¿Por qué los adolescentes se duermen en clase?

Los horarios tempraneros del colegio los vuelven gruñones, impulsivos y sin sentido del humor. Según la ciencia, tienen sus razones biológicas y sociales
"Hacer que los adolescentes empiecen las clases durante la mañana es 'cruel', dice un doctor del cerebro". Así tituló el diario inglés Daily Mail una nota en 2007 luego de que yo diera una charla en una conferencia académica. Un lector escéptico respondió: "Este hombre suena como si tuviera muerte cerebral".

Esa fue una reacción típica al trabajo que estaba reportando en ese momento, sobre los patrones de sueño de los adolescentes y sus efectos en su desempeño escolar. Seis años después, está creciendo la aceptación de que la estructura del día académico tiene que tomar en cuenta los patrones de sueño de los adolescentes. El último liceo en adoptar un horario de comienzo de clases más tarde fue la Academia UCL en Londres y otros están considerando seguirla.

Entonces, ¿cuáles son los hechos detrás de la sueñera adolescente y cómo debería la sociedad ajustarse a sus necesidades?

La biología del tiempo de sueño de los seres humanos, como la de otros mamíferos, cambia con la edad. Esto ha sido probado en diversos estudios: cuando comienza la pubertad, la hora de irse y levantarse de la cama es más tarde. Esta tendencia continúa hasta los 19,5 años en las mujeres y 21 en los hombres. Luego, esto se revierte. A los 55 años nos levantamos cerca de la hora a la que solíamos hacerlo antes de la pubertad. En promedio, esto es dos horas más temprano que los adolescentes. Por ende, para un adolescente, la alarma sonando a las 7 de la mañana es equivalente a las 5 para las personas de más de 50 años.

Más que biología


Por qué esto es así no está claro, pero los cambios también se correlacionan con los cambios hormonales en la pubertad y el declive de esas hormonas a medida que crecemos.

Sin embargo, la biología es solo parte del problema. Otros factores incluyen una actitud más laxa de los padres respecto al horario de acostarse de sus hijos, una indiferencia general a la importancia del sueño y acceso sin restricciones a la televisión, computadora, consolas de videojuegos y celulares, todo lo  cual promueve el estado de alerta y consume parte del tiempo disponible para dormir.

La cantidad de adolescentes que se duermen en clase varía entre los países, la región geográfica y las clases sociales, pero todos los estudios sugieren que se van más tarde a la cama y que no descansa lo suficiente debido a los horarios de clase.

Mary Carskadon, de la Universidad de Brown, una pionera en el área de sueño adolescente, ha demostrado que los adolescentes necesitan alrededor de 9 horas por noche para mantener su desempeño académico y estar alertas. Mis propias observaciones recientes en un colegio en Liverpool sugirieron que muchos dormían solo cinco horas. Por eso no fue sorprendente que los profesores reportaran que sus alumnos se dormían en clase.

Sueño y enfermedades


La evidencia que muestra que el sueño es importante es abrumadora. Investigaciones han demostrado su rol crítico en la consolidación de la memoria y nuestra habilidad de generar soluciones innovadoras frente a problemas complejos. La disrupción del sueño incrementa los niveles de la hormona del estrés, el cortisol. Comportamientos impulsivos, falta de empatía y el sentido del humor también se ven afectados.

En otras palabras, un adolescente cansado se vuelve gruñón, temperamental, insensible, enojado y estresado. Aunque tal vez sea menos obvio, la falta de sueño también se asocia con cambios en el metabolismo. Estudios han mostrado que la regulación de la glucosa en la sangre se veía muy perjudicada en hombres jóvenes que dormían solo cuatro horas durante seis noches consecutivas, con los niveles de insulina comparables a las primeras etapas de la diabetes.

Estudios similares muestran niveles más altos de la hormona grelina, responsable de promover el hambre, y menores niveles de leptina, que genera la sensación de sentirse lleno. La sugerencia es que la privación del sueño en el largo plazo puede ser un factor importante para la predisposición de las personas a condiciones como la diabetes, la obesidad y la hipertensión.

Compensar el sueño


Cada vez más, los adolescentes usan estimulantes para compensar la falta de sueño, como bebidas con cafeína y azúcar. La vida media de la cafeína es de cinco a nueve horas, por lo que tomar de día bebidas de este tipo retrasa el sueño durante la noche. El cansancio también incrementa la probabilidad de empezar a fumar.

De forma conjunta, un día de consumo de cafeína y nicotina, la tendencia biológica dormirse tarde y el estado de alerta que promueve el uso de computadoras y celulares genera lo que Carskadon llama una tormenta perfecta para retrasar el sueño en los adolescentes.

En Estados Unidos, la observación de que los adolescentes han retrasado sus patrones de sueño comparado con los adultos ha promovido diferentes estudios para repensar el horario de comienzo de clases. El análisis del impacto de este cambio ha encontrado que el desempeño mejora, así como la concurrencia. En 2009, un liceo cerca de Newcastle, en Reino Unido, cambió el horario de entrada a las 10 de la mañana y también vio una mejora en el desempeño académico.

Sin embargo, comenzar las clases más tarde no es una solución en sí misma. La sociedad en general y los adolescentes en particular deberían empezar a tomarse el sueño de forma más seria.

Es que dormir no es un lujo sino una necesidad biológica fundamental, que mejora la creatividad, la productividad, el humor y la habilidad de interactuar con los demás.

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