uruguayos “sateliteros”, que desde hace años se comunican con satélites pero que por primera vez pueden seguir uno de origen nacional (ver video). Por el momento, su actividad se restringe a descargar la telemetría del Antel-SAT, la cual reenvían a los ingenieros de Fing y Antel, aunque estos también pueden descargarla desde sus respectivas estaciones terrenas.

El Antel-SAT emite dos balizas cada un minuto. Estas suenan como ruido electrónico, algo sin sentido alguno para el oído humano. Su “música” es similar al que se escuchaba hace unos años cuando se descolgaba el teléfono estando conectado a ADSL.

En concreto, el satélite uruguayo transmite en telegrafía y en modo de datos. En el primer caso, si el radioaficionado conoce código morse, le basta con escuchar y anotar. Sin embargo, en los dos casos necesita decodificar el mensaje para entender lo que el satélite está diciendo. Para eso, se necesita conocer el código propio del Antel-SAT, creado por la Fing.

Los radioaficionados ya usan un programa desarrollado por El Radio Club Uruguayo (RCU) para “traducir” el ruido inteligible en “lenguaje real”, explicó Carlos Martínez, que desde hace cuatro años es radioaficionado de la entidad que nuclea a unos 200 socios en Montevideo. Se trata de un software donde solo hay que insertar el código recibido. De forma automática, se completan todos los campos, como “Promedio de voltaje de la batería”.

No solo los uruguayos pueden descargar la telemetría del Antel-SAT, sino cualquier radioaficionado en el mundo. Aquí radica la ventaja principal de utilizar las frecuencias de radio libres: con otras personas bajando el reporte del satélite, Fing y Antel pueden conocer el estado de su creación todo el tiempo, no importa sobre qué país esté orbitando, dijo Martínez. Además, el Antel-SAT no tiene fines comerciales sino experimentales, por lo que tenía más sentido utilizar una frecuencia pública, agregó.

Eventualmente, Fing habilitará dos servicios públicos del Antel-SAT, que permitirán a los radioaficionados dar órdenes (telecomandos) al satélite. Por ejemplo, podrán ordenarle que saque una foto a color y se las envíe. También se habilitará la función repetidora del satélite, que le permite “escuchar” los paquetes de datos enviados desde la Tierra, retransmitirlos y luego enviarlos a una estación terrena, que también lo escucha y lo sube automáticamente a internet. El mensaje puede ser en forma de texto, foto, video o telegrafía.

Cómo entender a un satélite


Desde la estación de radio, en un pequeño cuarto de su casa en Montevideo, Horacio Rasetti mira en una pantalla el recorrido del Antel-SAT. Hace más de 20 años que es radioaficionado y también sigue satélites.

Para bajar la telemetría, además del tracking satelital (hay varios online y gratuitos), se precisa una antena. Rasetti construye las suyas con aluminio y las muestra orgulloso, mientras cuenta que con una de ellas se comunicó dos veces con la Estación Espacial Internacional (EEI) y con la sonda espacial enviada a Júpiter, Juno.

Finalmente, se necesita equipo de radio que tenga banda VHF o UHF. Este tiene que estar conectado a un TNC, un pequeño aparato que “convierte las señales del satélite en legibles para la PC”. No se necesitan equipos caros para ser radioaficionado: con uno de US$ 100 alcanza, aclaró Martínez.

Quien puede comunicarse con satélites es, según Martínez, “cualquier radioaficionado habilitado por la Unidad Reguladora de los Servicios en Comunicaciones” (Ursec), para lo cual se rinde un examen gratuito en RCU. De hecho, los propios ingenieros de Fing debieron dar el examen. Las frecuencias usadas por Antel-SAT fueron otorgadas por Ursec y, por eso, el indicativo es de radioaficionados: “CX1SAT”.

“Al contrario de lo que muchos piensan, la radioafición acompaña los cambios tecnológicos. Antel-SAT es una prueba de ello”, dijo Martínez.

Futuro


“Ahora, el gran desafío es que no nos podemos dormir”, dijo la presidenta de Antel. Cosse aseguró que se va a seguir por el camino de investigación inaugurado con este proyecto exitoso, dentro de una nueva área de Antel que, por ahora, tiene “agenda abierta”.

En un futuro, esto permitiría al ente enviar al espacio su propio satélite de telecomunicaciones, por ejemplo, aunque eso “todavía no está en agenda”, aclaró Cosse. “Lo que aprendí es que no tenemos que ponernos ningún límite en el marco de un camino”, dijo.

La presidenta agregó que con el proyecto Antel-SAT se aprendieron otras cosas, como el manejo de energía y telecomunicaciones. “Creo que los uruguayos nos hemos demostrado que lo que debemos tener es el foco y sumar entre nosotros mismos”, sostuvo.

Por su parte, Pechiar dijo que no sabe cuál será la vida útil del Antel-SAT, pero espera “que dé su último suspiro dentro de mucho tiempo”.

 


El satélite nacional


 

650 kilómetros es la altura aproximada a la que orbita el Antel-SAT.

Cámaras. El sátelite cuenta con dos cámaras, una que saca fotos a color y otra infrarroja. Estas tomarán imágenes a partir de telecomandos desde la Tierra y serán enviadas a las estaciones terrenas.

Baterías. Las baterías del Antel-SAT se cargan a partir de energía solar, recogida a través de paneles adheridos a sus caras. El nivel de energía se conoce cuando se baja la telemetría.

Radioaficionados. Cuando Fing habilite los módulos del satélite dedicados a los radioaficionados, estos podrán no solo descargar telemetría sino darle una orden al Antel-SAT, como sacar una foto y enviarla a la Tierra.


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