Un emisario del Ártico en Uruguay

Piita Irniq, integrante de la etnia inuit, llegó invitado por la Embajada de Canadá para los festejos de su Día Nacional. Esta es su historia


Esquimal significa “comedor de carne cruda” y es un epíteto despectivo para referirse a las etnias que habitan el Ártico, especialmente en América del Norte. Piita Irniq dice que él no tiene problemas con ser llamado de esa manera: “Comedores de carne cruda es lo que somos”, establece.

Irniq se refiere a su etnia, los inuit, que en su lengua significa “gente”. Habitan el norte de lo que hoy es Canadá desde hace unos cuantos miles de años. La vida es difícil en esas latitudes, pero no tan complicada como en los países cálidos del resto del mundo. Irniq, de manga corta, en un gélido salón del Museo de Arte Precolombino e Indígena (MAPI), apunta, filosóficamente: “El frío es parte de la vida”. A su lado, la embajadora de Canadá en Uruguay, Claire Poulin, enfundada en un tapado negro, asiente con una sonrisa.

No es habitual que un esquimal llegue tan al sur. Irniq fue invitado por la Embajada de Canadá en el marco de la celebración de su Día Nacional, por lo cual se realizará una recepción hoy a las 12.30 horas en el MAPI, cuando se inaugurará el Inuksuk realizado por Irniq en Montevideo, una escultura de piedras antropomórfica, como un inuit dando la bienvenida a las tierras frías.
Nos pasamos del iglú al microondas”, ilustra Piita Irniq

La pieza será parte de la exposición “Canadá autóctono” que exhibe en el MAPI a partir de hoy y hasta fines de agosto, en la que también hay 14 esculturas hechas en una piedra muy maleable, además de una colección de fotografías, cuadros, tótems, pequeños objetos y documentales sobre la vida en el norte de Canadá.

Piita Taqtu Irniq nació en un iglú en 1947, en una zona cercana al poblado de Repulse Bay, cerca del extremo noroeste de Canadá. Eran tiempos más ásperos en la relación con la etnia caucásica dominante. Para ir a la escuela debió abandonar su comunidad, su cultura, su idioma. La comunidad donde vivió su infancia tenía “entre 50 y 80 habitantes” y ahora “somos más de mil”.

Irniq proviene de una familia de artistas, que eran quienes creaban los inuksuk (representación de una persona) que no solo era vanidad autoral, sino que indicaban el camino a viajeros y cazadores, señalaban el peligro y desviaban a las presas, los caribúes (ciervos).

Con el tiempo, los inuksuk se convirtieron en símbolo de colaboración, cooperación, amistad y hospitalidad.

Irniq vivió casi toda su vida en la región Kivalliq, en la nación Nunavut. Se desempeñó como segundo comisionado de Nunavut entre 2000 y 2005 y ocupó varios cargos políticos y de gestión cultural en la zona noroeste de Canadá. Es el guardián del lenguaje y la cultura tradicional inuit y es miembro del consejo de administración de la fundación canadiense de relaciones raciales.

Vientos de primavera


La vida cambió radicalmente para los inuit en pocas décadas. “Nos pasamos del iglú al microondas”, ilustra Irniq, aunque aclara que todavía comen carne cruda. También siguen cazando y pescando y usando las pieles de los animales para abrigarse, según Irniq.

Cambiaron muchos de los instrumentos. Ahora tienen motos de nieve, “pero seguimos arrastrando las piezas de caza como siempre”, matiza Irniq. También “estamos conectados por infinidad de cables” y “hay mucha tecnología de punta”.

Sin embargo, el cambio fundamental es el de la relación con la etnia dominante, la del hombre blanco que fundó Canadá. Esa es buena parte de la razón por la cual Irniq no solo es embajador de su etnia y su cultura, sino que también de la cultura de Canadá en su conjunto, de esa costumbre de convivir lo más armoniosamente posible que tienen esos norteamericanos.
Estamos orgullosos de ser inuits y estamos orgullosos de ser canadienses”, afirma Irniq

Los inuit ya no deben abandonar a su familia y a la comunidad para ir a la escuela. Tampoco deben resignar su idioma. El gobierno central subsidia a la comunidad como subsidia a tantas otras. Hay un Parlamento autóctono, que se jacta de que cuatro de sus miembros “no son inuits”. En la región se reconocen cuatro idiomas oficiales: inglés, francés y dos idiomas autóctonos.

“El 11 de junio de 2008 el primer ministro de Canadá pidió disculpas oficiales a las etnias autóctonas del país, en nombre del gobierno. A partir de entonces, se trata de mirar hacia adelante”, resume Irniq.

Hay 55 mil inuits en Canadá y unos 155 mil en todo el mundo. La etnia es originaria de Mongolia, a donde Irniq viajó en el marco de su actividad como embajador itinerante.

El esquimal realiza una doble tarea como embajador itinerante y artista, a través del mundo. Ha construido inuksuk en la residencia del embajador de Canadá en París, así como en varias ciudades de México y Estados Unidos. Un inuksuk creado por él da la bienvenida a los pasajeros en el aeropuerto internacional de Ottawa.

El político y artista inuit cree que estos son muy buenos tiempos: “¿Que si las cosas están bien? Están cien por ciento bien”, explica.

Se refiere, entre otras cosas, a que la expectativa de vida de un inuit es de 71 años para las mujeres y 69, para los hombres, una extensión de un cuarto de siglo en 50 años de historia. “Estamos orgullosos de ser inuits y estamos orgullosos de ser canadienses”.

Hoy es día de fiesta.

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