Temple Grandin, la mujer que piensa en imágenes

La reconocida especialista estadounidense dio voz a la comunidad autista y a sí misma al explicar por qué piensa tan diferente
El Salón Azul estaba repleto. En el primer piso y medio de la Intendencia de Montevideo se congregan padres y madres, profesionales y estudiantes, funcionarios y medios que esperan sobrevivir a la tiranía de las butacas. Quienes no consigan lugar, podrán escuchar la conferencia del otro lado de la puerta y ver en una pantalla las diapositivas que la doctora Temple Grandin usará para guiar su charla.

Una madre ruega a una funcionaria que la deje pasar. Quien la acompaña es su hijo y es autista.

La esperan como a una celebridad, que llega desde Colorado, Estados Unidos, con algo importante para contarles. Y es que más allá de ser considerada una de las mujeres más influyentes de la última década, Grandin viene a revelarles algo que para ellos siempre será un misterio. Porque ellos no viven el autismo desde adentro y deben aprender a enseñar a niños, jóvenes y adultos autistas, deben aprender a ser padres de hijos con esta condición.

Temple Grandin le puso al autismo una voz una vez que razonó sobre sí misma y entendió por qué pensaba como pensaba. O sea, diferente.

Entonces allí estaba, a sus 63 años, con su icónica camisa vaquera y su pelo corto con ondas, igual al de Claire Danes en la película de HBO que lleva su nombre.

La pensadora visual


“Cuando tenía dos años y medio no tenía lenguaje”, dice sin rodeos, dando inicio a la charla en inglés Autismo y mi mundo basado en sensaciones. Una de las consecuencias del autismo es el desorden sensorial.

Y no hay que esperar por un diagnóstico, advierte Grandin, porque las señales pueden ser tan claras como que el niño no soporte las luces incandescentes. Puede verlas tintinear. Es que el autista es más sensible a los estímulos que recibe desde el exterior, como los ruidos y las luces.
El ruido fuerte lastimaba mis oídos. Odiaba el sonido de un globo explotándose”

Grandin intercala consejos con su propia experiencia. “El ruido fuerte lastimaba mis oídos. Odiaba el sonido de un globo explotándose”, cuenta.

Nunca dar sorpresas y hablar lentamente son algunas de las recomendaciones. Otras son tan prácticas como la de usar una tableta antes que una computadora, ya que su luz brilla menos.

Mala conexión a internet


En las 6 décadas que pasaron desde que Grandin fue diagnosticada, la ciencia fue dando respuestas sobre el autismo. Ella lo explica de forma muy accesible, mostrando imágenes en alta resolución de su propio cerebro. Es la imagen del circuito del lenguaje la que contiene la respuesta a por qué la suya es como una “mala conexión a internet”, y a por qué le costaba tanto expresarse.

En su caso, es una pensadora visual. Piensa en imágenes y las conecta entre sí, las asocia. Es su forma de comprender las cosas y de aprender.
Podía ver mis diseños en 3D y ponerlos en funcionamiento en mi cabeza”

Aquí advierte sobre la importancia de potenciar las fortalezas de las personas autistas, como hicieron con ella, quien a los 9 años se destacaba en el dibujo. En la época en que se obsesionó con dibujar cabezas de caballos, se la incentivó a dibujar el resto del animal, de a poco, hasta llegar a los establos.

Pensar en imágenes también la ayudó a vender sus diseños: “Podía verlos en 3D y ponerlos en funcionamiento en mi cabeza”. Grandin es doctora en Ciencia Animal y diseña mataderos que potencian el bienestar del ganado en los frigoríficos.

Sobre este tema había hablado el martes y miércoles en un congreso sobre bienestar animal en el LATU.

De Google y autismo


Grandin pide a quien pasa las diapositivas que dé cinco clics seguidos. Entonces, se suceden fotos de catedrales. “Así es como las veo, como si fuera el buscador de imágenes de Google”, dice.

Es que Grandin piensa en fotografías, a diferencia de otros autistas que piensan en patrones, sonidos o palabras. Incluso para comprender los conceptos abstractos debe llevarlos al plano de la imagen: una foto que muestra un poste de electricidad y el pie de un arcoiris es la postal a la que recurrió cuando, a la hora de aprender el Padre Nuestro, tuvo que entender qué eran el poder y la gloria.
El espectro de autismo es muy amplio y puede ir desde Einstein hasta el niño que jamás aprenderá a hablar”

“Yo soy lo que hago, soy mi trabajo”, asegura, y dice que el mundo necesita más gente que se interese por cosas específicas. Una de estas personas puede ser incluso Steve Jobs quien, para Grandin, seguramente se encontraba en el espectro autista, que “es muy amplio y puede ir desde Einstein hasta el niño que jamás aprenderá a hablar”.

Una pareja se mira y asiente al escuchar los consejos de esta mujer, que una vez inventó una máquina de dar abrazos porque la tranquilizaba. Ayer, dio un nuevo abrazo a las más de 400 personas que la escucharon en la intendencia.

 


En su piel


Grandin se refirió varias veces a la película que lleva su nombre para ilustrar algunas explicaciones. Dijo que el film, rodado en 2010 por HBO, “muestra muy bien” la manera en que ella piensa en imágenes, además de mostrar muchos de sus diseños de forma fidedigna. Entre ellos se encuentran el matadero que ideó para que el ganado sufra menos y la popular máquina de dar abrazos.


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