Phablets: una crisis de identidad muy popular

Mientras los teléfonos se preguntan si son un smartphone o una tableta, los usuarios aseguran que los quieren y obligan a la industria móvil a crear teléfonos con pantallas más grandes
Es cierto, entran en la cartera de la dama. Pero definitivamente no caben en el bolsillo del caballero. O al menos en el bolsillo de un pantalón tradicional. Una phablet sería un producto difícil de colocar para el tradicional vendedor ambulante de los ómnibus montevideanos. En cambio, ha demostrado que no es en absoluto complicado de vender para las grandes marcas que decidieron jugarse por estos enormes teléfonos o pequeñas tabletas para hacer llamadas, como prefiera definirlos.

Las phablets son teléfonos inteligentes de mayor tamaño que los que, hasta hace muy poco, se consideraban estándar. Los analistas de mercado que se ocupan de estos asuntos no se ponen del todo de acuerdo, pero en términos generales miden más de 5 pulgadas (medida que se toma en diagonal y que equivale a 15,24 centímetros) y menos de 7 pulgadas (17,78 centímetros).

La crisis de identidad que padecen estos aparatos (¿qué soy, una celular o un tableta?) no le han conferido a la categoría ningún trauma. Se venden como pan caliente y los pronósticos son aun más auspiciosos para el futuro cercano.

Según la firma analista Barclays, el mercado ávido de phablets se cuadruplicará en los próximos tres años, llegando a valer US$ 135.000 millones. En el mismo período se estima que se producirán y enviarán mundialmente para su venta unos 228 millones de estos grandes teléfonos. Las estimaciones varían según la empresa, porque no hay un acuerdo claro sobre qué tamaño tienen las phablets. Por ejemplo, el nuevo Galaxy S5 de Samsung tiene 5,1 pulgadas y algunos lo consideran dentro de esta categoría, mientras que otros lo niegan. En cualquier caso, la tendencia es al crecimiento exponencial.

Pesado pero qué bien se ve


Cuando una persona que nunca usó una phablet le pregunta a otro usuario que ya estrenó la suya si no le resulta demasiado pesada, grande, ostentosa o directamente ridícula, la mayoría responde que no. De hecho, muchos usuarios defienden sus ventajas como verdaderos convertidos.

Es que la creciente popularidad de estos celulares deriva de la convergencia de varias tendencias en el mercado: se prefieren las pantallas más grandes porque cada vez se consume más contenido audiovisual, incluyendo películas enteras (Netflix para celulares) pero también videos cortos y muchos videojuegos.

Una pantalla más grande permite una mejor experiencia visual, pero también es más cómoda a la hora de moverse con los dedos sobre ella para pinchar un link, agrandar un texto y mover de un lugar al otro. A su vez, a la hora de usar aplicaciones, estas requieren cada vez más de movimientos gestuales táctiles, mientras que un teclado de buen tamaño es motivo de agradecimiento para los millones de personas que se quejan porque no se adaptan a tipear en pantallas pequeñas.

Esta realidad va de la mano de otro cambio de conducta que se registra desde hace mucho más tiempo: el celular se usa cada vez menos para hablar y más como computadora personal para producir, informarse o entretenerse. Para todas estas actividades es indudable la ventaja de una pantalla más grande, sin llegar a ser tan grande como la de una tableta.

Por otra parte, una phablet le permite al usuario tener conexión permanente vía 3G o 4G. Para lograr lo mismo en una tableta es necesario pagar más por el modelo que incluye este tipo de conexión (que se suma al Wi-Fi) y, además, pagar un plan celular o cargar algún tipo de tarjeta de prepago. Con un smartphone grande, en cambio, varios pájaros caen muertos de un mismo tiro.

Todas las ventajas anteriores se ven seriamente limitadas cuando se enfrentan a la desventaja mayor: un celular de entre 5 y 7 pulgadas no es cómodo de sostener a la hora de hablar ni mucho menos liviano, sobre todo a medida que la conversación se alarga. A la hora de la movilidad, es complicado de ubicar en bolsillos o carteras, o al menos más complicado que un smartphone estándar.

La moda en Uruguay


En Uruguay la tendencia se adivina, aunque mucho más lentamente que en otros mercados. Según datos proporcionados por Antel, del total de los servicios móviles que tiene esta compañía el 25% ya son smartphones. No obstante, entre ellos las phablets son todavía pocas y representan cerca del 0,5% del total de móviles de la empresa, aunque “han comenzado a crecer”, informaron.

Para Fernando Leis, director de marketing de Movistar Uruguay, la phablet es un producto que hasta ahora ha sido “muy de nicho”, sobre todo porque hay menos modelos y son de mayor precio. Leis dijo que el público uruguayo opta en su empresa por equipos con pantallas que tienen como máximo 5 pulgadas: “Si bien son displays grandes, no son tan importantes como una phablet, pero para el uso cotidiano son más cómodos y fáciles de transportar”.

En Claro también detectan un aumento en la demanda de este tipo de smarthpones entre sus clientes, pero sobre todo proveniente de tiendas corporativas, explicó Sebastián Aguiar, gerente de marketing de la empresa. “Son personas que los utilizan como herramienta de trabajo”, explicó.

De todos modos, “cada vez se ven más pedidos por consumidores masivos y sobre todo público joven, aunque de a poco van generando interés también en personas de más de 40 años, ya que les permite una mejor y más cómoda visualización de los contenidos”, afirmó Aguiar.

Muy difícil de agarrar


Lo que en 2010 pareció una exageración incluso risible no es más que la evolución –o involución, cada uno dirá– del celular. Los primeros que invadieron el mercado eran grandes y pesados, ciertamente mucho más ridículos de lo que nunca serán las phablets. Sin embargo, los despectivamente llamados “ladrillos” fueron recibidos con entusiasmo por los millones de personas que por primera vez pudieron comunicarse en la calle o en cualquier lado sin necesidad de contar con un teléfono de línea.

En el mercado se considera que el “inventor” de la phablet fue Samsung, con su popularísimo Galaxy Note, pero la realidad es que antes ya lo había intentado Dell, con su teléfono Streak, lanzado en 2010. Entonces el éxito no lo acompañó, tal vez porque la tendencia prevalente eran los celulares con pantallas de unas 4 pulgadas. El iPhone 4, por ejemplo, se lanzó en 2010 con un display de 3,5 pulgadas.

Samsung sí llegó en el momento justo y con el producto correcto, el Galaxy Note, que luego tuvo descendencia y sigue tan campante conquistando adeptos. No es de extrañar que el mercado más ávido de estos grandes teléfonos sea Asia, donde el año pasado se vendieron tan bien como las tabletas y laptops juntas. En Corea del Sur, en particular, el 41% de los usuarios de smartphones y tabletas con sistema Android eligen dispositivos de entre 5 y 7 pulgadas, según la firma de análisis Flurry.

Defensores y detractores aparte, si la tendencia de lo que vendrá se mide por lo que se mostró en el Congreso Mundial de Móviles que se realizó en febrero en Barcelona, las pantallas grandes seguirán siendo favoritas a la hora de elegir celulares inteligentes. Las grandes marcas se jugaron a las phablets: Huawei con su MediaPadXL, ZTE con su modelo Grand Memo II de 6 pulgadas, Alcatel lanzó el Pop C9 y el propio Galaxy S5 de Samsung, con pantalla de 5,1 pulgadas.

Además, si los rumores se prueban ciertos, en pocos meses la frutilla de la torta podría ser un iPhone con pantalla de entre 4,7 y 5,7 pulgadas –es imposible ponerse de acuerdo cuando se trata de rumores–. Los últimos modelos de la línea central de smartphones de Apple, el iPhone 5 y 5S, tienen pantallas de 4 pulgadas. Por lo que, si finalmente la nueva versión llega a las 5,7 pulgadas, el iPhone 6 será una phablet indiscutida, para pesar del fallecido Steve Jobs.

 


Familia Galaxy Note


Samsung impuso la moda de las phablets en 2011, cuando lanzó el primer Galaxy Note. En ese entonces, la prensa especializada llegó a publicar críticas tan duras como “Se va a ver estúpido hablando por él” (Boy Genius Report) y “No solo está diseñado pobremente, sino que a duras penas está diseñado para seres humanos” (Gizmodo).

Sin embargo, los usuarios no estuvieron de acuerdo. En nueve meses, Samsung vendió 10 millones de Note, lo que lo convirtió en uno de los lanzamientos de teléfono más exitosos de la historia. El segundo modelo de la familia demoró cuatro meses en llegar a esa cifra y el último, lanzado en setiembre pasado, lo consiguió en apenas dos meses.


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