Tras rastros de vida marciana

La sonda espacial Curiosity aterrizó con éxito en Marte, cuyo video ya se puede ver. Su misión es buscar pruebas químicas de la existencia de organismos o de condiciones para poder albergarlos


"Una vez fue un pequeño paso... ahora son seis grandes ruedas”, tuiteó la cuenta oficial de la sonda espacial Curiosity el lunes a las 3 de la madrugada, una hora después de haber aterrizado sin un rasguño en Marte.

El parafraseo de la famosa frase del astronauta Neil Armstrong en la primera misión tripulada que aterrizó en la Luna puede sonar exagerada, pero para la NASA no lo es. En tiempos de crisis, el fracaso de una misión de US$ 2.500 millones podía significar el final de la era de exploración marciana en particular y una nueva reducción del presupuesto para la investigación espacial en general.

Sin embargo, después de los llamados “7 minutos de terror”, tiempo en el cual el Curiosity debía pasar de 20.920 kilómetros por hora a la inamovilidad total con la ayuda de un paracaídas, un escudo térmico y cohetes, la tensión se convirtió en alegría en la NASA.

Los gritos y aplausos no solo celebraban la exitosa maniobra, sino también el resurgimiento de la agencia espacial estadounidense, tras décadas sin grandes eventos simbólicos. Junto con la NASA, además, vuelven a cobrar importancia la astronomía y otras ciencias asociadas, como la ingeniería, física, química y biología. Y vuelve el sueño de los niños de volverse astronautas cuando sean grandes.

En busca de vida


Luego de casi 8 meses de viaje, el laboratorio espacial de una tonelada de peso podrá explorar el planeta rojo en busca de pruebas químicas de vida marciana. Lejos de los seres cadavéricos de prominentes cabezas imaginados por Tim Burton en Mars Attacks!, lo que espera encontrar el Curiosity son los compuestos basados en carbono que permiten la vida.

A grandes rasgos, el objetivo es el mismo que habían tenido las naves Viking 1 y 2 cuando partieron rumbo a Marte hace 37 años. La diferencia es que ahora está confirmado que el planeta rojo tuvo agua e, incluso, estudios recientes indican que todavía podría conservar reservas en capas subterráneas.

De hecho, en el cráter Gale, lugar donde Curiosity se posó el lunes de madrugada, hay cierta humedad. Desde allí partirá rumbo al Monte Sharp, una formación de 5 kilómetros de altura que está integrada por “una sucesión de capas sedimentarias, donde cada una corresponde a un momento de la historia del planeta y pueden guardar un registro geológico, paleontológico o biológico de vida en Marte”, explicó la astrónoma Andrea Sánchez.

La investigadora de Facultad de Ciencias de la Universidad de la República siguió las horas previas al “amartizaje” en vivo por internet vía streaming. “Los ‘7 minutos de terror’ de verdad que lo fueron, se vivieron con esa incertidumbre de lo que podía pasar”, contó.
Los ‘7 minutos de terror’ de verdad que lo fueron, se vivieron con esa incertidumbre de lo que podía pasar”, dijo la astrónoma uruguaya Andrea Sánchez

La NASA debió innovar en el mecanismo de descenso del Curiosity debido al elevado peso del robot, que transporta desde una cámara fotográfica de 2 megapíxeles hasta un láser que puede abrir agujeros en rocas desde una distancia de más de 7 metros.

Para calmar los justificados nervios del aterrizaje (contando al Curiosity, solo 15 de las 41 misiones enviadas a Marte por diferentes países fueron exitosas), en la sede de la NASA los presentes comieron maníes, “una tradición de buena suerte desde el Ranger 7, en 1964”, tuiteó @MarsCuriosity.

Por lo pronto, para el también astrónomo de la Facultad de Ciencias Tabaré Gallardo, lo más interesante de esta misión fue demostrar que esta tecnología de aterrizaje funciona. Lejos del entusiasmo de Sánchez, Gallardo dijo que el Curiosity por ahora no aportó más datos de los que ya brindaron misiones anteriores que se posaron en el planeta o lo orbitaron.

El astrónomo se informó sobre la llegada de la sonda de la NASA recién por la mañana, ya que este proyecto “no tiene aquellas expectativas que generaban las misiones a la Luna y a los distintos planetas”, opinó.

Sin joystick


El Curiosity no tiene lo que formalmente se considera “inteligencia artificial”, pero puede reunir información y tomar decisiones de forma autónoma.

Es que entre Marte y la Tierra, la información demora 14 minutos en viajar, por lo que es imposible manejar la sonda a control remoto.

“El Curiosity tiene una agenda de trabajo muy estricta”, contó Sánchez, aunque aclaró que “si algo llama la atención, desde la Tierra se puede reprogramar”.

Entre las múltiples innovaciones que tiene la sonda está su brazo robótico de 7 metros de largo con un taladro eléctrico en el extremo, el cual puede perforar tanto rocas como la superficie del planeta. Al igual que un científico en un laboratorio, puede transferir el polvo del suelo hasta su mesa de trabajo a bordo para desentrañar los minerales y buscar elementos orgánicos que den indicios de la vida.

Para Sánchez, de tener éxito, esta misión “habilita a pensar en otras que retornen con las muestras para ser procesadas en la Tierra”. El Curiosity es también la base de la motivación de los próximos viajes tripulados.

Rumbo a 2030


“Marte es emblemático porque, sin contar a la Tierra, es el único planeta del Sistema Solar que pudo haber albergado vida”, dijo Sánchez.

Por eso, el “análogo de (John Fitzgerald) Kennedy”, como le llamó la astrónoma a Barack Obama, ya anunció una misión tripulada al planeta rojo para 2030. Lejos de un número azaroso con miras a las próximas elecciones, esta fecha es la consecuencia de años de investigación.

Entre las múltiples líneas de trabajo que tiene la NASA para esta ambiciosa misión está la de crear un menú para los dos años y medio que pasarán los astronautas en el espacio. Por lo pronto, ya se sabe que comerán pizza vegetariana.
 Hace un tiempo, la NASA tiró la idea de hacer un viaje sin retorno a Marte y, en pocos minutos, la lista de candidatos que cumplían con los requisitos de formación y salud mental y física se saturó”, contó Sánchez

Es por ello que el Curiosity ha estado haciendo experimentos y ha rastreado la radiación durante el viaje a Marte. Los datos deberían ayudar a la NASA a evaluar el riesgo de radiación para los futuros astronautas que viajen largas distancias.

Aun con este riesgo, “hace un tiempo, la NASA tiró la idea de hacer un viaje sin retorno a Marte y, en pocos minutos, la lista de candidatos que cumplían con los requisitos de formación y salud mental y física se saturó”, contó Sánchez.

La idea actual es reunir una misión con seis astronautas, que pasen 18 meses en suelo marciano (además de los seis meses de ida y seis de vuelta) y luego sean relevados por otro equipo, detalló la astrónoma.

Para esta oportunidad, los astronautas deberán pensar una nueva manera de parafrasear a Armstrong.

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