Mi amante es un robot

Predicen que para 2050 se podrán contratar androides para tener sexo
Los burdeles del futuro ofrecerán robots en lugar de personas. Al menos así lo proponen el sexólogo Michelle Mars y el profesor de turismo Ian Yeoman en la investigación Robots, hombres y turismo sexual publicada en mayo en el diario Futures.

Sexo seguro y libre de culpas es una de las razones que evocan los autores, ambos de la universidad de Wellington, Nueva Zelanda. Aunque demasiado futurista para unos y de ética cuestionable para otros, la idea no parece descabellada para Mars y Yeoman, que ven en el sexo con robots la solución a varios problemas.

Pro robots


En primer lugar, mejoraría la industria del turismo sexual, ya que los robots estarían libres de enfermedades, como VIH. Los ejemplares estarían hechos de fibra resistente a las bacterias, por lo que tampoco transmitirían enfermedades entre los clientes.

A su vez, ayudaría a reducir el tráfico de trabajadoras sexuales. Sin embargo, de esta misma ventaja se desprende que se generarían incidentes con los prostíbulos de personas reales, por la escasez de trabajo.

De hecho, en el escenario futurista que Mars y Yeoman predicen se incluyen protestas por los trabajadores sexuales, que quedarían fuera del negocio por no poder competir con las capacidades sobrehumanas de los robots.

Otra razón que hace plausible este futuro, según los autores, es el crecimiento de la industria del sexo y el deseo de un objetivo inalcanzable: la perfección humana. La popularidad de la cirugía plástica es una de las señales que los investigadores apuntan como antecedente en este sentido, así como el éxito en el negocio de las muñecas sexuales en Japón y Corea del Sur.

La cuestión de si las personas estarían dispuestas a mantener relaciones sexuales con robots no se contempla en la investigación. Tampoco si las parejas lo considerarían infidelidad.

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