Sacarle una foto a la contaminación

L’Oréal y Unesco entregan hoy el premio nacional “Por las mujeres en la ciencia” al proyecto de una científica que permite “ver” los gases que contaminan la atmósfera


Entre la infinidad de cosas que escapan al ojo humano están los gases de la atmósfera, que en pocas ocasiones pueden verse a simple vista. No obstante, están allí: gases como el dióxido de nitrógeno o el dióxido de azufre, que se relacionan con el fenómeno de la lluvia ácida, por ejemplo, son emitidos todos los días por la industria, los automóviles, entre otros.

Pero la física tiene una forma de verlos. Y, por ende, de medirlos. En esto trabaja el equipo de investigadores dirigido por la doctora Erna Frins, investigadora y docente de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República y ganadora del premio nacional de L’Oréal y Unesco “Por las mujeres en la ciencia 2012”, que se entrega hoy.

La propuesta, seleccionada de entre ocho proyectos, busca seguir desarrollando un método óptico para estudiar las emisiones de gas en las centrales térmicas. En otras palabras, perfeccionar la tecnología que sirva de “ojos” a los científicos, para poder ver y reconocer los gases que contaminan la atmósfera, y así poder ubicarlos en el tiempo y el espacio.

Para eso, el equipo de Frins trabaja con un espectrómetro de plataforma móvil, un equipo del tamaño de una caja de zapatos que se coloca sobre el techo de una camioneta. Así, el aparato va “escaneando” lo que se encuentra encima suyo en la atmósfera. Este proyecto en particular se enfoca en analizar los gases presentes en las “plumas” de las centrales térmicas, las nubes de humo emitidas por sus chimeneas. Una laptop conectada al equipo se encarga de recoger todos los datos que los físicos luego analizan.
Frins adelantó que empleará el dinero del premio L’Oréal-Unesco para comprar dos lentes de US$ 5.000 cada uno, con filtros que le permitan dar el próximo paso en el proyecto: “Sacarle una foto a la contaminación” gracias a unas cámaras especiales

La luz del sol es clave para este método, ya que sin ella no sería posible escanear los gases. Es que, cuando la luz solar atraviesa la atmósfera de la Tierra, “cambia la información” de las sustancias allí presentes, explicó Frins. Como cada gas absorbe determinada longitud de onda o parte del espectro luminoso, es posible identificar una suerte de “huella digital” de cada gas dentro del espectro de luz. Si se hace un dibujo de la información que se extrae, se ven unos “huecos” negros entre los colores del espectro, que son los que “dicen algo”, explicó la doctora, que recordó que estos instrumentos miden tanto el espectro visible (todos los colores) como el ultravioleta, que el ojo humano no puede captar.

Además, la tecnología permite ubicar esos gases en una coordenada concreta, gracias al GPS. Una forma de visualizarlos mejor es ubicándolos en un mapa de Google, que ofrece un nivel de detalle superior al de los satélites, por ejemplo, ya que incluso puede indicar la intersección de dos calles donde hay determinada emisión de gases.

Próximo paso


Frins adelantó que empleará el dinero del premio L’Oréal-Unesco para comprar dos lentes de US$ 5.000 cada uno, con filtros que le permitan dar el próximo paso en el proyecto: “Sacarle una foto a la contaminación” gracias a unas cámaras especiales que logran hacer lo que ahora consigue gracias a Google.

El trabajo de Frins, que además cuenta con el apoyo del instituto alemán Max Planck, podrá en un futuro aplicarse para el control ambiental y entre los interesados en analizar las áreas de impacto de determinado proyecto. A su vez, también servirá para detectar fuentes de emisión no declaradas o incluso para analizar la capa de ozono, ya que el mismo equipo sirve para estudiar distintos gases.

Y esa es solo una de las ventajas de la tecnología. El hecho de ser una forma de análisis remota evita que deban extraerse muestras de la “pluma” de forma directa para luego estudiar en el laboratorio. También permite observar el promedio de una emisión, en vez de un único punto, por lo que es más representativo.

“Acá, en el Sur, somos los únicos con este tipo de equipos”, señaló Frins, quien aclaró que el aparato no lo es todo: “También hay que ponerle cabeza”.

 


Mujer científica


Hace un tiempo, Erna Frins se sorprendió a sí misma haciendo la valija para viajar a Alemania a trabajar apenas un día antes de partir. “La vida es más complicada, con cosas que nos dan placer, pero el día sigue teniendo 24 horas”, explica Frins, quien es madre y también esposa de un científico, el doctor José Ferrari, con quien trabaja en la Facultad.

La doctora dijo alegrarse muchísimo de que exista un premio de apoyo a las mujeres en ciencia. No obstante, señaló que no suele estar a favor de las cuotas femeninas por creer que “cada uno está en el lugar que está porque se lo merece, no simplemente por ser mujer”.


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