Los niños de la generación touch

Actualmente, los pequeños empiezan a usar dispositivos móviles antes de caminar y hasta mejor que muchos adultos. Pero, ¿qué efectos tendrá esta tecnología en su desarrollo?


La lógica es simple: arrastrar el dedo por la pantalla para mover los objetos que aparecen en ella hacia arriba, abajo, a los costados. Ellos tocan y algo pasa, de inmediato, sin que tenga que mediar un proceso de abstracción como sucede con el mouse de la computadora, donde uno controla un aparato que dirige una flecha virtual en la pantalla. Las touchscreens despiertan un comportamiento instintivo en los niños que son parte de la generación touch, regida por el concepto de tocar “a ver qué pasa”. Es natural. Es fácil.

En apariencia, la escena no tiene nada fuera de lo ordinario. Son niños y niñas de entre 1 y 4 años que juegan con la tableta o el smartphone de mamá y papá. Sin embargo, esos dispositivos no son solo juguetes. ¿O sí?

La respuesta no está escrita aún, aunque la pregunta esté haciendo efervescencia en las cabezas de científicos, tecnólogos, educadores y padres. Varios estudios internacionales intentan adelantarse a cuáles podrían ser las consecuencias del uso de estos aparatos en la mente en desarrollo de un niño. Al menos a simple vista, las advertencias priman sobre los elogios.

Un mundo táctil


Si bien la tecnología táctil existe desde hace unas cinco décadas, recién en 2007 Apple la llevó al día a día con el iPhone. Y no fue hasta 2010 que el iPad comenzó a ingresar en los hogares como un aparato que, a diferencia del celular que quedaba en el bolsillo de los padres, de inmediato se entendió como algo más para la familia.

Es decir que solo tres años pasaron desde que los primeros bebés tuvieron contacto con las tabletas. Esos niños todavía se encuentran en el jardín de infantes, por lo que es demasiado pronto como para condenar o fomentar estos dispositivos.

Para el psicólogo clínico y educacional Roberto Balaguer, el rótulo de “generación touch” o “generación de la pantalla” implica algo más que tocar. De hecho, “tiene que ver con una cuestión visual”, que se caracteriza por la exploración. Pero hasta el momento son pocos los estudios concluyentes al respecto.

El psicólogo, que además se desempeña como asesor en educación para Plan Ceibal y como docente, recogió algunos informes que señalan que esta nueva forma de acceder a la tecnología tiene efectos positivos, como “mejorar el acercamiento con la lectoescritura (el período en el que los niños aprenden a leer y escribir). El diseño es otra de las áreas que estos aparatos pueden potenciar (también en adultos), ya que ayudan a dar “una vuelta de tuerca más a la producción 3D”, explicó Balaguer, quien agregó que, a diferencia del papel, estos dispositivos están “más cerca de la simulación”.
Los videojuegos (siempre que sean adecuados a la edad) enseñan al niño a “manejar grandes flujos de información, a lidiar con el error y la equivocación de una forma más sana, a perder”, dijo el psicólogo Roberto Balaguer

Por otro lado, los videojuegos (siempre que sean adecuados a la edad) enseñan al niño a “manejar grandes flujos de información, a lidiar con el error y la equivocación de una forma más sana, a perder”, dijo el psicólogo.

Pero los efectos tendrán que ver no solo con el aparato en sí, sino con su contenido. Hoy en día existen más de 40 mil aplicaciones para niños (de juegos y educativas) en iTunes, la tienda virtual de apps de Apple, y otras miles en Google Play, para dispositivos con Android. En general, se trata de “contenidos que van a tener que describir situaciones, movimientos o acciones a partir de íconos, de elementos audiovisuales”, explicó la docente e investigadora Mónica Stillo.

Y ahí radica el desafío para las instituciones educativas y, en otra, medida para los padres: pensar en enseñar a partir de soluciones gráficas o audiovisuales. “En definitiva, es un cambio de paradigma, es enseñar a pensar a partir de imágenes y no a partir de ideas”, dijo Stillo, quien estudia los discursos de la inclusión digital, así como el uso y apropiación de las tecnologías de la información y comunicación, entre otras líneas. Según la investigadora, “el sistema educativo uruguayo no está preparado para ese cambio”.

No obstante, en los próximos meses la pantalla táctil llegará a las escuelas públicas uruguayas de la mano de un proyecto piloto del Plan Ceibal.

Con la tecnología no alcanza


Aunque muchos sepan que “con la tecnología no alcanza”, la práctica suele decir lo contrario. Así, según Stillo, se suele dar a los chicos dispositivos por el mero hecho de que son de vanguardia, “porque es lo que se espera que se esté utilizando y no necesariamente se insertan en proyectos pedagógicos”.

Además, el hecho de que el niño sea capaz de manejar esta tecnología no quiere decir que comprenda el lenguaje informático o que sea capaz de darle un uso más allá del superficial.

De hecho, muchos padres ni siquiera se cuestionan el uso pedagógico de la tecnología táctil, sino que lo emplean como una suerte de chupete 2.0: en un intento de calmar o entretener al niño, le ceden su tableta o teléfono y, en algunos casos, hasta le regalan uno.

Más que una actitud premeditada del padre o la madre, se trata de una postura de comodidad. Nada como ponerle al pequeño una película durante los viajes largos o darle el aparato para que juegue a algún videojuego cuando está aburrido como para dejar de escucharlo llorar o quejarse.

Estas situaciones se señalan como las más usuales al momento de poner en manos de los hijos un dispositivo móvil. Por eso, tendría que ser una decisión parental más. Deberían plantearse si están haciendo bien en introducir a su hijo en esta tecnología y en fomentársela, preguntarse cuántas horas deberían permitirle jugar, cuántos días a la semana y en qué situaciones habrían de prohibirlo. Ellos, que al igual que la comunidad científica no saben qué efectos sociales y neurológicos tendrá en el largo plazo el uso de estos aparatos por parte de los niños, deberían plantearse la duda.

Para Stillo, las consecuencias más visibles están en la capacidad corporal y de aprendizaje, en el hecho de “mover el cuerpo de determinada manera (por ejemplo, deslizando el dedo) y así conseguir cierta información y acceder a ciertos lugares”. Pero los efectos sobre la capacidad de reflexión del niño “son otro tema”: “Te diría que en principio no la afecta. Al contrario, creo que se alimenta”.

Para Balaguer, más allá de la solución rápida que pueda significar dar al niño un iPad para calmarlo, lo que debería evitarse es el extremo de dar “canilla libre (de uso) las 24 horas”.
En definitiva, es un cambio de paradigma, es enseñar a pensar a partir de imágenes y no a partir de ideas”, dijo la docente e investigadora Mónica Stillo

De esta forma se evitaría que el niño, ante la frustración, prefiera recurrir a un objeto antes que a una persona. Porque necesita equivocarse y aburrirse, explicó el psicólogo. “Que el iPad no sea lo único que calme el aburrimiento”, agregó.

En la misma línea, la profesora de ciencia, tecnología y sociedad del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, por su sigla en inglés) Sherry Turkle señala que “conversando entre ellos, los niños también aprenden a tener conversaciones con sí mismos y a estar solos”.

Según recoge el blog Bits, del diario The New York Times, en su libro Solos juntos: por qué esperamos más de la tecnología y menos de los demás, Turkle afirma que “aprender sobre la soledad y estar solos es la piedra fundamental del desarrollo temprano”. Además, advierte a los padres: “No deberían querer que sus hijos se perdieran eso por estar calmándolos con un dispositivo”.

Aunque suene a lugar común, la cuestión está en el equilibrio. Porque si los beneficios no dependen solo del aparato sino del uso que se le da, lo mismo debería suceder con los peligros. Para la investigadora Stillo, los riesgos son culturales, no de la tecnología per se. Por ejemplo, “en las dificultades para moverse en otro tipo de contexto”, explicó e ilustró que un niño podría tener problemas para la comprensión lectora “por tener demasiado acceso a materiales audiovisuales”. Por eso, una vez más, evitar estos riesgos tendrá que ver con la apuesta pedagógica.

Encontrar el equilibrio


Hallar un balance entre el tiempo, los días y la forma en que el niño accede a esta tecnología sería lo ideal. El problema es que aún no se sabe cómo es ese equilibrio. ¿Está equivocado el padre que deja que sus hijos jueguen con el iPad a diario, aunque sea solo un rato? ¿Es demasiado restrictivo el que solo permite este dispositivo los fines de semana? ¿Es preferible alejar a los niños de las pantallas en general?

La Academia Americana de Pediatría (AAP) sugiere que “la televisión y otros medios de entretenimiento deberían evitarse para menores de 2 años”. Explica que “el cerebro de un niño se desarrolla rápidamente durante estos primeros años y los más pequeños aprenden mejor interactuando con personas, no con pantallas”.
Para mí un sistema educativo tiene que considerarlas todas (las tecnologías), no solo las nuevas porque son nuevas”, opinó  Stillo

Esa conclusión data de 1999. Hace dos años, la AAP actualizó su política alegando que mucho había cambiado desde entonces. Según recoge la revista The Atlantic, en 2006 el 90% de los padres dijo que sus hijos menores de 2 años consumían algún tipo de medio electrónico. Si bien en 2011 la AAP adoptó una postura similar, en el informe se mencionan los teléfonos inteligentes y las “nuevas pantallas”, pero no se habla de las aplicaciones interactivas.

“Hay mucho para estudiar y aprender”, opinó Balaguer, y contó que estas preguntas son habituales en consultas y talleres, en todos los sectores socioeconómicos, tanto en Uruguay como en el resto del mundo.

Stillo coincidió en que aún no existe la perspectiva necesaria como para evaluar el fenómeno, sobre todo por la complejidad de la cultura. Es que se tienen ciertas tecnologías pero “tenemos que aprender a manejar otras, que todavía sobreviven”. Y agregó: “Por eso, para mí un sistema educativo tiene que considerarlas todas, no solo las nuevas porque son nuevas”.

Tal vez el iPad sea solo un juguete que termine aburriendo a los niños, de la misma manera en que una muñeca pasa al olvido cuando llega una nueva. Pero, aunque esto sucediera, el tiempo en que esa tableta haya estado en las manos del niño sí dejará una huella. La experiencia y los estudios de seguimiento dirán cómo es esa marca: positiva, negativa, o ambas, dependiendo del uso.

Mientras tanto, los niños tocan, miran y exploran, al tiempo que algunos padres se preguntan qué es conveniente y qué no. De la misma manera, esos niños cuando crezcan estarán dudando sobre alguna nueva tecnología hoy impensada que sus hijos tendrán al alcance de la mano.

 


Saber elegir


 

La App Store tiene unas 40.000 aplicaciones para niños. En particular, en la categoría “Educación” de la tienda virtual de apps de Apple, la mayoría de las más vendidas están destinadas a niños en edad elemental y preescolar. En cuanto a juegos, una de los más populares en Uruguay y el mundo es Subway Surfers. Disponible gratis para iOS y Android, consiste en escapar del malvado inspector, esquivando trenes con solo deslizar el dedo por la pantalla.

Para “filtrar” los miles de aplicaciones para los más chicos existen sitios como Appolearning (específico para iPad, en este caso), que reúne las mejores apps educativas según la edad del niño y la categoría. Expertos de distintas áreas, como educadores y psicólogos, las prueban y recomiendan a los padres “por qué tu hijo no querrá dejar de usarla”.


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