Los secretos del Cerrado brasileño

La deforestación, la expansión agrícola y los incendios han destruido casi el 60% de la sabana con mayor biodiversidad del mundo

Mucho antes de la llegada del ser humano a esta parte central de Sudamérica, el Cerrado jugaba un papel vital para la supervivencia de muchas especies animales y vegetales. La región también es conocida como la sabana brasileña. Según Reuber Brandão, investigador de la Universidad de Brasilia, el Cerrado ha sido fundamental para albergar especies raras y endémicas en la historia del planeta, especialmente en períodos de fluctuaciones climáticas.

Situado en la meseta central del país, el Cerrado es el segundo mayor bioma brasileño cubriendo el 25% del territorio nacional. Al norte limita con la selva tropical amazónica, al sur y al sudeste con la Mata Atlántica y al nordeste con la región semiárida de Caatinga. El paisaje se caracteriza por terrenos llanos marcados por "chapadas", o mesetas extensas, de varios kilómetros de largo.

Con más de 10.000 especies de plantas, de las cuales un 45% son endémicas de la región, el Cerrado es la sabana con mayor biodiversidad del mundo. Presenta una geografía muy variada: desde praderas escasamente pobladas con arbustos y árboles pequeños hasta zonas forestales casi cerradas. No obstante, su mayor bosque está bajo tierra: un enorme sistema de ramas y raíces, lo suficientemente profundo como para sobrevivir a los incendios y encontrar agua durante períodos prolongados de sequía. Casi el 70% de la vegetación se encuentra bajo el suelo.

Este ecosistema brasileño también abastece a tres de las principales fuentes de agua de Sudamérica: los ríos Amazonas, Paraguay y San Francisco. Según la Autoridad Nacional del Agua (ANA) hay más de 10.000 fuentes de ríos en el Cerrado, que suministran agua a 11 estados brasileños. El área también cuenta con grandes recursos hídricos subterráneos, que nutren a la vegetación durante los períodos de sequía.

Menos del 2% de la superficie del Cerrado son parques nacionales o áreas protegidas, lo que la convierte en una de las sabanas más vulnerables del mundo. En su punto más alto se encuentra el Parque Nacional Chapada dos Veadeiros, que fue creado en 1961 en el estado de Goiás con una superficie de 625.000 hectáreas. En las décadas siguientes, el parque fue reducido a su tamaño actual de 65.000 hectáreas.

El parque es administrado por el Instituto Chico Mendes para la Conservación de la Biodiversidad (ICMBio), una agencia federal independiente vinculada al Ministerio de Medio Ambiente de Brasil. En 2001 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO para reducir la expansión agraria, la explotación minera, la extracción de plantas, la caza y el turismo incontrolado. Según ICMBio y WWF estos problemas han sido mitigados con éxito desde entonces.

Fuera del parque, la tasa de destrucción del Cerrado ha sido dos veces mayor que la de la selva tropical amazónica. Según Fernando Tatagiba, director del Parque Nacional Chapada dos Veadeiros, ya se ha destruido casi el 60% del ecosistema. Los árboles pequeños y las grandes extensiones de pastizales son fáciles de talar. El traspaso en 1960 de la capital del país a Brasilia, en medio del Cerrado, ha sido en parte responsable de esta situación. La naturaleza fue sacrificada en aras de la infraestructura y la historia de la región cambió de manera espectacular.

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En los primeros días de explotación de la tierra en esta parte del país, el suelo se consideró demasiado ácido para el crecimiento de cultivos. No obstante, con el apoyo del gobierno nacional de entonces, agrónomos de la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa) pudieron desarrollar la agricultura en la región. Para ello se añadieron toneladas de cal y fertilizantes al suelo para reducir la acidez. Desde hace dos décadas, en el Cerrado se producen cultivos como la caña de azúcar, el algodón, el maíz y la soja. Según el gobierno brasileño, la región es ahora responsable de casi el 70% de la producción nacional de soja.

Pero el Cerrado es también el hogar de especies en peligro de extinción, tales como el armadillo, el tapir, el jaguar y el lobo de crin (llamado comúnmente aguará guazú). El ave más grande de Sudamérica, el ñandú (Rhea), también vive aquí. Son fáciles de ver en medio de plantaciones, como ésta de soja, que no son su hábitat natural. De acuerdo con el Instituto Brasileño del Medio Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables (IBAMA), el Cerrado es el hogar de 67 especies de mamíferos, 837 de aves, 120 de reptiles y 150 de anfibios.

El Parque Nacional Chapada dos Veadeiros es una de las pocas áreas del Cerrado, que se conserva en su estado natural. Según la UNESCO, su central ubicación es fundamental para la conservación de la biodiversidad del ecosistema de la zona. Además, también es un atractivo para muchos investigadores nacionales e internacionales. En las últimas décadas, se han descubierto especies nuevas de animales y plantas aquí. Reuber Brandão está convencido de que muchas más esperan a ser descubiertas.

Durante los últimos cinco años, el ICMBio ha intentado aumentar el área protegida de 65.000 a 222.000 hectáreas. Sin embargo, el proceso requiere la aprobación del gobierno local de Goiás, lo cual todavía no ha sucedido.


Fuente: DW