Mil y un planetas descubiertos en busca de nuevas Tierras

En menos de dos décadas, se han descubierto un millar de planetas orbitando otra estrella distinta al Sol. El trabajo para la confirmación de un planeta habitable sigue activo pero depende de nuevos aparatos y tardará años en llegar
Sólidos, helados, gaseosos, ardientes, grandes e inmensos. Desde que en 1995 se anunciara por primera vez el hallazgo de un planeta ajeno a nuestro Sistema Solar, ya se han encontrado un millar de exoplanetas. Así lo confirma la Enciclopedia de los Planetas Extrasolares, que en sus archivos acaba de saltar de los 999 a los 1.010 descubrimientos catalogados. Un millar de mundos que, aunque nos gustaría soñar, no tienen apenas posibilidades de ser uno de los que haya cultivado vida en su interior. Demasiado gaseosos, demasiado cálidos, demasiado inhóspitos para proporcionarnos unos primos lejanos en el Universo.

“Tenemos localizados algunos similares en tamaño a la Tierra, pero suelen estar muy cerca de su estrella, calientes en exceso. Otros, tienen la temperatura ideal, pero son gigantes gaseosos. Todos están fuera del límite de lo potencialmente habitable”, lamenta el astrofísico Hans Deeg, del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC). Deeg comenzó un programa para localizar exoplanetas en 1994, un año antes de que los suizos Michel Mayor y Didier Queloz publicaran en Nature su hallazgo: un planeta de la masa de Júpiter que acompañaba a la estrella 51 Pegasi. El primer planeta orbitando una estrella que no fuera el Sol.
Encontrar un mundo nuevo es algo bonito. Somos los primeros que sabemos algo de él”, dice un investigador

En las siguientes dos décadas, se han sumado mil planetas al listado, que aun así es algo inestable. Algunos que se dan por buenos podrían terminar descartándose y, al contrario, algunos desechados pudieran volver al grupo. En la actualidad hay una lista B con 192 candidatos inciertos, lo que da muestra de lo complejo del proceso. De hecho, el exoplaneta más antiguo es HD 114762 b, descubierto en 1989 pero considerado como una estrella de baja masa al que sólo en los últimos años se ha otorgado a la consideración de planeta. La NASA de momento sólo contabiliza 919 (cuenta más de 3.500 candidatos), porque exige que el hallazgo se haya publicado en una revista científica para darlo por bueno.

No hay un momento en el que el telescopio de pronto apunte a una canica azul en el cielo. Lo explica Deeg: “Empezamos con muchos candidatos seleccionados de antemano. Es un trabajo de mucho detalle, de analizar muchos datos, de trabajo en equipo”. No obstante, hay algo de margen para la alegría cuando se confirma uno de estos hallazgos: “Encontrar un mundo nuevo es algo bonito. Somos los primeros que sabemos algo de él. Es alegre pero frustrante, porque el trabajo es muy lento y la satisfacción es limitada”, afirma este investigador alemán del IAC, que ha catalogado medio centenar de exoplanetas. Ni siquiera se tiene la satisfacción de bautizar al planeta, ya que todavía sigue abierta la discusión de si sería oportuno ponerle nombres populares a estos hallazgos en lugar de los actuales (51 Pegasi b, por ejemplo).

Planetas tímidos a las cámaras


Estos logros se certifican con mediciones indirectas, analizando alteraciones en el entorno de las estrellas que puedan atribuirse a la presencia de un planeta. La mayoría de los hallazgos se realizan midiendo variaciones en el movimiento de uno de estos soles, debidos a la influencia de la gravedad de otro mundo (método de la velocidad radial). También es muy común el estudio de cambios en la luminosidad de la estrella: si hay cambios sutiles, puede deberse a que un planeta cruza por delante de ella en su órbita.

Apenas se ha logrado fotografiar unos pocos exoplanetas. “Se ha detectado con imagen directa unos 30. Reconoces un punto luminoso en la imagen. Pero sólo se puede hacer con una clase muy especial de planetas, que están muy lejos de su estrella, para evitar el contraste de brillo. Suele darse en sistemas jóvenes en los que el planeta aún está muy caliente y emite más luz”, dice el astrofísico Hans Deeg. El primer exoplaneta retratado fue el 201207b, en 2004, gracias al Telescopio Muy Grande de Chile: es ese punto rojo de la imagen.

¿Qué ha cambiado desde aquellos primeros años de descubrimientos pioneros? “Entonces no se pensaba realmente que pudiéramos encontrar tantos ahora. Al principio cada hallazgo era un acontecimiento especial”, razona antes de indicar que el salto tecnológico lo dieron las misiones enviadas para ayudarles en su búsqueda, unos ojos en el espacio que permiten observar con más garantías el movimiento en torno a las estrellas candidatas.

Telescopio muerto, telescopio propuesto


En concreto, el telescopio Kepler y el CoRoT, una misión liderada por Francia y en cuya puesta en marcha (y posterior aprovechamiento) participó Deeg. En la actualidad, el CoRoT ya está fuera de servicio -en junio se anunció que se dejará que arda en la atmósfera- y el Kepler anda renqueante después de una avería. Así que de momento no se cuenta con las herramientas imprescindibles para encontrar nuevas Tierras. Kepler se mandó al cielo con este objetivo que, a pesar de muchos otros logros, no ha conseguido.

En nuestra galaxia habría cientos de miles de millones de planetas, y muchos de ellos (un cálculo dice que 17.000 millones) son candidatos a ser como la Tierra. De los que conocemos, unos pocos son de esos potencialmente habitables, con muchas dudas sobre su situación real. El nuevo director del IAC, Rafael Rebolo, confesaba hace días a esta redacción su sueño de que el grupo de Deeg diera con Tierras habitables de aquí a cinco años. Pero el astrofísico alemán es más prudente, ahora que no hay telescopios espaciales dedicados a pleno rendimiento a esta compleja misión.

Dentro de unos cinco años, la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA) junto a Suiza pondrán en marcha nuevos telescopios. Además, en estos momentos, Deeg está preparando para la ESA un futuro gran buscador de mundos, PLATO. Todavía no es más que un candidato a convertirse en una misión real, como EChO, otro de estos futuribles proyectos europeos que también se centra en los exoplanetas. Los elegidos se sabrán en febrero de 2014 y se pondrían en marcha en 2020 o 2022. Por todo ello, Deeg contemporiza: “Quizá encontraremos un planeta habitable dentro de unos diez años… o más”.

 

Vía Materia

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