¿Por qué uno toma decisiones de las que luego se arrepiente?

Una investigación psicológica afirma que las personas creen que sus valores, gustos y preferencias son más estables de lo que en realidad son, debido al hedonismo


En 2003 la canción del verano fue Aserejé de las Ketchup, sin embargo, nadie diría hoy en día que es su canción favorita.

 

¿Quién, mirando unos años atrás, no se ha sentido abochornado recordando los propios gustos o comportamientos? Al rememorar aventuras y desventuras pasadas, las personas tienen la impresión de haber evolucionado mucho desde aquel entonces, pero curiosamente, tienden a pensar que cuando en el futuro se imaginen estando en el momento actual, no sentirán esa misma extrañeza consigo mismos.

Esto sucede porque en general se tiene la sensación de haber llegado a un punto definitivo de crecimiento y gustos personales, ya se sea en la primera juventud o en la madurez. A este fenómeno, los psicólogos de la Universidad de Harvard Daniel Gilbert, Jordi Quoidbach y Timothy Wilson lo han llamado “La ilusión del final de la historia”, y a través de diversas investigaciones han tratado de demostrar que “las personas de todas las edades subestiman los cambios que sus personalidades, preferencias y valores van a experimentar en el futuro”.

De hedonismo y gustos


Desde que la semana pasada la revista Science publicó el artículo, diversos medios se han hecho eco de esta investigación que involucró a más de 19.000 personas de entre 18 y 68 años.

Idealmente, el estudio se había planteado preguntar a varias personas cuánto creían que iban a cambiar y luego hacerles un seguimiento durante varios años para compararlo con el cambio real, pero terminaron eligiendo otra vía. Aunque la forma de recoger la información fue evolucionando durante todo el estudio, a grandes rasgos consistió en tomar varios cientos o miles de personas de diferentes edades y dividirlos en dos grupos.
La mayoría de la gente cree que sus personalidades son atractivas”, indican los investigadores de Harvard y añaden que “habiendo llegado a este estado de satisfacción, pueden ser reacios a considerar la posibilidad del cambio”

Mediante un cuestionario personalizado, a unos les pedían que recordaran algunos de los valores, preferencias o gustos que tenían diez años atrás, y a los otros que predijeran eso mismo a diez años vista. Ambos grupos también respondieron preguntas sobre su personalidad actual. Contrastando las diferencias en las percepciones tanto a futuro como a pasado, se podía deducir cuánto cambiaba la personalidad de la gente en relación a lo que en un principio pensaba que iba a cambiar.

Por ejemplo, para conocer en qué medida se habían modificado o no los valores de las personas, se preguntaba sobre temas relacionados al hedonismo o la seguridad. Para averiguar cuánto lo habían hecho en preferencias, se les interpelaba sobre los destinos vacacionales, los gustos gastronómicos o musicales. En la mayoría de los casos, los encuestados tendían a pensar que sus gustos actuales iban a permanecer, por más que cuando miraran hacia atrás se dieran cuenta de que desde entonces eso mismo había cambiado sustancialmente.

Un dato esclarecedor es el siguiente: uno de los estudios tomó una muestra de 170 adultos y lo dividió en dos grupos, a uno le preguntó cuánto pagaría por ver a su actual banda favorita dentro de diez años y al otro cuánto pagaría hoy en día por ver la que una década atrás fue su grupo musical preferido. El primer grupo –que fue preguntado por su banda favorita actual a diez años vista– afirmó estar dispuesto a pagar un 61% más en comparación al segundo grupo, al que le preguntaron sobre su banda favorita diez años atrás.

La ilusión del fin de la historia


En base a los datos recabados, el equipo de Harvard conjeturó sobre las posibles causas de esta ilusión del fin de la historia en el sentido de evolución y crecimiento personal. Afirman, por ejemplo, que la ilusión es expresión de la visión positiva que tienen las personas sobre sí mismas: “La mayoría de la gente cree que sus personalidades son atractivas”, y añaden que “habiendo llegado a este estado de satisfacción, pueden ser reacios a considerar la posibilidad del cambio”.

Según Gilbert, una de las cuestiones que lo llevó a empezar esta investigación fue conocer por qué la gente toma a menudo decisiones de las que luego se arrepiente. Las conclusiones indican que las personas creen que su personalidad y su percepción sobre sí mismo, la vida y el mundo se mantendrán a lo largo del tiempo, por lo que dan por sentado que lo que hoy les gusta, también lo hará en el día de mañana.

Aunque estas afirmaciones ya está siendo ampliamente discutidas en internet (aludiendo a que no se consideran las inseguridades o el pesimismo que pueden afectar a una persona en el período de diez años, por ejemplo) puede ayudar a explicar cómo puede ser que un tatuaje hecho con ilusión, esfuerzo económico y dolor diez años atrás, nos pueda parecer hoy en día un verdadero mamarracho, o por qué aquella persona que amamos en nuestra primera juventud se nos aparezca ahora como una persona tan ajena a lo que somos hoy.

A esto puede llamarsele terquedad u osadía, o siendo más justos, incapacidad de decidir en base a futuros imposibles de predecir.

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