Las vacas "verdes" de la Amazonia

La historia de Lacir Soares demuestra que la sustentabilidad puede ser negocio: su hacienda aumenta la producción de ganado sin destruir más selva


Lacir Soares está transformando su hacienda en un modelo de producción de carne en la Amazonia, sin deforestar y al día con las exigencias ambientales de la recién reformada ley forestal brasileña.

Es un ejemplo de que las cosas están cambiando en la selva amazónica brasileña con apoyo de la industria ganadera y de ambientalistas, tras una década en la que el ganado fue el principal vector de la deforestación, y cuando muchos consumidores se inquietaban ante la posibilidad de estar comprando un producto que devastaba el mayor bosque tropical del planeta.

Rotación de campos y mejoras en la calidad genética del ganado y de las pasturas ayudan a Lacir a aumentar la producción en su hacienda "Boqueirao", en el municipio amazónico de Sao Félix do Xingú (estado de Pará, norte), sin destruir más selva.
El equilibrio entre la ganadería y la selva no es solo una obligación legal, también garantiza un aumento de la productividad", dijo el 

Con un rebaño de 200 millones de cabezas, Brasil es el mayor exportador de carne vacuna del mundo (cerca de 20% procede del área amazónica), pero también es líder en la baja productividad: una vaca por hectárea. Soares ha conseguido alcanzar una tasa de producción de 2,3 cabezas por hectárea.

"El equilibrio entre la ganadería y la selva no es solo una obligación legal, también garantiza un aumento de la productividad", afirmó bajo un sofocante calor este ganadero y abogado, en buena forma a sus 69 años y entregado a su hacienda, cuyo entorno muestra aún las cicatrices de décadas de destrucción. Soares sabe que sin garantías ambientales, la industria no comprará su carne.

El combate a la ganadería que destruye la selva


La lucha contra el ganado que impulsa la deforestación ilegal de la Amazonia se profundizó hace cuatro años, cuando la fiscalía del estado de Pará denunció a 13 grandes industrias cárnicas y advirtió a 72 supermercados y fábricas de cosméticos y zapatos -en parte multinacionales- que serían enjuiciados si compraban productos de áreas deforestadas.

La ONG Greenpeace divulgó entonces un explosivo informe que aseguraba que carne y cuero de áreas deforestadas conseguían infiltrarse en la industria que abastece gigantes del calzado y la moda, supermercados y hasta a la industria de automóviles, para sus asientos de cuero.

Las denuncias fueron el "puntapié inicial" y la industria tuvo que crear programas más efectivos para garantizar que compraban carne sin una mancha ambiental, explicó el director ejecutivo de la Asociación Brasileña de Exportadores de Carne, Fernando Sampaio.

Una parte de la solución llegó con la tecnología: en una área gigantesca y de difícil acceso, los mapas satelitales actualizados casi en tiempo real permiten observar dónde se está perdiendo selva. Con la reforma del Código Florestal, el gobierno brasileño está ampliando a todos los productores un censo que fija las áreas de selva que tienen que respetar.

El negocio de la sustentabilidad


La segunda mayor empresa de producción de carne bovina de Brasil, Marfrig, y el gigante transnacional de los supermercados Walmart, con la ONG estadounidense The Nature Conservancy, intentan ir más allá con un programa destinado a convertir un grupo de haciendas de Sao Félix do Xingú -con el mayor rebaño bovino del país- en modelos ambientales y económicos de producción de ganado que puedan replicarse en el resto de la Amazonia.

Uno de estos ejemplos es la hacienda de Lacir Soares, una indicación de que la sustentabilidad puede ser negocio.

"Si no tuviésemos esa actitud, tal vez no podríamos estar vendiendo a mercados como el europeo", donde el consumidor se preocupa por la sustentabilidad, indicó el gerente de sustentabilidad de Marfrig, Mathias Almeida.

Un ejemplo: la lujosa marca Gucci lanzó este año en Paris un bolso con cuero de la Amazonia y sustentabilidad ambiental certificada.
El cerco a la ganadería deforestadora se ha traducido en una drástica reducción de la deforestación", aseguró el fiscal Daniel Azeredo Avelino 

"El cerco a la ganadería deforestadora se ha traducido en una drástica reducción de la deforestación", en más de 80% en los últimos ocho años en el país y en el estado de Pará, destacó el fiscal Daniel Azeredo Avelino.

Los grandes frigoríficos adhirieron al compromiso de la "carne legal" y aunque persiste "una parcela de pequeños" que se saltan la norma, "la mayoría de los productores ha incorporado la idea de que si continúan deforestando, no tendrán acceso al mercado", dijo el fiscal.

Años atrás, un acuerdo con la industria de la soja –un sector mucho más concentrado y fácil de controlar que el de la carne– permitió frenar la devastación de la selva impulsada por esa producción.

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