Qué se siente usar los Google Glass

Analizar el presente y futuro de los famosos lentes inteligentes requiere superar la novelería, probar sus funcionalidades actuales y sopesar el potencial del primer modelo. No en vano es el gadget que todo el mundo quiere y solo unos pocos tienen


En este momento, para tener un par de Glass, los lentes inteligentes de Google, es necesario cumplir con dos características fundamentales. Por un lado hay que estar en la vanguardia de la industria, es decir, ser un ingeniero, desarrollador de software o creativo tecnológico en general capaz de pensar más allá de lo que hoy existe. Y, en segundo lugar, ser una persona con mucha paciencia, porque es imposible usar el gadget más preciado sin que toda la gente te mire, un porcentaje de ella te pregunte cómo funcionan y otro grupo más reducido te pida para probárselos (y que le saques una foto).

Cecilia Abadie cumple con todas estas características.

Radicada desde hace 11 años en California, Estados Unidos, la uruguaya desarrolladora de software cuenta que estuvo “en el lugar justo, en el momento justo”, cuando Google abrió la primera lista de espera para obtener los recién presentados lentes inteligentes, en mediados de 2012. Solo 100 personas en el área de San Francisco y otras 100 en Nueva York serían elegidas como “pioneras de Google”, quienes deberían pagar US$ 1.500 para probar el dispositivo y crear sus primeras aplicaciones. Abadie fue una de las escogidas.

En mayo de este año recibió su par de lentes inteligentes y, desde entonces, no solo vive con ellos puestos todo el día, sino que ha desarrollado tres aplicaciones con su empresa 33Labs. De hecho, se ha convertido en una gurú internacional de los Glass.

Fue justamente de este tema del que habló esta semana en el hotel Radisson de Montevideo durante el XXIII Encuentro GeneXus, el evento de negocios e innovación en tecnología organizado por Artech.

Todas las miradas


Ningún Glass había circulado por las calles montevideanas hasta su llegada. Al verla, la gente no sabe bien si tiene un dispositivo médico, uno de vigilancia o los tan publicitados lentes de Google. No obstante, Abadie ya tiene un plan armado: solo se toma el tiempo de explicar qué es ese aparato futurista sobre su nariz a quienes la frenen para preguntarle.

Quizá sea por su pasión por la tecnología, quizá se deba a que es madre de tres niñas, pero Abadie sobrelleva con una paciencia envidiable la mirada social y las repetitivas preguntas. En mi hora de prueba de los Glass, tuve que alejarme del pasillo de entrada del Radisson porque, solo en los primeros cinco minutos, terminé rodeada por siete curiosos.

Lo interesante es que los lentes no son tan llamativos. Tienen un diseño elegante y minimalista, con una patilla de alrededor de un centímetro y otra metalizada casi tres veces más delgada. Lo que llama la atención no es esta asimetría (que provoca que los lentes se inclinen levemente en el rostro), sino el pequeño prisma transparente que está a continuación de la patilla ancha, justo delante del ojo derecho. Se trata de un proyector que permite la magia de ver una pantalla en el aire.

Según Google, el “display de alta resolución es el equivalente a una pantalla de 25 pulgadas vista desde 2,5 metros de distancia”. En la realidad, cuando uno recién se pone los Glass, lleva varios segundos siquiera encontrar la pantalla proyectada en el caos de la realidad.

En el caso de los lentes de Abadie, la pantalla estaba configurada para aparecer en el margen superior derecho del campo visual. Sobre un fondo blanco, como una pared o el cielo nublado, resulta difícil leer las palabras. Por el contrario, en un lugar oscuro, el contraste hace que la lectura sea natural, aunque la definición final nunca es la de una pantalla de celular cualquiera.

En un afán instintivo por enfocar mejor, muchas personas tienden a cerrar el ojo izquierdo al ponerse los Glass. Esta imagen graciosa suele ser acompañada por otras como la boca semiabierta, el seño fruncido y la necesaria “mirada perdida” en algún punto del cielo que solo el usuario puede ubicar.

Solo Abadie, quien lleva cinco meses con los lentes, se ve natural al hablar y darle órdenes al aparato. Sin embargo, ella misma reconoce que la promesa del multitasking que ofrecían los Glass antes de su salida no es real. Cuando uno está conversando con alguien y levanta la mirada para leer un mensaje o tuit entrante, aunque la pantalla sea invisible para el interlocutor, igual se ofende, cuenta.

Aplicaciones para todos


Cuando uno tiene los lentes puestos, no ve la pantalla a menos que toque la patilla ancha, que es en realidad un touchpad. Entonces aparece la hora y la frase “Ok Glass”. Al repetir esas palabras, el “abracadabra” de Google, se despliega un menú de opciones.

Por ahora, el dispositivo puede googlear algo, sacar una foto (de 5 MP), grabar un video (de 720p), pedir direcciones para ir a un lugar (por GPS), enviar un SMS o correo electrónico (vía Wi-Fi o Bluetooth, conectados al smartphone con el que esté unido).

Las reacciones del Glass son rápidas y certeras siempre y cuando uno pronuncie bien en inglés, único idioma en el que se encuentra disponible por ahora. También el sonido ambiente es una condicionante. Durante la prueba, tuve que apartarme del ruido para que el micrófono me escuchara.

Al grabar un video, en cambio, tanto mi voz como la de mi interlocutor se escucharon sin inconvenientes. A su vez, para hacer videos y tomar fotos es necesario acostumbrarse a centrar la imagen, porque la cámara está casi que en la sien derecha.

Puede parecer que lo que actualmente hacen los lentes es poco para el precio al que se consiguen y la fama que tienen. Sin embargo, hoy existen unos 10 mil “exploradores” de Glass desarrollando aplicaciones y el número sigue creciendo. Hasta se rumorea que este mismo mes Google lanzará la tienda de apps exclusiva para el dispositivo y que en 2014 ya se podrán comprar como quien adquiere cualquier otro producto electrónico. El precio aún es desconocido.

Lo cierto es que recién entonces se sabrá el verdadero potencial de los Glass. La diferencia es como la de un teléfono normal con conexión a internet y la de un smartphone con cientos de miles de aplicaciones pensadas por personas de distintas partes del mundo. Aparecerán las apps de productividad, las de deporte y estilo de vida, las de juegos, tránsito, gastronomía y cualquier otro tema en el que alguien pueda pensar. Las de pornografía ya fueron prohibidas de antemano.

Y también llegarán las funciones de realidad aumentada. Los lentes, por ejemplo, no tienen un servicio de reconocimiento facial, a pesar de que la tecnología existe y obviamente Google puede brindarla. Según Abadie, esta fue una movida política muy acertada de la compañía, ya que dio tiempo al público y autoridades a irse acostumbrando a un dispositivo que, en definitiva, te puede filmar sin que lo notes. O, mejor dicho, sin que tengas la certeza.

El potencial de los Glass es algo que ni el propio Google tiene claro. Por ahora los lentes que Abadie trajo de paseo a Uruguay son un primer prototipo que irá tomando distintos rumbos según lo que sean capaces de imaginar personas pioneras como ella misma.

La historia de los Glass recién comienza.

 



 


Tres aplicaciones de 33Labs


 

Genie

Fue la primera de las tres aplicaciones creadas por 33Labs, la empresa fundada por Cecilia Abadie y su socio Mauro Canziani, con sedes en Uruguay y Estados Unidos. Según la describen en su sitio web, se trata de “una poderosa plataforma que te ayuda a magnificar tu vida con Glass”. Esta suerte de asistente personal permite al usuario enviarse una nota o un recordatorio de dónde estacionó el auto, hacer una lista de compras y un registro de sus actividades diarias, entre otras funciones. Las primeras críticas de Genie han sido muy positivas, tanto por su funcionalidad como por su colorida estética.

 

Oktopus

Consiste en una aplicación para hacer ejercicio, donde los lentes inteligentes proyectan en la pantalla qué debe hacer el usuario, al tiempo que motivan y brindan más datos a través del parlante.

 

Museum Zoom

El proyecto más reciente de 33Labs está todavía en fase de desarrollo. Por lo pronto lo único que han develado es que se trata de una aplicación de realidad aumentada para museos.


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