Por qué tu cerebro ama esa nueva canción

Un estudio investigó lo que sucede en la cabeza de los oyentes al escuchar un tema desconocido y sorprenderse gratamente con el descubrimiento
Cuando la leyenda del jazz John Coltrane escuchó por primera vez a Charlie Parker tocando el saxofón, la música le pegó "justo entre los ojos", dijo una vez. Según los neurocientíficos, Coltrane tenía toda la razón.

Al escuchar una canción que nos gusta, incluso por primera vez, una parte del sistema de recompensa del cerebro se activa, según muestra un nuevo estudio. La región, llamada núcleo accumbens, determina cuánto valoramos el tema, incluso prediciendo cuánto una persona está dispuesta a pagar por él.

"Es una investigación realmente encantadora", dice el psicólogo musical David Huron de la Universidad Estatal de Ohio, quien no estuvo involucrado en el estudio. Los resultados ayudarán a los científicos a entender por qué los humanos dan tanto valor a secuencias abstractas de ondas sonoras. "La música es una de esas cosas raras", comenta Huron, y agrega: "No está del todo claro si tiene algún tipo de valor para la supervivencia".

Una canción favorita, ya sea un himno rockero o una conmovedora balada acústica, evoca una respuesta emocional profunda. La neurocientífica Valorie Salimpoor recuerda haber escuchado Hungarian Dance No. 5 de Johannes Brahms una vez mientras conducía. La música la conmovió tan profundamente que tuvo que estacionar.

Intrigada por esta experiencia, Salimpoor se unió a Robert Zatorre en el Instituto Neurológico de Montreal en la Universidad McGill, en Canadá, para estudiar cómo la música afecta el cerebro. En 2011, ella y Zatorre confirmaron que la dopamina, un neurotransmisor de recompensa, es la fuente de esas experiencias intensas, esos "escalofríos" asociados a un tema favorito. Demostraron que los niveles de dopamina de los oyentes en los centros de placer surgen durante pasajes claves de su música preferida, pero también un momento antes, como si el cerebro estuviera anticipando el crescendo que vendrá.

Pagar por una canción


Salimpoor, ahora en el Instituto de Investigación Rotman en Toronto, se preguntaba si esa respuesta se debía a la música en sí o al apego emocional de los oyentes hacia dicho tema. Así que reclutó 19 voluntarios, diez hombres y nueve mujeres, entre 18 y 37 años, para que compartieran sus gustos musicales subjetivos. Los géneros indie y electrónico demostraron ser los más populares.

Entonces, la investigadora les hizo escuchar 30 segundos de 60 canciones que nunca antes habían oído. Con una interfaz similar a iTunes, los voluntarios marcaban cuánto estaban dispuestos a pagar por cada tema , con un tope máximo de US$ 2. Para hacer el experimento más realista, los participantes usaban su propio dinero y recibían un CD de las canciones compradas al final del estudio.

Salimpoor monitoreaba cómo los cerebros de los voluntarios reaccionaban a la música usando una resonancia magnética. Múltiples regiones cerebrales se activaban cuando descubrían una nueva canción favorita, pero solo la actividad en el núcleo accumbens estaba bien correlacionada con cuánto estaban dispuestos a pagar los participantes, indica el estudio publicado por ella y sus colegas este jueves en la versión online de la revista Science.

Las sorpresas placenteras


Se cree que el núcleo accumbens es responsable de las sorpresas placenteras o "error de predicción positivo", como le llaman los neurocientíficos. Nuestros cerebros están adaptados a usar patrones tales como la estructura musical para predecir el futuro. "Estamos haciendo predicciones constantemente, incluso si no conocemos la canción" tratamos de adivinar cómo continuará, dice Salimpoor.

Estas predicciones están basadas en experiencias musicales pasadas, por lo que los fanáticos de la música clásica tendrán expectativas distintas a las de los devotos del punk. Pero cuando la música se vuelve algo mejor de lo que el cerebro esperaba, el núcleo accumbens estalla de deleite. Salimpoor concluyó que este núcleo trabaja en concierto con el reconocimiento de patrones y centros de pensamiento superiores para asignar valor a la música.

Para Vinod Menon, un neurocientífico cognitivo de la Universidad de Stanford en Palo Alto, California, la presencia de letras en algunos temas podría haber introducido variables confusas a la investigación. "No sabemos si se trata de los sonidos musicales o los componentes lingüísticos los que llevaron a algunos de estos efectos", dice. Salimpoor responde que el estudio anterior mostró efectos cerebrales similares utilizando solo música instrumental. Las letras, dice, no parecen sesgar las decisiones de compra de los oyentes.

Ahora, Salimpoor investigará otra zona del cerebro, el giro temporal superior. Quiere descubrir cómo esta región, que almacena un registro de los sonidos escuchados, da forma a nuestras preferencias musicales futuras. Para vos, Grooveshark.

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