Los videojuegos presidenciales

El despiadado Frank Underwood de la serie House of Cards de Netflix canaliza su estrés político con videojuegos, pero lo llamativo es su paso de lo masivo a lo indie
Por lo general, lo que hace genial a un personaje en una serie tiene que ver con lo central: que el actor en cuestión parezca perfecto. El caso paradigmático desde hace tres años es el de Kevin Spacey, a quien el rol de Frank Underwood le calza tan bien que uno de los puntos más atractivos de la serie House of Cards es simplemente verlo ser Frank Underwood.

Pero también, lo que rodea a la personalidad de un personaje contribuye a que sea todavía más interesante. En ese sentido, el Frank Underwood gamer parece una gran jugada del equipo de guionistas de la serie por acercar a Underwood a un tipo de audiencia más joven e identificada con los videojuegos y la obsesión o desconexión que estos representan.

Pero lo interesante es la evolución: en la primera temporada, Underwood juega juegos del estilo First Person Shooter o “tirador en primera persona”; juegos del estilo Medal Of Honor que parecen por momentos lo único que le permite bajar a tierra. Hay también algunos momentos de lo que los estadounidenses llaman product placement –lo que se conoce o conocía como PNT o “publicidad no tradicional” por estas zonas- como el caso del episodio 4 de la primera temporada, cuando llega a casa de un político y le pregunta si la consola que tiene sobre la mesa es una PS Vita.

Ahora, en la temporada 3, Underwood pasa a los “juegos independientes”. En concreto, dos: el premiadísimo juego de plataformas con gráficos soñados para iOS Monument Valley y el aún más complejo, no lineal y kafkiano Stanley Parable. Ni el propio Underwood lo entiende al jugarlo, así que es recomendable que usted lo pruebe para entender bien de qué se trata.

Es difícil pensar que en alguno de estos casos lo que sucedió sea product placement: en realidad, lo que buscan asegurarse los creadores de House of Cards es que Underwood sintonice con una tendencia que hoy es de las más fuertes del mundo del videojuego: la creación independiente y las narrativas alternativas a la linealidad de argumentos de los juegos más mainstream.

Por si esto fuera poco, Underwood contrata para escribir un libro sobre su gestión a un escritor que reseña videojuegos. “¿Me contrató por mis reseñas sobre videojuegos?””, pregunta el escritor. Frank responde: “Me gustan los juegos de apuntar y disparar, pero luego de leer tu reseña sobre Monument Valley tenía que jugarlo”.

Así las cosas, sería por lo menos interesante ver a Frank Underwood probar algunos otros juegos mientras prepara su camino al segundo mandato. A saber:

1- Papers, please: un juego en el que sos un empleado de aduanas en una república post soviética ficticia, en el que hay que revisar pasaportes y encontrar posibles terroristas e inmigrantes ilegales. A veces, habrá que ser duro. Especial para mostrárselo al presidente Petrov en su próxima visita.

2- Democracy 3: sería genial ver la reacción de desprecio de Underwood –un gobernante, por lo menos, poco convencional- al probar este simulador de decisiones presidenciales que hace aumentar o descender la popularidad y define que como presidente el jugador renueve su mandato o conserve el cargo. Quizá el expresidente Walker pueda jugarlo en su tiempo libre.

3- Return of the Obra Dinn: del mismo creador de Papers, please, un juego en el que hay que usar el tiempo como arma y descubrir por qué toda la tripulación de un barco fue asesinada. Al principio, Frank puede sentirse perdido en la interfaz del juego, pero con su experiencia en homicidios (perdón, en supervivencia, como lo definiría él mismo) seguro se acomoda rápido.Una cosa más que debería saber Frank: Obra Dinn no es un juego completo; por ahora solo se pueden jugar varias escenas en la página de su creador Lucas Pope (dukope.com). Pero ¿hay algo más indie que jugar a un juego que todavía no se terminó?

 

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