Los robots que viven con los astronautas

Con diferentes misiones y capacidades, los androides Robonaut2 y Kirobo son parte de la tripulación de la Estación Espacial Internacional


Los seres humanos no son los únicos a bordo de la Estación Espacial Internacional (EEI), que orbita la Tierra a unos 400 kilómetros de altura. Los astronautas comparten su hogar y tareas con otro tipo de viajeros del espacio: robots. En 2010, viajó a la EEI Robonaut2 (R2), un robonauta humanoide fabricado por el Centro Espacial Johnson de la NASA y General Motors, que realiza actividades automáticas, como limpieza y mantenimiento. En 2013, se mudó un segundo androide. Se trata del japonés Kirobo, pensado para dar charla a los astronautas.

R2 es un peculiar astronauta que cuenta con un casco dorado, un visor brillante, un torso, dos brazos y manos con cinco dedos. En un comienzo, estaba fijo sobre un pedestal y luego empezó a navegar la EEI con pequeñas ruedas. La semana pasada, la cápsula Dragon llevó a la EEI no solo provisiones sino un par de piernas para R2. Estas tienen un alcance de casi 3 metros, siete articulaciones y un par de “ojos”. Pueden escalar en gravedad cero y agarrarse a barandas, por lo que eventualmente R2 podría asistir a sus colegas astronautas en caminatas espaciales.

Por su parte, Kirobo es un pequeño androide de traje negro y botas rojas, que mide 34 cm de alto, pesa cerca de 1 kilo y está equipado con un sistema de reconocimiento facial. Su misión en la EEI no es manejar herramientas ni trepar paredes, sino conversar con los astronautas humanos, que en la soledad del espacio necesitan relacionarse. Desarrollado por la Universidad de Tokio, Kirobo solo habla japonés, por lo que su principal amigo de charlas fue su compatriota Koichi Wakata.

Robots geeks


Al igual que sus compañeros del espacio, R2 se comunica con los terrestres a través de redes sociales. El androide tiene su propia cuenta de Twitter, donde hasta publica selfies. En tanto, Kirobo tiene su propia aplicación móvil para iOS y Android, que permite seguir día a día su misión. Pero, en ambos casos, sus objetivos van más allá de apretar botones y hablar.

Ambos robots se enmarcan en proyectos millonarios con los que sus respectivos fabricantes (en el caso de Kirobo, también está involucrada la empresa Toshiba, por ejemplo) buscan mostrar al mundo lo que su tecnología es capaz de lograr. Sin ir más lejos, R2 es una vidriera a varias patentes tecnológicas de la NASA, en las que varias empresas privadas podrían interesarse.

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