Ori and the Blind Forest, una versión hermosa de los viejos videojuegos

Los títulos de plataformas en 2D, cuyo mayor representante son los de Mario Bros., están viviendo una especie de renacimiento que mantiene aspectos típicos, pero con efectos visuales espectaculares


Desde principios de la década de 1980, cuando los niños pululaban por las salas de maquinitas desbordadas de personajes en 2D como Donkey Kong, hasta mediados de 1990, cuando Mario 64 revolucionó las consolas de videojuegos con sus espacios en 3D, los juegos de plataforma fueron furor.

A finales de 1990 y años siguientes, era difícil no darse cuenta de que los vientos habían cambiado de dirección. Las paletas de colores brillantes, asociadas con los estándares anteriores de la industria, dieron lugar a tonos más apagados y personajes melancólicos que llegaron cuando se popularizaron Call of Duty y Grand Theft Auto.

Pero, como dice el dicho estadounidense, “solo espera 20 años y volverá a estar de moda”. No es una sorpresa que hoy el género de plataformas en 2D haya experimentado un mini renacimiento por un tiempo, principalmente gracias al esfuerzo de estudios pequeños. Si bien muchos se aferraron a la nostalgia, pocos han innovado al ampliar el alcance emocional del género.

Ori and the Blind Forest (“Ori y el bosque ciego”), de los estudios Moon, fue lanzado recientemente para Xbox y computadoras. Se trata de una juego de plataforma en 2D suntuosamente animado. Es muy posible que, si se le preguntara a los jugadores de Super Nintendo 64 en sus días cómo se verían los juegos en el futuro, algo como esto habría sido la respuesta.

Es que este juego tiene la elegancia visual de una película maravillosamente animada. De hecho, los desarrolladores citan el trabajo del cineasta japonés Hayao Miyazaki como una de sus fuentes de inspiración (una de las pantallas del juego se llama “Valle del viento”, un guiño a la obra de Miyazaki titulada Nausícaa del valle del viento).

De menos a más


Ori and the Blind Forest se aferra a los colores típicos del género, pero su narrativa hace que estos se vean con un toque melancólico. Al principio del juego, una voz resonante describe cómo el espíritu de un bosque llamado Ori se perdió durante una noche de tormenta.

Mientras que Ori flota a través del aire, en la forma de una hoja incandescente, un bípedo exótico llamado Naru está sentado en un tronco aparentemente indiferente de la lluvia, con sus brazos apoyados sobre su panza. Luego de que Naru se encuentra con el espíritu del bosque, ella lo adopta. Una serie de imágenes los muestra a ambos juntando frutas contentos, alegres con su mutua compañía, y durmiendo.

El idilio llega a un final con un evento catastrófico: el enceguecimiento del bosque, que deja sus alrededores desolados. Naru parece fallecer y Ori presencia su último aliento luego de embarcarse en un viaje desolador. Sin embargo, un espíritu conocido hace que el protagonista recobre sus esperanzas.

El juego comienza engañosamente fácil, pero luego lleva a los jugadores por un camino entrecruzado en la búsqueda de los componentes necesarios para ir desbloqueando nuevas porciones del mapa, como el “Bash Atack”, con el que Ori roba la velocidad de los proyectiles de los enemigos para propulsarse. Esta mecánica ingeniosa del juego lleva a los enemigos de la típica postura adversaria al rol de ayudantes involuntarios.

Una función fácil de guardado permite a los jugadores grabar su progreso en cualquier momento, siempre y cuando Ori se encuentre en tierra firme, lejos de enemigos y con la célula de energía completa.

Ori and the Blind Forest desafiará la destreza de casi cualquier jugador que no se desayune con títulos clásicos de plataforma. Si esta afirmación no es suficiente para motivar al lector, entonces debe saber también que este es un juego que despierta las ganas de abrazar a los desarrolladores.

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