Máquinas que piensan como humanos

Avances en diversos ámbitos del conocimiento hacen que la inteligencia artificial esté cada día más cerca
Los constantes avances en computación o algoritmos de aprendizaje de máquinas están haciendo que la inteligencia artificial, aún lejana, se vaya acercando a una velocidad creciente.

La perspectiva de encontrarse con máquinas con conciencia, despierta multitud de inquietudes relacionadas a la naturaleza de la conciencia en sí misma y arroja nuevas preguntas sobre el significado de ser inteligente, que son abordadas de una manera cada vez menos especulativa por distintas disciplinas.

El océano de la mente


A lo largo de la historia, la mente ha sido uno de los grandes misterios a los que se ha tenido que enfrentar el ser humano. Desvelar sus entresijos ha impulsado el desarrollo de diversas teorías sobre su funcionamiento, las cuales encuentran en las investigaciones sobre la inteligencia artificial un nuevo eslabón.

Como cuenta el ciberpsicólogo Kostas Mavropalias, hace un cuarto de siglo Descartes establecía una separación dicotómica entre un cuerpo material y una mente inmaterial. Más adelante, a finales del siglo XIX, la psicología del comportamiento se propuso superar esta maniquea concepción tratando de vincular uno y otro a través de la forma de comportamiento.
Hoy en día, el estudio de la mente humana alimenta las investigaciones sobre cómo las máquinas procesan la información, y viceversa"

Esta escuela tiene su ejemplo más clásico en el conductismo de Ivan Pavlov, que encontró su punto débil en la evidencia de que no todos los estados mentales son observables en el comportamiento. Este hallazgo sentó las bases de un Formalismo que sostenía que los estados mentales son funciones que median entre lo que ocurre afuera y lo que sucede adentro de la mente.

Hoy en día, el estudio de la mente humana alimenta las investigaciones sobre cómo las máquinas procesan la información, y viceversa. La psicología cognitiva examina la cognición humana, los procesos mentales y el comportamiento complejo. Explora procesos como la percepción, atención, aprendizaje, memoria, visión, lenguaje, emoción, razonamiento o creatividad, y todos ellos son procesos que las investigaciones de inteligencia artificial tratan de comprender, modelar y reproducir artificialmente.

A su vez, la ciencia cognitiva, la robótica y la inteligencia artificial han afectado profundamente a cómo la cognición humana es vista y estudiada. La teoría computacional de la mente percibe el cerebro humano como un sistema de procesamiento de información y considera al pensamiento como una forma de computación. Sus experimentos crean modelos psicológicos informáticos que emulan el pensamiento humano. Esto, por un lado, contribuye a explicar los complejos procesos mentales de las personas y, por el otro, ayuda a científicos cognitivos a replicarlos en las máquinas.

Gracias a esto, la inteligencia artificial busca herramientas para crear máquinas autónomas (en forma de software o hardware, lo que se entiende popularmente como robot), que muestren parcial o completamente las características de las capacidades humanas y que, en último término, actúen humana y racionalmente.

Paso a paso


Aunque todavía insuficientes, se han logrado ya grandes hitos en el campo de la inteligencia artificial, especialmente en áreas como el aprendizaje de máquinas, gracias a los esfuerzos de compañías privadas como Google, Facebook o IBM.

Encarnación de estos progresos es el proyecto de IBM Deep QA, descendiente del Deep Blue que derrotó al entonces campeón mundial de ajedrez, Garry Kasparov, en 1997. Bautizado como Watson, esta nueva “mente computarizada” puede responder directa y precisamente a preguntas formuladas en lenguaje natural en un amplio rango de conocimiento.
Como seres humanos, instintivamente sabemos que un plato de sopa caliente tiene que ser manejado con más cuidado que uno vacío, pero conseguir que un robot lo entienda requiere de mucha investigación y desarrollo, ya que los robots tienen cero sentido común”

Para ello, la máquina emula procesos de comprensión natural del lenguaje, recuperación de información, aprendizaje de máquina, representación del conocimiento o razonamiento.

Desde el punto de vista del cuerpo, se ha llegado también a importantes metas. Un ejemplo de ello es el robot HRP-4C, que a través de 30 motores en el cuerpo y ocho en la cara, consigue crear expresiones emocionales de gran verosimilitud.

En cuanto al comportamiento, Leila Takayama de la empresa estadounidense de robótica Willow Garage, está enseñando buenos modales a los robots con ayuda de los animadores de Pixar.

Por lo pronto, las lecciones son simples: correrse a la izquierda cuando alguien quiere pasar a su derecha en un pasillo o no pararse en el centro de un ascensor cuando alguien más quiere subirse.

“Como seres humanos, instintivamente sabemos que un plato de sopa caliente tiene que ser manejado con más cuidado que uno vacío, pero conseguir que un robot lo entienda requiere de mucha investigación y desarrollo, ya que los robots tienen cero sentido común”, dijo Takayama.

Objetivo 2020


A pesar de los grandes progresos, la inteligencia artificial está aún lejos. La potencia de las computadoras no ha llegado todavía al nivel del cerebro humano, aunque se presume que hacia 2020 ya se dispondrá de un ordenador con tantos bits como los que tiene el cerebro.

Otras fuertes limitantes son la visión por computadora o la capacidad de interacción social de las máquinas, ámbitos que no han llegado todavía a su madurez.

Si bien la posibilidad de que una inteligencia artificial completa y consciente aparezca en el corto plazo es muy difícil, importantes cambios están sucediendo. La inteligencia como ha sido percibida tradicionalmente desde la psicología y la filosofía está cambiando, y la computación permite a los científicos comprender con más claridad los procesos cognitivos de los humanos en la medida en que pueden ser traducidos al código de las computadoras.

En un sentido más práctico, y con los avances que se están dando, no se tardará demasiado en que cierto tipo de inteligencia artificial se empiece a incidir en la vida cotidiana de muchas personas. Siri, la aplicación de reconocimiento de voz para iPhone, es solo un primer (y embrionario) ejemplo.

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