Los albatros, aves de respeto

Es difícil ver a un albatros en costas uruguayas, pero en altamar son fieles acompañantes de los barcos pesqueros. A pesar de lo fascinante que puede llegar a ser su vida, son de las especies más amenazadas
Los albatros son aves que tienen una sola pareja durante su vida, de entre 50 y 60 años. Tienen pocas crías y, si los dos padres no pueden cuidar a un pichón, lo más probable es que muera. Cuando vuelan, pueden llegar tener un largo de entre 3 y 3,5 metros entre la punta de un ala y la otra. Su forma de planear ha sorprendido a los marineros por siglos: pueden pasar horas sin aletear, en los miles de kilómetros que vuelan sobre el mar y, si lo hicieran, perderían la mitad de su masa corporal. A pesar de lo fascinantes que pueden ser, también son de las familias de aves más amenazadas en el mundo. Por eso, científicos uruguayos han participado durante más de una década en la lucha por conservarlas.

Mar adentro, el mayor peligro es el hombre. Un tipo de pesca artesanal conocida como pesca con palangre, que consiste en la colocación de una línea de la que cuelgan varios anzuelos, causa la muerte de un total de 300.000 aves marinas por año. De ellas, 100.000 son albatros, según datos de la organización mundial para la conservación de aves, BirdLife. En aguas uruguayas se ha registrado la presencia de entre 10 y 11 especies de albatros de las 22 que hay en el mundo. Además, según la organización, ya hay 17 de ellas que están en peligro de extinción.

En Uruguay, la pesca con palangre es la causa más común de muerte de albatros y petreles, otra familia de aves de menor tamaño que pertenece al mismo orden: procellariiformes. También se han registrado pingüinos, pero no hay un monitoreo que permita saber qué tan grave es para esta población.

Los albatros son aves que tienen una sola pareja durante su vida, entre 50 y 60 años. Tienen pocas crías y, si los dos padres no pueden cuidar a un pichón, lo más probable es que muera

Quien quiera acercarse a la costa en busca de un albatros no lo podrá ver, ya que Uruguay no es un país que tenga colonias en tierra. Sin embargo, las corrientes que confluyen en la zona de aguas nacionales las hace un lugar estratégico para su alimentación. Tienen un plumaje entre blanco y gris oscuro y su tamaño varía con la especie.

“Es una zona importante por las colonias de las Malvinas, que son cercanas y de bastante importancia en cuanto a especies y abundancia”, dijo el biólogo especializado en aves marinas Sebastián Jiménez, que actualmente realiza su tesis de doctorado en la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos (Dinara).

Padres dedicados


El problema es que alcanza con pocas muertes para afectar a algunas de sus especies más amenazadas. Una de sus cualidades más llamativas, como la monogamia, sumada a su lento crecimiento, contribuye a la baja fecundidad de la especie y hace que unas pocas muertes puedan reducir la población total y con ello aumentar el riesgo de su extinción.

Cuando se reproducen, los albatros ponen un solo huevo al que cuidan por alrededor de un mes y suelen tener una cría cada dos años. Las parejas invierten un año entero en alimentarla y cuidarla, tomando turnos para volar hasta miles de kilómetros en busca de alimento. Además de los peligros que puede sufrir el huevo o el pichón, están los riesgos a los que se enfrentan los padres , ya que si uno muere, es muy probable que las crías también lo hagan, porque que no se pueden cuidar solas mientras el macho o la hembra busca alimento.

Una carnada de doble filo


El peligro para los albatros y también para los petreles es que la lucha por conseguir las carnadas de estos artes de pesca puede llevarlas a la muerte. Todo comienza cuando el anzuelo empieza a sumergirse. En ese momento son los petreles, más pequeños y hábiles nadadores, los que se sumergen en busca de la carnada. Cuando la carrera con el anzuelo resulta un éxito, se llevan el premio, pero obtenerlo no significa la victoria, ya que después de salir a la superficie tienen que escapar de los más grandes. Por lo general, son los albatros los que terminan saliendo victoriosos. Se aprovechan de su gran tamaño para robarle la carnada a los petreles, sin saber que el anzuelo los puede atrapar y matarlos.

El año pasado no hubo barcos uruguayos que utilizaran este método, pero sí los ha habido en años anteriores –hay una flota desde 1981, según Dinara– y también se usa la pesca con palangre en aguas internacionales. Para colaborar con la conservación de estos animales, el país firmó el Acuerdo sobre la Conservación de Albatros y Petreles (ACAP), del que son parte Argentina, Australia, Brasil, Ecuador, España, Francia, Nueva Zelanda, Reino Unido, entre otros.

[caption id="attachment_81135" align="aligncenter" width="282" caption="Graham Robertson / Australian Anctartic Division"][/caption]

Medidas de mitigación


Hace casi 12 años que el biólogo Jiménez se dedica a estudiar a los albatros. En estos años ha trabajado con Dinara, experimentado con varias técnicas para proteger a las aves, como parte de un proyecto conjunto con varias organizaciones internacionales.

Una de las medidas que han estudiado son las líneas de espantapájaros. Se trata de la colocación de tiras de colores, acompañando la línea de pesca para ahuyentar a las aves de los anzuelos. Otra de las sugerencias que los años de investigación y trabajo del equipo realizan a los marineros es acercar la carnada al peso para que se hunda más rápido. La pesca por la noche, o calado nocturno, es otra de las medidas recomendadas porque “estas aves son predadores visuales, por lo tanto tienen que visualizar la carnada para atraparla”, explicó Jiménez. Sin embargo, fracasa en las noches en las que la luna llena ilumina el océano.

En 2007, Dinara publicó un manual en el que recomienda a los pescadores implementar la combinación de estas tres medidas para reducir al mínimo los daños de la pesca con palangre. Según Jiménez, el cambio en la cantidad de individuos que mueren atrapadas por los anzuelos ha sido notable, aunque solo aplica a los barcos que pescan en Uruguay. En aguas internacionales el control es muy difícil, ya que depende de los programas que implemente cada país para verificar que se respeten las medidas establecidas a nivel internacional.

Aves majestuosas


Desde la cubierta de un barco que pescaba pez espada, atunes y tiburones con palangre en aguas internacionales, Jiménez tomaba fotos de las diferentes aves que pasaban en una mañana de octubre de 2011. Su objetivo eran los albatros errantes, una de las especies de aves voladoras más grandes del mundo que pasa el 95% de su vida en altamar y en este momento se encuentra “vulnerable” dentro de la lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Cuando el biólogo vio uno que bajaba hacia la proa del barco no dudó en apretar el botón de su cámara. En ese instante de encuentro con el animal percibió que en una de sus patas estaba marcado con un anillo, con el número 376. Le mostró la fotografía a uno de los marineros y para ninguno fue raro.
El peligro para los albatros y también para los petreles es que la lucha por conseguir las carnadas de los artes de pesca puede llevarlos a la muerte

Muchos marineros han capturado, al menos una vez, un albatros anillado por la British Anctartic Survety (BAS), que ha estudiado a estas aves desde 1958 en Bird Island, una isla que forma parte de las Georgias del Sur. Por lo general, los marineros y observadores a bordo de Dinara suelen reportar el encuentro a la organización.

Al notificar al BAS sobre el encuentro, Jiménez descubrió que había sido anillada por primera vez por los investigadores del BAS cuando era apenas un pichón, en 1988. El investigador supo que había comenzado a reproducirse entre 1995 y 1996 y que en toda su vida adulta había tenido seis crías, y que uno de ellos estaba esperándola para alimentarse en Bird Island, con un excelente estado de salud. “La historia de vida de estos albatros conocida con gran detalle gracias al esfuerzo del BAS no me genera otra sensación que la de respeto”, escribió Jiménez en una crónica publicada en el Boletín del Atlántico Sur, de Dinara.
La historia de vida de estos albatros conocida con gran detalle gracias al esfuerzo de la British Anctartic Survety no me genera otra sensación que la de respeto", dijo el biólogo Sebastián Jiménez

A futuro


En el quinto piso de la Dinara se encuentra la oficina en que trabaja el equipo de Recursos Pelágicos. Allí, entre montañas de papeles, libros y frascos con muestras trabajan varios investigadores –entre ellos Jiménez– que se encargan de todo lo que tiene que ver con el mar abierto, es decir, lo que está más allá de la plataforma continental.

En estos años, Jiménez calcula que ha realizado entre 30 y 25 viajes a altamar y que ha pasado horas estudiando los datos de los observadores a bordo que Uruguay manda a los barcos pesqueros. Ahora, el objetivo es investigar los efectos de otro método de pesca: la de arrastre. Además, Dinara va a publicar otro plan de acción actualizado para proteger a las aves de barcos pesqueros en costas uruguayas.

El equipo que trabaja con albatros está conformado por entre dos y tres investigadores, que tienen pensado poner rastreadores satelitales a las aves para conocer más sobre su recorrido y los lugares en los que se alimentan. Además, en estos años han probado otra medida de mitigación, las cápsulas de acero de calado submarino, que llevan el anzuelo con la carnada al fondo sin poner en riesgo a las aves.

Con la implementación de las medidas, Dinara sostiene que las muertes incidentales han descendido considerablemente. Pero además, ha colocado a Uruguay entre los países referencia por su investigación con estas aves. Las investigaciones, “permitieron generar normativa a nivel internacional y nos posiciona dentro del núcleo de países de organizaciones internacionales como grupo técnico científico y como país de punta en conservación e investigación”, destacó Andrés Domingo, adscripto a la dirección general de Dinara. “Nos posiciona en la toma de decisiones de ese grupo porque somos quienes aportamos el conocimiento”, agregó.

Los albatros son predadores tope. Están en la cima de la pirámide alimenticia de los animales marinos, explicó Jiménez. “Son importantes consumidores de peces en general y todo lo que consumen las aves marinas es comparable con la pesca mundial en el número de toneladas”. Pero la razón que motiva el trabajo de Jiménez va más allá. “Son aves lindas, particulares con una historia de vida bastante particular y no tenemos ningún derecho de sacarlas del medio”, afirmó. Respeto, es la palabra con la que define su vínculo con estas aves.


Protagonistas


Los albatros son conocidos como fieles compañeros de los marineros porque siguen a los barcos pesqueros en busca de alimento. La fascinación de los trabajadores del mar con el vuelo de estos animales se ha visto reflejada en varias historias y narraciones de marineros. Charles Baudelaire escribió en 1842 su poema El albatros, en el que compara la muerte de una de estas aves y cómo quedan reducidas a una figura torpe con los poetas. “Este alado viajero, ¡qué inútil y qué débil! Él, otrora tan bello, ¡qué feo y qué grotesco!” dice en el texto. El poeta inglés Samuel Taylor Coleridge también escribió sobre cómo a la tripulación mal agradecida de un barco les cae una maldición que los lleva a vivir un infierno por haber matado a un albatros.

Plástico


El biólogo especializado en aves marinas Sebastián Jiménez está investigando sobre la alimentación de los albatros para su tesis de doctorado. Según comentó a Cromo, ha encontrado plástico en los estómagos de algunas especies.Si bien no era mucho ni en la mayoría de los casos estudiados, le pareció llamativo, ya que son
aves que suelen estar lejos de las costas. Cada año, entre 5 y 13 millones de toneladas de desechos terminan en el mar.


Acerca del autor

Comentarios