Otro efecto nocivo de las petroleras

Un estudio vincula el varamiento de unos 100 delfines con el uso de un sónar de alta frecuencia empleado por la compañía ExxonMobil
El varamiento de unos 100 delfines de Electra (Peponocephala electra) cerca de Madagascar en 2008, muchos de los cuales murieron, fue relacionado con el uso de un sónar de alta frecuencia empleado por la compañía petrolera ExxonMobil, según un informe publicado el jueves.

"Esta es el primer varamiento masivo de mamíferos marinos que puede asociarse estrechamente con estudios cartográficos realizados con sónares de alta frecuencia", dijo el informe divulgado por la Comisión Ballenera Internacional (IWC, por sus siglas en inglés).
Esta es el primer varamiento masivo de mamíferos marinos que puede asociarse estrechamente con estudios cartográficos realizados con sónares de alta frecuencia", dijo el informe 

Estos sonares producen fuertes sonidos que supuestamente desorientaron a los cetáceos, varados en la Laguna de Loza, en el noroeste de Madagascar.

"ExxonMobil considera que las conclusiones de este grupo de expertos (...) no se justifican por la falta de información en 2008", dijo a la AFP un portavoz del gigante petrolero estadounidense, Patrick McGinn.

"Como revela el informe, varias incertidumbres y la falta de datos clave limitan la capacidad de hacer un análisis exhaustivo de las causas del varamiento", añadió.

El problema de los sónares


Oceana, la ONG internacional que trabaja para la conservación de los océanos, saludó en un comunicado este informe "que por primera vez establece un vínculo directo entre el uso de estos sónares y la muerte de animales marinos".

La ONG recordó que el gobierno estadounidense tiene planes de autorizar el uso de esta misma tecnología, y aún más potente, a lo largo de la costa este de Estados Unidos, de Delaware a Florida, para exploración petrolera.

El Departamento del Interior, responsable de la gestión de los recursos naturales, había estimado en 2012 en un informe que los sonares de alta frecuencia tendrían efectos adversos en los animales marinos, como lesiones o incluso la muerte.

El gobierno, a través de la ley sobre la protección de especies en peligro de extinción, solicitó prohibir estos sonares en algunas áreas durante los períodos de reproducción, especialmente en los de las ballenas francas del Atlántico, que están amenazadas.

El Departamento del Interior estima que el impacto de los sonares en la vida marina sería moderado, pero afirma estar listo para prohibir esta tecnología si los riesgos para los animales marinos son demasiado altos.

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