Por qué se está debilitando el escudo cósmico de la Tierra

La misión Swarm de la Agencia Espacial Europea, que despegó el viernes, intentará explicarlo


Durante la Segunda Guerra Mundial, un científico ruso exiliado en Estados Unidos desarrolló una tecnología capaz de decidir muchas batallas. Era un sencillo instrumento que, instalado en aviones, era capaz de detectar bajo el agua el campo magnético que genera la imponente mole de hierro de un submarino alemán, invisible a simple vista. Setenta años después, en completo son de paz, un instrumento similar va a servir para explicar un fenómeno que afecta a todos los habitantes de la Tierra y que depende de una masa de hierro millones de veces más grande que un submarino nazi, pero igual de invisible a simple vista: el núcleo de la Tierra.

El nuevo instrumento, una versión mejorada del magnetómetro que usó aquel científico ruso (se llamaba Victor Vacquier), es la pieza clave de la misión espacial Swarm, que se lanzó el viernes desde el cosmódromo de Plesetsk, en Rusia. El lanzamiento puede verse en directo aquí. Swarm, enjambre en inglés, es un grupo de tres satélites de la Agencia Espacial Europea que se pondrán en órbita de forma simultánea y que medirán con una precisión no alcanzada hasta ahora el campo magnético generado por esa descomunal mole de hierro que hay en el centro de la Tierra.

Por ahora, la mejor manera de saber qué hay ahí abajo es viajar al espacio. Los intentos de cavar un pozo lo suficientemente profundo para atravesar la corteza se han quedado a una profundidad de 12 kilómetros. Los instrumentos de Swarm intentarán medir fenómenos que suceden a más de 3.000 kilómetros de profundidad. Se piensa que en esa zona del núcleo de la Tierra hay un océano de hierro fundido a más de 4.000 grados y tan grande como Marte. Al girar, este océano infernal funciona como un enorme imán con forma de barra cuyos polos norte y sur quedarían cerca de los polos geográficos. Este imán genera la magnetosfera, una descomunal burbuja protectora que llega hasta decenas de miles de kilómetros sobre nuestras cabezas y mantiene a raya las partículas llegadas del espacio a altas energías. El bombardeo de estas partículas puede tumbar los satélites de los que depende la comunicación por móvil o dejar sin luz un territorio equivalente a tres españas, algo que sucedió en 1989 en la provincia canadiense de Quebec.

“En los últimos 150 años, el campo magnético ha perdido un 15% de potencia”, explica a Materia Rune Floberghagen, responsable de la misión Swarm. El principal objetivo de los tres satélites que se lanzaron el viernes al espacio es saber por qué. En primer lugar, la misión medirá el campo magnético que se genera en el núcleo exterior de la Tierra, que aporta el 99% de todo el campo magnético del planeta. El debilitamiento de este campo deja a la Tierra un poco más expuesta al bombardeo de partículas originadas en el Sol.

Terremotos y petróleo


Cada cierto tiempo los polos del imán de la Tierra se invierten, el norte pasa a ser el sur y viceversa. Los científicos estiman que sucede, de media, cada 400.000 años. El último cambio de polaridad sucedió hace 780.000 años, así que es muy posible que estemos a las puertas del próximo. Ningún ser humano ha experimentado un cambio de polaridad, así que sus efectos son inciertos. “Hace 780.000 años ya había animales que usaban magnetorreceptores para orientarse, como, por ejemplo, las aves, y sabemos que se las arreglaron para sobrevivir al cambio, así que, aunque no tiene por qué ser algo bueno para la evolución, no sabemos cómo será de dramático”, señala el experto. Sin embargo, reconoce que un debilitamiento del escudo magnético de la Tierra reduce la protección ante el bombardeo de partículas solares en nuestro planeta y que Swarm también pretende contribuir a los nuevos sistemas de protección ante tormentas como la que dejó a oscuras a Quebec.

Swarm tiene un coste de 220 millones de euros (España es responsable del 6% de la misión) y por eso intentará exprimir al máximo sus observaciones. Aunque sus objetivos son científicos, la misión podría tener importantes aplicaciones prácticas en la alerta ante terremotos o para hallar nuevas reservas de minerales en la corteza terrestre, señala Floberghagen. Para hacer lo primero habría que confirmar las teorías que dicen que antes de que haya movimientos en la corteza terrestre, los que provocan terremotos, hay cambios “precursores” en la ionosfera, la capa de la atmósfera que empieza a unos 80 kilómetros de la superficie y llega hasta los 600 kilómetros. “Por ahora no hay una confirmación real de esta teoría, pero nosotros vamos a poder ayudar a confirmarla ya que haremos mediciones más precisas de los cambios magnéticos en esta capa de la atmósfera”, explica Floberghagen.

Los tres satélites de Swarm, que parecen tres gambas robóticas de nueve metros de largo con placas solares a las espaldas, serán los primeros en aportar un mapa en 3D de los campos magnéticos que hay en la corteza terrestre. Estos los generan los propios minerales y esos mapas pueden destapar la existencia de nuevas reservas de minerales o de petróleo.

El cohete en el que Swarm salió al espacio fue la principal fuente de incertidumbres de esta misión. El Rockot y la etapa Breeze KM que también usará Swarm han sufrido cinco fallos desde 2011, lo que ha arruinado varias misiones, incluido el lanzamiento de tres satélites militares rusos el pasado enero. Los problemas con el lanzador han obligado a retrasar varias veces el lanzamiento de Swarm hasta que las autoridades rusas finalizaron las investigaciones sobre las causas de los fiascos. “Esos fallos han sido nuestra principal fuente de ansiedad, pero confiamos en que los problemas se han resuelto y no hemos tenido ninguna noticia de lo contrario de nuestros colegas rusos”, habían asegurado antes del lanzamiento, que resultó exitoso.

 

Vía Materia

 

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