Los navegadores atrofian el GPS del cerebro

El uso de la herramienta debilita su capacidad de orientación

Un reciente estudio británico demuestra que los navegadores, tanto en el auto o en el celular, provocan que las áreas cerebrales dedicadas a la orientación espacial disminuyan su actividad. El cerebro cuenta con su propio sistema de navegación, que una vez reemplazado por el aparato tecnológico, empieza a debilitarse.

Ya en el año 2000, un estudio del University College de Londres (UCL) afirmó que el cerebro de los taxistas crece al memorizar calles. Como resultado, los taxistas tienen el hipocampo —una parte del cerebro asociada al sentido de la dirección— más grande que la media de la población.

En 2011, se realizó un segundo estudio concluyendo que incluso en los adultos, el aprendizaje puede cambiar la estructura del cerebro. Una muestra de taxistas, antes y después de que tuvieran que aprenderse más de 25 mil calles londinenses para obtener una licencia, terminó de confirmar los primeros resultados. Aquellos que consiguieron la licencia tenían el hipocampo más desarrollado que los que no.

El más reciente estudio, publicado en enero de este año en Nature Communications, escaneó el cerebro de 24 voluntarios mientras se movían por un mapa virtual de un barrio de Londres. Su objetivo era investigar cómo intervienen otras áreas, como el córtex prefrontal, a la hora de resolver ciertos imprevistos: por ejemplo trazar nuevas rutas luego de tomar el camino equivocado. La mitad de las rutas las hicieron con navegador, y la otra mitad sin la herramienta.

En los recorridos en modo manual, tanto el hipocampo como el córtex prefrontal, mostraban mayor actividad al llegar a una nueva calle; algo que no se producía en los viajes con GPS. Queda confirmado el papel del cerebro en la orientación: tiene la misión de evitar que la gente se pierda.

Así como la tecnología facilita algunas tareas cotidianas, también hace que las personas se olviden de cómo hacerlas. Ya no hay que memorizar las tablas de multiplicar, los números de teléfono, ni tampoco las calles.

Para Hugo Spiers, coautor del estudio y el responsable del laboratorio de cognición espacial del UCL, "si tenemos tecnología que nos dice qué camino escoger, estas zonas del cerebro [hipocampo y córtex prefrontal] no responden a la red de calles. En este sentido, nuestro cerebro se desentiende de las calles que nos rodean".


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