¿Tiene usted parientes en Marte?

Dos estudios muestran que el planeta rojo estaba mucho mejor dotado para generar vida que la Tierra. La riqueza en fosfatos y su clima desértico pudieron originar formas de vida que después llegaron a bordo de meteoritos
Pocas semanas antes de morir, el padre de la teoría de la evolución, Charles Darwin, confesaba: “He dejado sin sondear la cuestión del origen de la vida porque con nuestros conocimientos actuales es totalmente ultra vires (más allá de nuestros poderes)” . El naturalista británico, como cualquier otro científico vivo en aquel momento, no tenía ni una prueba palpable de cómo en un planeta hostil e inerte como era la Tierra primitiva pudo surgir la primera chispa de la vida. Hoy, casi siglo y medio después, estamos igual de perdidos al respecto, si bien la cuestión sobre la vida en la Tierra se ha desplazado mucho, concretamente 56 millones de kilómetros. Esa es la distancia mínima entre la Tierra y Marte, donde algunos expertos creen que surgió la vida por primera vez para después llegar a la Tierra a bordo de un meteorito.

Si Darwin se hubiera atrevido a decir que había vida en Marte probablemente no hubiera causado mucho revuelo. Tan solo unos años después de su muerte, en 1882, el estadounidense Percival Lowell proclamó que Marte estaba cubierto de canales hechos por criaturas inteligentes. Los canales de Lowell eran una fantasía, claro, pero no la posibilidad de que Marte, ese desierto frío, seco e inhóspito, fuese alguna vez un lugar más propicio para la vida que la propia Tierra.

El origen de la vida en la Tierra, Marte o cualquier otro sitio, siempre comienza como una receta de cocina. Primero hay que reservar los seis ingredientes básicos: carbono, oxígeno, nitrógeno, hidrógeno, fósforo y azufre. Todas las formas de vida que conocemos necesitan esos seis ingredientes para prosperar. Puede decirse que el carbono es fundamental pues es muy común en el universo y es la base de la química orgánica. Parecida relevancia tienen el oxígeno o el hidrógeno necesarios para formar agua, el líquido del que Darwin pensaba que surgió la vida (la famosa sopa primordial que aún nadie ha conseguido cocinar).
Personalmente creo que la vida surgió en la Tierra, pero para comprender su origen se requiere tener también en cuenta el aporte de material que llegó procedente del espacio, en forma de fases minerales y compuestos orgánicos”, cree el investigador Jesús Martínez-Frías

Ahora, un nuevo estudio pone el acento en el fósforo, y, en concreto, en el fosfato del que la mayoría de seres vivos obtienen este elemento. Sin fósforo no hay vida. Este compuesto estabiliza el ácido desoxirribonucleico, o ADN. Esta molécula capaz de autoreplicarse y que todos los seres vivos llevan en su interior se desmembraría en días al contacto con el agua. El fósforo le da una capacidad de resistencia de “millones de años”, según resalta el equipo de Christopher Adcock, investigador de la Universidad de Nevada, en un estudio publicado el domingo en Nature Geoscience. Adcock acaba de aportar datos importantes sobre cómo superar uno de los grandes obstáculos para la aparición de la vida, el llamado problema del fosfato. En la Tierra primigenia el fosfato era muy poco abundante, lo que teóricamente impediría la formación de moléculas como el ADN o su supuesto predecesor, el ácido ribonucleico o ARN. El ARN es el mensajero que transporta la información del ADN y que permite ejecutar sus órdenes para que los organismos de la Tierra puedan reproducirse, alimentarse, ver un partido de fútbol o sortear durante años la amenaza del cáncer. Una pujante teoría mantiene que fue esta molécula la que dio origen al ADN y después a los primeros seres unicelulares hechos de ADN y una membrana protectora, dos elementos que sin fósforo no podrían durar mucho tiempo.

Por primera vez, el equipo de Adcock ha estudiado cuánto fosfato habría en Marte comparado con la Tierra. Para ello ha comparado la cantidad de este compuesto que se disuelve a partir de los minerales terrestres y marcianos que los contienen. Los resultados indican que la liberación de fosfatos en Marte en zonas de contacto entre agua y minerales era 45 veces superior a la de la Tierra y que su concentración en las masas de agua que alguna vez existieron en el planeta rojo era más del doble que la de la Tierra. En otras palabras, Marte estaba mucho mejor dotado para proveer la espina dorsal de la vida tal y como la conocemos.

“Todos somos marcianos”. Esta es otra forma de resumir los últimos datos sobre el origen de la vida. Su autor es el estadounidense Steven Benner, uno de los mayores expertos en biología sintética. Benner, que trabaja en el Instituto de Ciencia y Tecnología Westheimer, ha descubierto cómo en Marte se pudo superar otro gran obstáculo para la aparición de la vida. Su trabajo, presentado el jueves en la Conferencia de Geoquímica Goldschmidt, en Florencia (Italia), pretende explicar cómo pudo surgir el ARN, el mensajero de la vida.

Ninguna locura


Benner ha demostrado cómo compuestos normalmente nocivos como el boro y el molibdeno son claves para formar ribosa, la R del ARN, si antes han sido oxidados con oxígeno. Este paso, según Benner, requiere la presencia de minerales oxidados, algo que no era posible en la Tierra, pero sí en los desiertos de Marte. Ante los asistentes al congreso, Benner presentó un razonamiento lógico que terminaba concluyendo que, si los desiertos con minerales oxidados no existían en la Tierra temprana, entonces todos somos marcianos.

Las voces discordantes no han tardado en surgir, pero muy pocas han tachado a Benner de loco o desterrado su hipótesis por descabellada. Su gran baza es que hace unos 3.000 millones de años, cuando estos procesos sucedieron, la Tierra estaba cubierta de agua y se parecía mucho al mundo fantástico de la película Waterworld, según el propio Benner. El agua ataca al ARN y lo destruye, sobre todo si no hay fosfatos para estabilizarlo. Además no había apenas oxígeno, clave para el proceso de Benner. En cambio, Marte ya tenía mucho oxígeno y amplias zonas sin agua. Como corolario, Benner ha dejado caer que ese proceso que serviría de antesala para la vida podría estar sucediendo en Marte aún hoy.

“Como propuesta es interesante, pero requiere una mayor comprobación experimental que implicaría emular los numerosos ambientes primigenios, no solo uno, en los que se pudieron desarrollar los biopolímeros, analizando su evolución”, opina Jesús Martínez-Frías, investigador del Instituto de Geociencias, IGEO (CSIC-UCM) y miembro del equipo científico de la misión del robot Curiosity de la NASA que está explorando Marte en estos momentos. Otros expertos, como Robert Hazen del Instituto Carnegie de Washington, creen que la Tierra pudo albergar rincones secos y con algo de oxígeno donde pudo existir la química de Benner, informa la revista New Scientist. Más aún, su propuesta sólo explica la aparición de la ribosa, no del ARN.

“Personalmente creo que la vida surgió en la Tierra, pero para comprender su origen se requiere tener también en cuenta el aporte de material que llegó procedente del espacio, en forma de fases minerales y compuestos orgánicos”, concluye Martínez-Frías.

 

Vía Materia

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