Neandertales versus la celeste

¿Quién ganaría un partido de fútbol? La mayor fuerza de los primitivos podría ser una ventaja, pero las diferencias en precisión y resistencia con los jugadores podrían significarles una goleada en contra
El fútbol es un deporte en el que juegan 11 contra 11 y en el que siempre gana Alemania”, espetó con bronca inglesa Gary Lineker tras perder en la semifinal del Mundial de Italia 90. ¿Y qué pasaría si un equipo tuviese 11 fuertes y robustos neandertales? No sería rival ni para la Mannschaft ni para Uruguay ni para otra selección de fútbol. Nuestros antepasados solo tendrían ventaja en el caso de una pelea. Así lo entendió el paleontólogo Richard Fariña al comparar la complexión y la capacidad física de los neandertales y los futbolistas modernos.

“Los neandertales eran muy robustos, mucho más que los homo sapiens. Por esa razón, si el juego se volvía demasiado brusco, ellos iban a tener una gran ventaja”, explicó el paleontólogo que ha estudiado la biomecánica del fútbol.

Distintos hallazgos arqueológicos permitieron estimar que los homínidos eran de estatura mediana –alrededor de 1,65 metros los hombres y 1,55 metros las mujeres–, rellenitos, pero con bíceps más grandes. “Les iría mejor en el rugby que en el fútbol”, afirmó Fariña.

Se estimaba que el porcentaje de material genético neandertal que se preservaba en los homo sapiens estaba entre 2% y 4%, hasta que una investigación de la Universidad de Washington fue más allá y determinó que la cantidad acumulada es del 20%.

Dos equipos


Los primitivos cazaban a corta distancia, utilizando lanzas con o sin punta de piedra, pero con poca precisión. Lograban alimentarse de grandes animales como mamuts, rinocerontes lanudos y bisontes gracias a la caza en grupo y a la planificación del ataque.

Por ejemplo, en Francia se encontraron pruebas de cómo condujeron a la muerte a cientos de bisontes llevándolos hasta un pozo. El manejo de flechas, en cambio, es más sofisticado y está asociado al desempeño del homo sapiens.

La falta de precisión no los ayudaría en el fútbol, que requiere de exactitud para los pases de pelota y remates a distancia. “La precisión es mucho mayor en los homo sapiens y, por lo tanto, (juega a favor) de Uruguay”, comentó Fariña. Por otra parte, los neandertales eran demasiado bajos para ganar en el juego aéreo.

Su única ventaja es la fuerza. Un reciente estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences reveló que los humanos cazadores y recolectores de hace unos 7.000 años tenían huesos comparables en fuerza a los de los orangutanes actuales. El esqueleto se hizo más “ligero y frágil” con la aparición de la agricultura, que trajo asociado un estilo de vida más sedentario.

Además del mayor volumen de los neandertales, sus músculos estaban conectados en el antebrazo, lo que les permitía mantener la contracción muscular en un rango de movimiento de la muñeca mucho más amplio que el del homo sapiens. Al mismo tiempo, los huesos de sus extremidades eran bastante cortos, lo que significa que estaban adaptados para tareas de fuerza. También desarrollaron más el trapecio, el deltoides y los tríceps. No en vano estaban acostumbrados a cargar varios kilos de carne durante varios kilómetros.

Pero todo esto les resultaría más útil en una pulseada o en el rugby. En el fútbol importa más la velocidad. Y la Celeste tiene aquí otra ventaja. Los jugadores, como buenos ejemplares de homo sapiens, tienen el talón más bajo y el tendón de Aquiles más largo, lo que les otorga un mayor impulso hacia delante.

“Si se consigue una táctica que evite el contacto físico, en la que juguemos la pelota a distancia y se aprovecha la probable menor velocidad de los homo sapiens, la selección uruguaya debería tener un muy buen resultado en contra de los neandertales”, señaló el paleontólogo.

Un deportista de elite puede visualizar siete puntos dentro del campo de juego en un segundo. Un jugador promedio, solo tres. Un homo sapiens común y corriente, en cambio, no es capaz de discernir adecuadamente ante la diversidad de opciones que se presentan en su campo visual, según determinó Ken Bray, autor del libro Cómo anotar: la ciencia y el hermoso juego. Además, el jugador utiliza más su lóbulo frontal que el sistema límbico, lo que le permite ejecutar las acciones sin interferencia de sus emociones.

La goleada celeste estaría asegurada, además, porque el jugador moderno es un individuo “altamente especializado” en su tarea. En cambio, el individuo primitivo “tenía que ser especialista en todo”, puesto que su única misión era sobrevivir. Eso sí: “Si se pusiese a vivir a los atletas en las mismas circunstancias en las que vivieron los neandertales, no durarían ni 15 minutos”.

 


La celeste en clave animal según Richard Fariña


 

Diego Godín

Al paleontólogo, el defensa le recuerda al parasaurolophus, un dinosaurio con “mucho hueso esponjoso en el tope del cráneo” que podía pelear con cabezazos.

Martín Cáceres

“El movimiento de la pierna del Pelado es como el coletazo del gliptodonte”, comparó Fariña. El lateral uruguayo roba la pelota como peleaba el armadillo.

Luis Suárez

El tigre dientes de sable “no era un gran corredor ni gran fondista”, pero “cazaba por emboscada, con viveza y era un gran depredador”, así como Suárez en la cancha.

Los Pereira y Arévalo Ríos

La capacidad física de Maxi y Álvaro Pereira y de Egidio Arévalo Ríos recuerda a los lobos: corren mucho, en manada y con enorme resistencia.

Edinson Cavani

El kudu es un antílope africano de gran tamaño que “no es solo ágil, sino también fuerte” y, según Fariña, se asemeja a la postura del delantero en la cancha.


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