Lo que la ciencia uruguaya estudiará del cannabis

Un grupo de investigadores de la Universidad de la República analizará la planta de marihuana, desde su ADN hasta sus efectos en animales de laboratorio, así como las variedades que existen en el mercado
¿Cuáles son las especies de cannabis que se comercializan en Uruguay? ¿Qué efecto provocan y a causa de cuál de todos sus componentes? ¿Cómo influyen en eso las condiciones de cultivo y conservación? Todo lo que se puede decir para responder a estas preguntas hoy es anecdótico o empírico, pero casi nada científico.

Mientras que desde hace años, los cultivadores de cannabis en Uruguay han experimentado y cruzado diferentes especies desde la ilegalidad, en el ámbito académico esto ha frenado la posibilidad de estudiar su situación en el país. Sin embargo, un grupo de investigadores de la Facultad de Medicina y la Facultad de Química de la Universidad de la República están trabajando para darle sustento científico a esos conocimientos que hasta el momento han sido empíricos.

Así lo explicó a Cromo el doctor en Neurociencia Atilio Falconi, uno de los miembros del Grupo Interdisciplinario que hace meses trabaja para llenar ese vacío. “Es una planta que como medicina se viene utilizando hace 5 mil años y si bien cayó en un periodo de oscurantismo durante gran parte del siglo XX, ahora empieza a salir a la luz porque en distintos estados de Estados Unidos y otros países del mundo empieza a haber más flexibilidad en cuanto a su uso”, agregó el doctor en Química Carlos García, profesor de la cátedra de Farmacognosia de la Facultad de Química.

El grupo lo conforman además el genetista Búrix Mechoso y el magíster en biotecnología Nelson Bracesco. El equipo también trabajó en colaboración con Carlos Azambuja, especialista en biología molecular y director del laboratorio Genia, que realiza distintos tipos de análisis de ADN. Aquí está lo original de este conjunto de profesionales, que es el enfoque interdisciplinario, pero dentro un mismo equipo.

En conjunto, las investigaciones que estos académicos realizarán permitirán conocer cuáles son las variedades más comunes del cannabis en Uruguay, cuáles son sus componentes y cómo afectan a los seres vivos. Esto último se obtendrá a través de experimentación en cultivos celulares y animales. Además, mediante la obtención de los perfiles genéticos de diferentes muestras, se podrán establecer parentescos y seguir el rastro de las variedades a través del análisis de trazabilidad, que ya se aplica en el país en soja, trigo y ganado vacuno, ovino y bovino.

Del trazado de soja a las plantas de marihuana


Hasta el momento se han procesado 100 muestras de cannabis para obtener lo que se conoce como el “número de identidad biológica” de cada planta de marihuana, explicó Azambuja. El análisis es parte del sistema que utiliza el laboratorio Genia para el trazado de plantas, como variedades de trigo, eucaliptus y soja. Aplicado a la marihuana, se puede no solo conocer la propiedad sobre el producto (de quién proviene) sino también extraer el ADN de, por ejemplo, una sustancia incautada y verificar si es de la que se cultiva en Uruguay o no.

Mechoso explicó que lo siguiente al análisis que ya se realizó a esas 100 muestras será determinar a qué variedad pertenecen, haciendo el correlato con aquellas presentes en el país. De esa forma se podrá conocer cuáles son las más comunes y también comparar con el resto del mundo.

Análisis de componentes


En la planta de cannabis hay cerca de 70 cannabinoides, que son los compuestos producidos por la planta. Uno de los más conocidos es el tetrahidrocannabinol, mejor conocido como THC, que es el responsable de la psicoactividad. Sin embargo, no todas las plantas producen este resultado, pero sí tienen potencial medicinal.

Por ejemplo, de acuerdo con información difundida por la organización Regulación Responsable, el THC puede reducir vómitos y náuseas, aliviar el dolor y suprimir espasmos musculares (ver infografía).

Los cannabinoides determinan qué propiedades biológicas puede tener cada especie de cannabis. Por lo tanto, se realizará un estudio cuantitativo sobre sus componentes, para determinar qué y cuánto hay en cada muestra. Esto ayudará a tener una mejor noción de con qué tipo de cannabis se pueden lograr determinados efectos, lo que será de gran utilidad para la medicina.
La flor presenta un perfil que en el prensado puede aparecer, pero se le agregan un montón de elementos extra que no corresponden a la flor”, explicó Búrix Mechoso, genetista.

El estudio químico es de los primeros, porque las otras ramas se nutrirán de sus resultados. Lo que han hecho hasta el momento es la caracterización fitoquímica. Se compararon los componentes de una muestra de cannabis brindada por cultivadores, con muestras de prensado proveniente del mercado ilegal. Se trató de un análisis cualitativo, por lo que no se identificaron cantidades de compuestos sino que se confirmó que se trataba de sustancias diferentes.

“La flor presenta un perfil que en el prensado puede aparecer, pero se le agregan un montón de elementos extra que no corresponden a la flor”, explicó Mechoso. Si bien no fueron los agregados los que los investigadores fueron a buscar, también hay variaciones en los cannabinoides causados por los efectos del tiempo y de la luz, por ejemplo, que se van a investigar.

La importancia de los orígenes


No es lo mismo analizar cannabis procedente de incautaciones, o una muestra obtenida sin más información, que contar con todos los datos sobre las condiciones bajo las cuales se produjo. Este es un elemento fundamental para los estudios. “Podemos determinar algo pero no tiene ningún valor si no sabemos la historia previa”, indicó García.

Por eso, los investigadores trabajan en un protocolo que los cultivadores que les den muestras van a tener que completar antes de hacer la entrega, para contar con información sobre las condiciones bajo las que se produjo. De esta forma, se podrá observar la influencia de las condiciones de cultivo y conservación en el producto final. Los cannabinoides “no solo varían con la genética de la planta sino también con el medio ambiente, es decir, cómo fueron cultivados. Depende del fotoperiodo, de la cantidad de agua, del clima, la altitud, entre otros”, agregó el doctor en Química.

Neurofisiología del sueño


Una vez se haya obtenido el genotipo de las diferentes variedades y sus componentes (que son las áreas de trabajo de Mechoso y García) es el turno de Falconi. El doctor en neurociencia y su equipo utilizarán la información obtenida de las otras investigaciones para experimentar con el efecto de los diferentes cannabinoides, presentes en mayor o menor cantidad en las diferentes variedades de la planta. A través de la experimentación en animales de laboratorio, estudiarán la influencia de la sustancia en los ciclos de vigilia y sueño.

Su trabajo intentará dilucidar sobre qué etapas del sueño actúa más, qué efectos tiene sobre los procesos cognitivos del sistema nervioso y cómo se relacionan las cortezas del cerebro bajo efecto de la sustancia. Por otra parte, analizarán la interacción del cannabis con la fase de sueño de movimiento ocular rápido (REM) y con la esquizofrenia. Pero para llegar a este punto hace falta completar las etapas anteriores, en las que se obtendrá información fundamental para llegar a la experimentación en seres vivos.
Hay una base sobre la cual desarrollar proyectos de investigación con alta certeza de que hay mecanismos que probablemente estén actuando desencadenados por el cannabis y hay maneras de registrarlos”, dijo Atilio Falconi, doctor en Neurociencia.

Una ventaja que supone el cannabis frente a otras sustancias, como pueden ser las plantas medicinales, es que se sabe exactamente en dónde va a actuar. “Hay un receptor específico para los cannabinoides en el sistema nervioso” indicó Falconi y agregó “a nivel de estudios esto implica que hay una base sobre la cual desarrollar proyectos de investigación con alta certeza de que hay mecanismos que probablemente estén actuando desencadenados por el cannabis y hay maneras de registrarlos”.




Mediano y largo plazo


Si de los investigadores dependiera, comenzarían la investigación cuanto antes. Pero además de los permisos y los procesos por los que debe pasar su trabajo a nivel nacional, en el resto del mundo también hay trabas. Obtener algunos componentes provenientes de otros países implica conseguir también la autorización de esos países para que puedan ser enviados. En Estados Unidos, por ejemplo, esto quiere decir que tiene que pasar por el control de la Administración para el Control de Drogas (DEA). Además, están los ritmos de la naturaleza de por medio, ya que las plantas también tienen sus épocas de florecimiento.

La planta de marihuana ha servido al hombre desde el Neolítico. Como aceite, fuente de fibra, medicina y también como embriagante, explicaron los científicos en la primera presentación de su trabajo ante la comunidad científica. Sin embargo, su prohibición en el siglo XX hizo que la medicina no pudiera beneficiarse de sus propiedades. Por eso ahora, en un momento en el que la planta está saliendo a la luz en Uruguay y en diferentes partes del mundo, este grupo dará un primer paso.

La importancia de la apertura legal para este tipo de estudios está en que ahora se puede conocer la procedencia de las muestras, que habilita a determinar la influencia de muchas variables, como la forma de cultivo, en el producto final. De aquí en más, los investigadores esperan poder obtener financiación y, en algún momento, un laboratorio propio para estudios sobre cannabis.


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