Un inventor curioso

Con 13 años, Said Anoni, oriundo de Chuy, desarrolló una app de mensajería tras buscar cómo hacerlo en internet, arma robots y fabrica dispositivos para resolver contratiempos domésticos
"Toke es una aplicación de mensajería a través de internet. Pueden enviar y recibir mensajes (de texto), mensajes de voz, fotos y videos, archivos y tu ubicación. Sin costo. Chat grupal. Sin señas. Multimedia. Rápida y segura y mucho más". Esa es la descripción de una app que podría ser una más en la Play Store de Google. Su particularidad es quién la desarrolló: un chico uruguayo de 13 años llamado Said Anoni.

"Busqué en internet (cómo programarla). De curioso que soy", dijo a Cromo el alumno de 2º año del liceo del Chuy, con mucha vergüenza.

Su primera computadora fue la ceibalita que recibió en la escuela, pero recién este año se interesó por la programación de software. Hasta ahora, nunca asistió a una clase de computación.

La creación de Toke, disponible para Android, le llevó un mes. Hoy ha reemplazado a WhatsApp en los teléfonos de su familia, amigos y de algún profesor del liceo; también tuvo descargas del exterior. Su madre, Rocío Lima, comentó que, al verlo tan "ensimismado" en el celular, se preocupó que ese nuevo pasatiempo afectara sus estudios. "Estaba enojada porque no rendía bien", expresó.

05cr03toke 1col.jpg

¿Y cómo surgió la idea? Por un robot. Uno construido por Said. Hace dos años sus padres le compraron un kit de robótica. Fue un ejercicio fácil pero, según relató Rocío, "le interesó cómo respondía a los estímulos". Así que, hecho el comprado, armó los propios. Y de leer sobre comunicación entre humanos, sistemas y robots nació Toke para hablar con la familia. Ahora trabaja en la app para que esté disponible para iOS. Y aunque recibe ofertas para incluirle publicidad y su madre le insiste en que acepte, muy orondo le contesta: "¿A mí acaso me importa el dinero?".

Experimentos caseros

Said ha fabricado otras cosas. "Es un inventor curioso", lo definió su madre. Un cargador para celulares que funciona a energía solar, otro que se carga al andar en bicicleta y un revolvedor automático de café son algunos de los proyectos que pasaron a formar parte de los electrodomésticos de su casa. Eso sí, estos resultaron ser más exitosos que una "bomba" de bicarbonato de sodio y vinagre. La reacción química entre ambos es ideal para simular un volcán; el problema fue que "explotó" en una muestra de ciencia en la escuela (organizada especialmente para él).

A Rocío no la sorprendió. A los 6 años, Said desarmó en el living la bicicleta que le regalaron para Navidad para ver cómo funcionaban los pedales, la cadena y todas las manivelas. De ahí siguió desarmando y juntando tornillos, tuercas, cables y alambres. ¿Futuro ingeniero? Said dice que no; pero tampoco dice lo contrario. "Es difícil vivir en el Chuy y tenerlo con esa curiosidad y expectativas, pero no tenemos hacia dónde dirigirlo", lamentó su madre. En el liceo no se ha formado un club de ciencia ante el desinterés del resto de los alumnos ni hay una amplia oferta educativa para que Said concurra a clases. Ha tratado sin éxito de encontrar un compinche para construir un robot más avanzado y participar de instancias de intercambio de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República u otras organizaciones.

05cr03tokeb 1col.png