Lentes que cambian la forma de ver el mundo

Los Google Glass filman y comparten lo grabado ante una orden verbal, lo que los hace codiciados y también temidos


El invento es una de las más fascinantes creaciones tecnológicas en un siglo cuya característica principal ha sido su capacidad de generar fascinantes creaciones tecnológicas. Google Glass está en su etapa experimental y ya hay cientos de voluntarios usándolos en Estados Unidos. La expectativa es tal que uno de ellos lo puso a la venta en eBay y la subasta había alcanzado los US$ 16.000 cuando las autoridades del sitio decidieron suspenderla porque no había garantía de que el rematador poseyera, en realidad, el producto anunciado.

El invento consiste en una pequeñísima computadora Android construida en la patilla derecha de un juego de lentes. El visor y la pantalla de la computadora toma la forma de un prisma que se sitúa a la altura de la visión periférica del ojo derecho del usuario. El aparato tiene montada una cámara minúscula capaz de fotografiar y grabar en video todo el campo de visión del usuario.

Glass se activa con la voz, mediante comandos simples, como: “Okay, Glass, graba un video”, o “Okay, Glass, toma una foto”. Es capaz de enviar por internet las fotografías y los videos tomados y también tiene la habilidad de recibir y enviar mensajes y de explorar la web para recibir información de lo que ve.

El video promocional de Google es informativo y está más allá de la parodia, con sus modelos atléticos sobrellevando su vida cotidiana y atareada en paseos en globo, pruebas de trapecio y enigmáticas artes marciales, todo grabado y compartido con gente tan cool como ellos, al mejor estilo californiano.

Es todavía muy pronto para saber cómo funcionará en la vida real toda esa maravilla, pero la polémica ya se desató.

Temores


La idea es que Glass se adapte a cualquier tipo de lentes, de tal manera que se puedan usar de forma cotidiana por gente que usa lentes de aumento prescriptos. Eso complica los códigos de conducta a adoptar y el concepto de privacidad.

Estar con una persona que tiene esos lentes puestos puede llegar a ser realmente incómodo. Se pensó en que podría haber algún código de paz, como ponérselos sobre la cabeza o colgarselos al cuello, para dar a entender claramente que no se está filmando ni fotografiando nada, pero en el caso de quien los use con los lentes que necesita para ver, eso no es posible.

Por ahora se activan a viva voz, así que eso de alguna manera alerta al interlocutor del usuario de los Glass, pero eso no vale para el que está en la mesa de al lado. Por otro lado, el paso a que se pueda activar mediante una guiñada o un movimiento indescifrable de cabeza es un paso muy corto (para no empezar a especular sobre una tecnología que permita descifrar el pensamiento del usuario y aplicar la famosa frase “tus deseos son órdenes”).

Por último, también existe la suspicacia de cómo usará Google todo lo que aprenda del usuario. El gigante tecnológico “verá” lo que vea el usuario y sus ingenieros podrán usar algoritmos que interpreten sus deseos de tal manera que sepan lo que quiere antes que el usuario mismo lo sepa.

Pero eso ya está sucediendo, de todas maneras y, a juzgar por la expectativa, parece que los consumidores están dispuestos a pagar el precio.

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