Protegiendo al hombre de la selva

En lugar de vacunar cachorros, Ricko Jaya se pasa el día rehabilitando orangutanes en la selva de Sumatra

Ricko Jaya es veterinario de la Unidad de Respuesta al Conflicto Humano Orangután (HOCRU, en sus siglas en inglés) en Sumatra. Está dirigido por el Centro de Información Orangután (OCI, en sus siglas en inglés) y se dedica a resolver los conflictos entre los seres humanos y los grandes simios. Estos son cada vez más desplazados de sus hábitats naturales hacia las tierras de cultivo, lejos de los bosques, a causa de la deforestación

La creciente expansión de la agricultura industrial en Indonesia, en particular para el cultivo de aceite de palma, ha generado que el conflicto entre humanos y orangutanes sea mayor que nunca. Desde 2010, el pequeño, pero dedicado equipo de HOCRU, ha rescatado a más de 100 de estos emblemáticos animales, cuyo nombre en malayo significa hombre de la selva.

Así lo explica Ricko Jaya: "Después de graduarme en 2011, trabajé en un zoológico por un período de tiempo corto. Aquello no era para mí y lo dejé por razones éticas. Me uní al Centro de Información Orangután en 2012, cuando buscaban a un veterinario.

HOCRU ha tratado de mapear los lugares donde se dan conflictos entre humanos y orangutanes en Sumatra y averiguar cómo es percibido por la comunidad.

Cuando hablamos de trasladar a un orangután nos referimos a llevarlo del exterior al interior de un parque nacional. Tener un orangután como animal doméstico, o en cautividad, es ilegal en cualquier lugar de Indonesia, por lo que también confiscamos animales.

Hay dos millones de hectáreas de áreas protegidas en la provincia de Aceh y al norte de Sumatra. Los primates prefieren quedarse en las llanuras, que también son un buen lugar para las plantaciones, sobre todo, de aceite de palma.

Como veterinario, examino a los animales y trato de determinar su estado. Para ello, intentamos atraparlos de árboles bajos, los aturdimos con una pistola tranquilizante y los retenemos con una red para después atraparlos. Me aseguro de que el orangután esté en buena forma para su posterior liberación, que no tenga heridas graves, ni fracturas o enfermedades tales como la tuberculosis y la hipertensión. En la cuarentena, nos aseguramos de que estén libre de ellas.

Por lo general, si un orangután está un año o más tiempo en cautiverio ya no se comporta como tal. Se olvidan muy rápidamente de cómo se construye un nido o se busca alimento. Así que en nuestro centro de rehabilitación les enseñamos cómo obtener las habilidades necesarias para su posterior supervivencia.

Uno de los peores casos que hemos tenido ha sido el de Krismon, que había estado enjaulado en un espacio de apenas un metro cuadrado durante 18 años. No tenía barra de colgar y toda su orina y heces estaban en la jaula. Cuando lo confiscamos y trasladamos a nuestro centro de rehabilitación no podía sostenerse adecuadamente sobre sus piernas, porque su jaula era demasiado baja. Probablemente no había podido estirar las piernas durante muchos años. Pero ha estado bajo tratamiento médico y ahora está mostrando un buen progreso.

Ya sea el orangután, el elefante o el tigre de Sumatra, todos ellos son animales que han estado a la puerta de mi casa. Durante un tiempo eran fáciles de encontrar y ahora están en peligro de extinción. Adoro a estos animales y solo quiero ayudarles con mis conocimientos y capacidades. Hay algo muy humano en los ojos de un orangután. Cuando libero a un orangután rehabilitado y abro por primera vez la puerta de la jaula de transporte me inunda un sentimiento increíble. Te sientes realmente en contacto con tu humanidad, porque eres capaz de ayudar a otra especie".


Fuente: Deustche Welle