Los animales astronautas de la historia

Desde la perra Laika hasta el actual mono cosmonauta de Irán, son muchos los animales que han viajado al espacio como conejillos de Indias de la ciencia, algunos con más suerte que otros


Irán informó esta semana que envió a un mono al espacio. Previamente el país había lanzado animales más pequeños a la última frontera, incluyendo una rata, gusanos y dos tortugas. ¿Qué buscan los programas espaciales de los astronautas animales?

Portabilidad, experiencia en el laboratorio y frialdad bajo presión. Durante más de 60 años, los programas espaciales han enviado animales al espacio por la misma razón por la que los mineros mandaban canarios a las minas de carbón: para saber si las condiciones eran peligrosas.

Para seleccionar las especies a enviar, los científicos buscan algunos rasgos clave. En primer lugar, el astronautas de origen animal debe ser pequeño para encajar en los espacios necesariamente compactos de una nave espacial. Segundo, tiene que ser ligero para evitar sobrecargar el cohete. Y, tercero, los científicos seleccionan animales que ya están acostumbrados a estudiar. Por ejemplo, los investigadores que suelen trabajar con ratones es más probable que envíen a estos roedores y, puesto que han hecho docenas de experimentos con la especie, ellos sabrán si Mickey está actuando raro al regresar.
Fue después de sacar notas altas en varias pruebas que Laika fue seleccionada para ser el primer animal en orbitar la Tierra. El 3 de noviembre de 1957, la perra partió en el Sputnik 2, para no volver jamás. Laika o "Muttnik" murió a las pocas horas y el Sputnik 2 se quemó unos meses más tarde.

Los soviéticos lanzaron muchos de sus más importantes vuelos de prueba con perros porque habían experimentado con ellos desde principios del siglo XX, siendo el más famoso de los experimentos el de Ivan Pavlov. También pensaban que los perros serían menos inquietos en espacios reducidos. Los estadounidenses optaron por trabajar con monos y chimpancés por la misma razón, además de valorar las muchas similitudes fisiológicas de estos con los seres humanos.

Una vez que los científicos han decidido la especie, a menudo realizan pruebas para determinar un destacado miembro de la manada. Después de que los soviéticos definieron lanzar cosmonautas caninos, sus reclutas fueron sometidos a una serie de pruebas para encontrar al perro idóneo. Los animales fueron entrenados para el confinamiento en celdas pequeñas, a los ruidos y vibraciones fuertes, y a hacer sus necesidades en los trajes espaciales.

Solo las perras resultaron elegibles, porque era más fácil realizar ajustes en los dispositivos de saneamiento, y solo animales callejeros se sometieron a experimentos, porque pensaban que los rudos animales de la calle sobrellevarían mejor las condiciones extremas. Fue después de sacar notas altas en todas estas pruebas que Laika fue seleccionada para ser el primer animal en orbitar la Tierra. El 3 de noviembre de 1957, la perra partió en el Sputnik 2, para no volver jamás. Laika o "Muttnik" murió a las pocas horas y el Sputnik 2 se quemó unos meses más tarde.

Los primates que probaron suerte para integrar el equipo estadounidense de astronautas vivieron un proceso similar. A algunos chimpancés se los hizo dar vueltas en centrífugas, para aclimatarlos a las fuerzas G. Otros fueron entrenados para tirar de interruptores cuando las luces de colores se los indicaban. Muchos de ellos fueron elegidos por su temperamento, pero los primeros fueron enviados al espacio sedados.

Desafortunadamente, muchos de los primates dieron su vida por la ciencia. El mono Albert I, que fue lanzado en un cohete V-2, se sofocó antes de que incluso llegara a despegar. Su sucesor, Albert II, completó el ascenso, pero murió en el impacto de retorno.

Algunos de los primeros animales lanzados al espacio fueron moscas de la fruta. Las moscas de la fruta son fáciles de estudiar para lesiones cromosómicas, por lo que eran ideales para la detección de los efectos de la radiación en los vuelos espaciales. En 1947, un contenedor de moscas de la fruta se elevó a una altitud de 170 kilómetros, antes de volver a la Tierra en paracaídas. El año posterior, los Institutos Nacionales de Salud pusieron en marcha un vuelo que contenía esporas de hongos, también para estudiar los efectos de la radiación, pero los contenedores donde viajaron nunca fueron recuperados.

Algunas misiones posteriores contenían una gran variedad de animales. En agosto de 1960, un vuelo soviético se puso en marcha con dos perros, dos ratas, 40 ratones, 15 frascos con moscas de la fruta y plantas, y un conejo gris. Cada animal fue incluido para luego probar posibles efectos de los viajes espaciales en los seres humanos. El primer gato viajó en 1963, cuando los franceses quisieron intentar su propia versión de un astronauta espacial animal.

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