Testigo ocular

El uso de cámaras en el interior de los autos para registrar el tránsito y controlar a conductores se extiende en Uruguay entre particulares y empresas; son las “cajas negras” de los vehículos terrestres, que sirven como testigos de accidentes, imprudencias y abusos policiales
Desde hace algunos años, es usual encontrar en internet videos impactantes de accidentes de tránsito de todo tipo captados por cámaras instaladas en los automóviles. También se hicieron populares registros de fenómenos naturales, como la caída de un meteorito. La mayoría de las imágenes provienen de Rusia y Estados Unidos, donde los conductores en realidad buscan protegerse de demandas y sobornos.

El término en inglés “dashcam” se aplica a la cámara que se coloca sobre el tablero (“dashboard”) de un automóvil, aunque también es usual que se adhiera al parabrisas o al techo. Este aparato, que las fuerzas policiales de distintas partes del mundo utiliza desde hace muchos años en sus patrullas, se extendió en el mundo para un uso civil. Su principal objetivo es la protección del chofer en casos de litigios por accidentes.

La cámara apunta al frente y así es posible establecer de quién es la culpa en un siniestro de tránsito. La vieja estafa de lanzarse frente a un automóvil simulando daños físicos para luego obtener grandes sumas de dinero en demandas judiciales se volvió un dolor de cabeza para los conductores rusos, que empezaron a tener problemas para conseguir contratos con empresas aseguradoras. También los pedidos de sobornos que efectuaban los policías de tránsito en las rutas de ese país se convirtió en un inconveniente cada vez más usual. Así se extendió el uso de las camaritas.

Pero las demandas y los sobornos no son exclusivos de los rusos y las cámaras se convirtieron en elementos útiles en todas partes del mundo.

Moda en expansión


En Uruguay, un hombre que pasaba con frencuencia con su camioneta frente a una escuela del interior del país vivía con la preocupación de atropellar a un niño porque se le cruzaban peligrosamente por su camino. Por eso, se interesó en tener una cámara que le sirviera de testigo y se la compró a la empresa Ingetec. Pablo Corts, director de proyectos de la firma, explicó a Cromo que el uso civil que le dan los particulares a las dashcams se ha extendido a empresas transportistas que deben controlar a sus choferes y protegerse de litigios.

Para eventuales juicios, además de vender una cámara con una definición que permite leer matrículas e identificar rostros con facilidad, la empresa comercializa otra que enfoca también hacia adentro del vehículo. De esa forma, el imprudente conductor de un ómnibus que tiene la costumbre de manejar a alta velocidad sosteniendo el volante con una rodilla mientras manda mensajes de texto con su celular está perdido.

Con el registro de la cámara, se puede saber qué movimientos hace un chofer, qué distracciones puede cometer y a qué velocidad conduce. Además, el dispositivo capta el audio del interior del vehículo y de esa manera quedan registradas todas las conversaciones. Las dashcams tienen un ángulo de captación de por lo menos 120° y algunas tienen un sistema de encendido automático junto con el automóvil.

Como complemento, el dispositivo está acompañado de un GPS que determina en Google Maps el trayecto recorrido por el chofer con movimiento en tiempo real.

Con cámaras enfocando hacia adentro y hacia afuera (con visión nocturna incluida), la grabación del audio y el registro de la ruta, no hay testigo más imparcial de un accidente.

En el mercado local


Todo el registro de las dashcams se transfiere de manera sencilla por medio de cables USB a cualquier computadora. Una vez descargados los archivos, en un mismo cuadro se despliegan las imágenes de las dos cámaras y del GPS, se visualiza la velocidad, se escucha el audio y se pueden realizar los acercamientos necesarios para identificar mejor matrículas, carteles o rostros.

Las cámaras se ofrecen para todo tipo de vehículos comerciales y en especial para transporte de escolares y de caudales. También se utilizan en motocicletas, barcos y comenzaron a ser probados en aviones.

En materia de precios, calidad de definición, autonomía y tamaño, hay una gran variedad en el mercado. Las de Ingetec cuestan entre US$ 400 y 500. Tiene una memoria micro SD de 8 GB ampliable a 16 GB, se conectan al encendedor del automóvil y tienen un sistema de sensor antiimpacto. En Mercado Libre, se ofrecen cámaras por menos de US$ 100, con diversa capacidad de memoria y de definición, así como variedad de tamaños.

Otros usos


En televisión, muchas veces se muestra cómo las cámaras de los patrulleros registran a conductores que intentan sobornar a los efectivos policiales. Ahora los ciudadanos tienen también su protección si un agente le pide una “coima”. Si ve la cámara, no se animará a cometer el abuso y, si lo hace, su imagen y su voz pueden quedar registrados.

Por otra parte, en el caso de los conductores de ómnibus y taxis que manejan de forma temeraria, en la camarita habrá un testimonio para que las empresas que no controlan a sus empleados, puedan ver sus actitudes en la vía pública.

Aunque no es el objetivo principal a la hora de comprar uno de estos aparatos, también sirven para tener un registro del recorrido de rutas y paisajes espectaculares que el chofer no siempre puede disfrutar. Para ello, por lo general, todas las dashcams ofrecen buena estabilidad, alta definición y se las puede girar hacia la dirección que se desee.

 


Shock en internet


Las imágenes de accidentes de tránsito captadas en Rusia son un éxito en YouTube. Hay compilaciones muy variadas que incluyen vuelcos, choques, incendios y atropellos al estilo de Shock TV. Una de ellas, de 12 minutos 58 segundos titulada “Russian Road Rage and Car Crashes 2012”, fue vista más de 15,6 millones de veces.

El año pasado, un meteorito cruzó el cielo de los Urales cerca de Cheliabinsk y el mundo se sorprendió por la cantidad de conductores que lo registraron con sus dashcams. Eso potenció la idea que existe en el mundo de que los rusos son los más adeptos a usarlas. Las difusas imágenes sirvieron también para que se tejieran suposiciones de que en realidad un OVNI se estrelló con la roca para destruirla y salvar a la Tierra de su colisión. Entre 4.000 y 6.000 kilos de rocas llovieron sobre la tierra, una de las cuales llegó a pesar 650 kilos. La energía que se desprendió fue superior a la de 30 bombas atómicas de Hiroshima, pero ello ocurrió a 20.000 metros de altura, lejos de las cámaras.


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