¿Por qué es tan difícil cruzar a la Antártida?

Una vez que el Hércules llega a Punta Arenas, en el sur de Chile, pueden pasar días hasta que las condiciones meteorológicas le permitan continuar su rumbo hacia el continente blanco. Allí está la periodista de Cromo, Noelia González


Apenas dos horas separan Punta Arenas de la base chilena en la Antártida. El trayecto es incluso más corto que el que va desde Montevideo hasta esa localidad en el extremo más al sur de Chile, un vuelo que dura alrededor de cinco horas. Sin embargo, no basta con encender el Hércules (el único avión de la Fuerza Aérea Uruguaya que llega hasta el frío continente) y volar hasta allí. Es bastante más complejo que eso.

La misión de relevo que partió desde la capital uruguaya la mañana del martes con destino final la Antártida sigue a la espera de la señal para poder cruzar desde Punta Arenas. En total, ya ha pasado dos noches en Chile. Unas 42 personas, que incluyen desde microbiólogas e ingenieros hasta navales y dos periodistas (incluyéndome), deben esperar cada mañana el veredicto. Hasta ahora, la noticia que proporciona Operaciones del Instituto Antártico Uruguayo (en base a reportes de meteorología de Internet Flight Information Service (IFIS) ha sido la misma: las condiciones climáticas en la pista de aterrizaje en la Antártida (que queda a unos cinco kilómetros de la Base Artigas, en la isla Rey Jorge) no son buenas. Hay que esperar.

La expectativa anterior al viaje era relativamente buena. Había un 90% de probabilidades de poder llegar a Punta Arenas, cargar combustible, y cruzar. Sin embargo, y más allá de las condiciones meteorológicas, un incidente lo hizo imposible. El piloto debió apagar uno de los motores del Hércules para prevenir un posible desperfecto. Este avión tiene cuatro motores. Puede volar hasta con dos. La mañana siguiente llegó desde Santiago de Chile el repuesto para el avión, pero el clima seguía sin arreglarse.

En el grupo de viaje los sentimientos son diversos. Están aquellos que comprenden a la perfección e incluso se esperaban esta tardanza. Son quienes ya han viajado a la Antártida y conocen las reglas de juego. Y estamos los que no conocemos y nos cuesta superar la desazón diaria de estar tan cerca de ese lugar al que pocos llegan, y al mismo tiempo no poder hacer nada para cambiar la situación. Aun así, una breve explicación de por qué es necesaria esta espera sirve de consuelo.

La ventana


El de la Antártida es un sistema complejo porque es “la cuna de nacimiento de todos los sistemas” (los centros de presión y de perturbación, etcétera), explicó a Cromo el meteorólogo Juan Luis Pérez, de la compañía de servicios meteorológicos Nimbus. En pocas palabras, se puede decir que Punta Arenas es el lugar “donde se originan las cosas” y lo que hace difícil o complejo cruzar hasta allí es el hecho de que las condiciones meteorológicas son “extremadamente variables”.

“Aquí, dos enormes masas de agua se juntan: una más salada y de mayor temperatura, y otra un poco menos salada con menor temperatura”, dijo Pérez. Es el Estrecho de Magallanes, donde los océanos Pacífico y Atlántico se chocan. Es esta condición la que origina el viento que actualmente hay en Punta Arenas. Aunque aquí es verano, la temperatura es similar a la del invierno uruguayo (de hecho, las tiendas de ropa tienen en liquidación las prendas de abrigo y ya exhiben las de temporada, que incluyen mallas y bikinis). La temperatura máxima ronda los 12, 13º Celsius.

Según el meteorólogo de Nimbus, estas condiciones hacen que muchas veces al sobrevolar la base antártica, la visibilidad sea tan baja que los pilotos pueden ver el piso solo cuando están a punto de tocarlo. En una pista normal, la visibilidad mínima requerida son unos 500 metros en adelante. Pero en el continente blanco es todavía más complejo, sobre todo en verano. “El hielo se derrite, se produce un ablandamiento de la superficie”, dijo Pérez. “El aterrizaje no es simple y debemos ser fieles a las observaciones”, agregó.

Lo que se suele escuchar es que los pilotos esperan a que se abra “la ventana”. Una ventana meteorológica no es más que un período de tiempo en el que hay que realizar determinadas tareas, en este caso, aterrizar. Como las condiciones meteorológicas pueden variar de forma tan brusca (incluso en diferentes partes de la isla), puede suceder que se emprenda el vuelo y que esa ventana se cierre antes de llegar. En ese caso, los pilotos pueden sobrevolar la pista durante media hora esperando una nueva oportunidad. Si esta no se da, deben volver a Punta Arenas.

Por eso, la espera vale la pena. Porque por encima del tremendo entusiasmo por pisar la mítica Antártida tal vez por única vez en la vida, la seguridad de poder volver siempre estará primero.

 



 


Equipos que no se congelen


 

La tarea del meteorólogo Juan Luis Pérez en esta misión es instalar unos equipos capaces de sobrevivir al frío de la Antártida mientras envían información constantemente. Se trata de una estación meteorológica que puede funcionar a unos 40 o 50 grados bajo cero, que cuenta con un sistema de calentamiento y que se autogestiona, contó Pérez, quien añadió que fue la empresa Nimbus la que agregó a estos equipos el componente robótico.

El objetivo será investigar (el primer año ya permitirá trazar una tendencia) los altos niveles de radiación que se registran desde hace un tiempo en el sistema atmosférico uruguayo. Los equipos, que cuentan con sensores de humedad, temperatura, viento y punto de rocío, se instalarán en el centro de comunicación de la Base Artigas e intentarán dar respuesta a por qué el Glaciar Collins (sobre el que está recostado la base) no se congela del todo.

“Se está desangrando hace mucho tiempo”, explicó el meteorólogo, que agregó que una de las hipótesis se relaciona con el espesor de la capa de ozono, que a su vez se debilita en el norte. Más adelante se podrá conocer si las causas se deben o no a la acción humana. ¿Por qué en la Antártida? Porque si es donde nacen todos los problemas, es donde buscarán la solución, explicó.


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