Lo que Jane Austen puede hacer en tu cerebro

Investigadores de la Universidad de Stanford estudian cómo se comporta el cerebro al leer una novela literaria de la escritora inglesa, por ejemplo, “Parque Mansfield”


Mientras la vida de la señorita Fanny Price tanscurre en el sombrío Parque Mansfield, en el cerebro de Matt Langione pasan cosas. Es que la novela de Jane Austen implica un ejercicio continuo en su mente, incluso si este se encuentra dentro de una máquina de resonancia magnética y un dispositivo se encarga de seguir el movimiento de sus ojos durante la lectura.

El experimento es parte de una serie de pruebas lideradas por la doctora en literatura Natalie Phillips y es parte de la investigación que actualmente lleva a cabo un equipo interdisciplinario de la Universidad de Stanford, Estados Unidos.

Expertos en neurobiología, radiólogos y estudiantes de humanidades buscan desentrañar la relación entre la lectura, atención y distracción. Y ahí es donde las novelas de la reconocida escritora inglesa juegan su papel.

La letra con sangre


La dinámica de las pruebas consiste en pedirles a los participantes como Langione una “lectura ligera” de un fragmento de la novela, como si estuvieran “ojeando” el libro en una librería.

Luego, se les solicita que lean con atención, como si estuvieran estudiando para un examen. Para garantizarlo, se les pide que escriban un ensayo al terminar cada capítulo.
Prestar atención a una actividad literaria requiere coordinar múltiples funciones cognitivas complejas”, explicó la líder de la investigación, Natalie Phillips

En ambos casos los participantes se encuentran acostados dentro de una máquina de resonancia magnética, que a su vez está conectada a un dispositivo de seguimiento de ojos.

Los resultados preliminares revelan que cuando la persona lee atentamente, se produce un incremento dramático en el flujo sanguíneo, que llega a regiones del cerebro más allá de las que se suelen asociar con prestar atención a una tarea, como leer, dijo Phillips.

La investigadora aseguró que este aumento del flujo de sangre sugiere que “prestar atención a una actividad literaria requiere coordinar múltiples funciones cognitivas complejas”.

El estudio también reveló que el flujo sanguíneo también se incrementa durante la lectura ligera o por placer, pero en distintas regiones del cerebro.

Qué y cómo


Además de tener en cuenta lo que se lee, la investigación considera cómo se lee. Son ambas variables las que moldean las funciones cognitivas.

Si estos resultados se repiten para todos los participantes, la investigación sugerirá que “no solo lo que leemos sino pensar rigurosamente sobre su valor y el estudio literario provee un ejercicio verdaderamente valioso en el cerebro de las personas”, adelantó Phillips.
Las herramientas de la neurociencia nos dan un panorama más grande y rico de cómo nuestras mentes se comprometen con el arte o, en nuestro caso, con la compleja experiencia que conocemos como lectura literaria", afirmó Phillips

El estudio también tiene en cuenta la variable “atención” como sujeta a los cambios en el ambiente, al contexto cultural y cognitivo. Es decir, a qué se le presta atención, cómo, cuándo, dónde y por cuánto tiempo, entre otros aspectos.

Si la investigación sigue reportando las mismas conclusiones que hasta ahora, el equipo prevé que esta sirva como insumo para enseñar a leer con atención. Podría servir como una forma de “entrenamiento cognitivo”, que enseñe a las personas a modular la concentración y emplear nuevas regiones del cerebro durante la lectura.

Según Phillips, las herramientas de la neurociencia: "Nos dan un panorama más grande y rico de cómo nuestras mentes se comprometen con el arte o, en nuestro caso, con la compleja experiencia que conocemos como lectura literaria".

Y todo ello partiendo de los romances de la aristocracia terrateniente descritos por Austen en sus novelas.

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