Las pruebas de vida animal más antiguas peligran su título

Un nuevo estudio uruguayo publicado el 22 de febrero en la revista Science cuestiona el hallazgo de trazas fósiles que, según sus autores también orientales, datan de más de 580 millones de años


Unas diminutas trazas fósiles que tienen al menos 300 millones de años son el centro de una discusión académica, que en este momento sostiene un grupo de científicos uruguayos. No se trata de fósiles que uno encuentre todos los días: se estaría frente (o no) a la prueba de la forma de vida animal evolucionada más antigua del mundo.

Según un estudio publicado por autores uruguayos y canadienses en julio de 2012, estas marcas halladas en una formación al sur de Melo, en Cerro Largo, pertenecen a unos seres que vivieron en el período Neoproterozoico, hace más de 585 millones de años.

El artículo, divulgado a través de la prestigiosa revista Science, explica además que, por ser las primeras trazas fósiles de seres bilaterales y simétricos, corresponden, ni más ni menos, que a los antepasados de todos los animales más evolucionados, incluido el ser humano.

En medio de la repercusión mediática que tuvo dicho estudio, liderado por el uruguayo radicado en Canadá, Ernesto Pecoits, un equipo conformado por investigadores de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República (Udelar) y de la Universidad Nacional de La Plata, preparaba una réplica. Según sus propios análisis, la investigación de Pecoits –que fue alumno de dicha facultad uruguaya– estaba equivocada. Para ellos, las trazas no salen de lo común y tienen la mitad de la antigüedad indicada. Los comentarios al artículo original fueron publicados el 22 de febrero, también en Science.

Según explicó el profesor adjunto del Departamento de Geología, Claudio Gaucher, el error que cometió el equipo de Pecoits fue, en esencia, metodológico. En pocas palabras, para medir la antigüedad de la famosa traza, se asoció la roca que contenía los fósiles con otra roca de la misma zona (un granito), la cual fue “datada con precisión mediante isótopos radioactivos”. En concreto, el problema está en el tipo de relación entre la roca fosilífera y el granito, afirmó Gaucher.
El método de datación jamás estuvo en cuestión por parte de la comunidad científica internacional", sostuvo el geólogo Ernesto Pecoits

Los granitos son rocas que se forman cuando se enfría un magma (lava que cristaliza sin llegar a la superficie), señaló Gaucher. Ambos equipos de científicos plantean diferentes escenarios: según el estudio de Pecoits, las rocas con las huellas ya existían, y más tarde el magma irrumpió “cocinando” toda la formación. “En este caso, los fósiles serían más viejos que 585 millones de años”, dijo Gaucher. Sin embargo, para él no fue eso lo que sucedió. “Otra posibilidad es que el granito ya estuviera allí y los sedimentos (la roca con los fósiles) se depositaran arriba, en capas durante millones de años. Es lo que logramos demostrar ahora, ya que no existen evidencias del calentamiento que el granito debería haber ocasionado”.

Además, según el geólogo, las trazas encontradas pertenecen a unos seres de una complejidad impensada para la época en la que las ubica Pecoits. “Es como si yo afirmara que un auto es del año 1700”, comparó. El experto señaló que un grupo de huellas probablemente fueron hechas por un artrópodo ya extinto, tal vez un trilobita. “Tenían patas y eran bastante complejos, con una cantidad de especializaciones y órganos que en esa época (señalada por Pecoits) no existía”, agregó.

Pero esta réplica también tuvo sus comentarios, que se publicaron en la misma revista. Según explicó Pecoits, “el método de datación jamás estuvo en cuestión” por parte de la comunidad científica internacional. Agregó que, además, “no se ha aportado ninguna prueba que contradiga” sus conclusiones.

Los árbitros de la ciencia


Tal vez lo que más preocupe a este grupo de académicos no sea la edad de unas trazas fósiles o si estas fueron dejadas o no por una especie de “gusano” (como los bautizó la prensa), sino la cuestión de las publicaciones científicas y su legitimidad. Es que no pueden entender cómo la revista Science accedió a publicar un estudio que, según ellos, no tenía suficiente evidencia como para ser considerado publicable.

Según otra autora del artículo liderado por Gaucher, la paleontóloga Ángeles Beri, “la ciencia no es una verdad, cada uno da sus elementos”. Así explica el hecho de que Science haya aceptado su réplica, que debieron realizar a partir de los mismos datos que el artículo original. “Para poder publicar un comentario, tenés que poder ‘mover’ las conclusiones principales del estudio”, explicó Gaucher, que trabaja desde 1993 en la zona geológica en cuestión. “Es importante presentar este trabajo porque se está partiendo de premisas que son falsas o, por lo menos, cuestionables”, sostuvo.
La ciencia no es una verdad, cada uno da sus elementos”, dijo la paleontóloga uruguaya Ángeles Beri

“Para nosotros son contundentes los datos y observaciones suministrados para datar rocas con trazas”, aseguró el geólogo Gerardo Veroslavsky, otro autor del artículo original y docente de Facultad de Ciencias. No obstante, acepta con naturalidad las críticas de sus colegas: “Así funciona, está muy bien, y es sano que así sea”.

Por su parte, el paleontólogo y docente Richard Fariña, que no participó de la investigación, pero está vinculado al tema, opinó que es la comunidad científica la que cumple la función de contralor en estos casos: “Todos estamos atentos a lo que publican todos y nos criticamos entre todos”.

Ahora, ambos artículos coexisten en la codiciada bibliografía de Science. “El arbitraje será el de la gente” que lea ambas versiones, opinó el geólogo, ya que “no hay arbitraje superior que diga quién tiene razón”.

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