Tecnología invisible para los deportistas

El mercado de wearables para atletas amateur va ahora tras los "dispositivos imperceptibles"
Desde aquellos deportistas profesionales que compitieron en los últimos Juegos Olímpicos en Río, hasta el joven oficinista que corre a lo largo de la rambla o el parque algunos kilómetros antes de entrar a trabajar por la mañana, todos son potenciales clientes de la tecnología wearable pensada para los atletas.

Si bien los deportistas no son los únicos que pueden utilizar –por ejemplo– un reloj inteligente, desde el principio, esta tecnología ha sido pensada para el movimiento. Y en un mundo donde el sedentarismo es uno de los mayores problemas y desafíos para la medicina, las marcas han concebido todos sus productos wearables en campañas que invitan a hacer deporte viéndose "cool" y moderno con una pulsera especial que mide los valores del cuerpo al moverse, o un reloj que permite compartir los logros deportivos directamente en las redes sociales.

Comenzaron con un clásico cuenta pasos que se ponía dentro del bolsillo, luego (con algunas variantes de por medio) evolucionaron a un pequeño chip que se insertaba en la suela del zapato del deportista y se podía sincronizar con la computadora. Después vino la pulsera medidora y luego el reloj inteligente, que ya hoy también manda mensajes de WhatsApp.

La tecnología sigue avanzando y ya no alcanza con crear dispositivos pequeños como la tapa de un marcador, sino que la apuesta está en hacerlos completamente invisibles.

Según una nota publicada en la revista Wired ayer, Fitbit –la empresa líder especializada en dispositivos de monitoreo corporal– está trabajando en resolver cómo hacer que todas las personas del planeta vistan uno de sus gadgets. Todavía no tienen muy resuelto cómo harán para cumplir con este objetivo pero todo parece indicar que el desarrollo de prendas especializadas es uno de los caminos más concretos.

Los desafíos son varios, ya que ningún deportista querría "poner a cargar" su remera o su short antes de salir a correr por el parque. Aún así, algunas marcas ya desarrollaron sus primeros prototipos e incluso hace algunos años salieron los primeros modelos a la venta que pasaron sin pena ni gloria por las vidrieras deportivas.

Hexoskin es una de las empresas más reconocidas dentro del rubro y lanzó su primera remera con medidores en 2013. OMsignal, otra compañía, creó el OMbra, un top deportivo para mujeres con las mismas características que la musculosa de Hexoskin.

Este año la FuelBand –el wearable de Nike– cumplió cuatro años y a pesar de que sus ventas nunca fueron destacadas, marcó un precedente en el mundo de la tecnología para vestir. Hoy, la marca deportiva se ha concentrado más en desarrollar aplicaciones de entrenamiento para smartphones y smartwatches, que en lanzar equipos propios.

Por su parte, Adidas, el principal competidor de Nike, sí avanzó un poco más en el desarrollo de sus propios wearables. En su catálogo, además de pulseras y relojes, también hay una pelota inteligente que le da al deportista un feedback instantáneo de su velocidad, las patadas y otros datos.

El mercado de los wearables crece cada vez más de la mano de empresas com o Fitbit y no tanto por los productos de las marcas de indumentaria deportiva tradicional. En el primer semestre del 2016 se vendieron en el mundo más de 19.7 millones de estos dispositivos. James Park, CEO de Fitbit, explicó a la revista Wired que "se trata de un mercado que todavía está dando sus primeros pasos".

¿Cómo hacer para continuar vendiendo wearables? La respuesta es simple: haciéndolos atractivos o,en su defecto, invisibles.


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