Las personas supercentenarias

Un centro de investigación estadounidense le sigue la pista a los hombres y mujeres mayores de 110 años en todo el mundo, los analiza, entrevista e intenta descifrar qué tienen en común
Llegar a los 110 años de edad y vivir para contarlo no es “como ganar el Premio Nobel”, creía Alexander Imich, un polaco asentado en Nueva York que durante un mes y medio ostentó el título del hombre más viejo del mundo registrado. Imich murió el pasado junio y en la lista lo siguió Sakari Mamoi, un japonés de 111 años.

Mamoi es, al menos por el momento, el hombre más viejo del mundo, en una lista de 72 personas mayores de 110 años, que todavía están vivas y que lograron comprobar su edad. Pero 70 de esas 72 personas son mujeres. Actualmente, la primera en el ranking es Misao Okawa, de 116 años.

Se trata de la “Tabla E”, un documento online que realiza y actualiza el Grupo de Investigación de Gerontología. Creado en 1990, el centro es el primero en mantener una base de datos sistemática entorno a las personas supercentenarias de más de 70 países, informa la revista Smithsonian.

Según contó a la revista Stephen Coles, académico del Departamento de Química y Bioquímica de la Universidad de California en Los Ángeles, y cofundador del Grupo de Investigación de Gerontología, la lista de supercentenarios va más allá de saciar la curiosidad o proporcionar registros mundiales. Es, además, una forma de estudiar el fenómeno de la vida excesivamente larga. Por eso, los voluntarios del grupo realizan entrevistas en profundidad a las personas en la lista y, en caso de que lo deseen, extraen muestras de sangre para analizar el ADN.

El objetivo final del grupo es utilizar toda esa información para diseñar drogas que ayuden a enlentecer el proceso de envejecimiento. Aunque esa, según Smithsonian, es una meta que, de ser posible, se encuentra a varios años de alcanzarse.

Comprobarlo


Pero ingresar a esa lista no es tan fácil como tener más de 110 años. Según explicó Coles, “existen muchos wannabes”, es decir, personas a las que les gustaría ingresar a la categoría de supercentenarios pero que no cumplen los requisitos. De hecho, muchas veces no es la persona anciana sino sus familiares quienes mienten respecto a su edad para pasar a la historia.

Quienes trabajan con personas tan ancianas saben con qué se enfrentan. “Un 98% de las edades que dicen superar los 115 son falsas”, dijo a Smithsonian Thomas Perls, profesor de medicina y geriatría del Centro Médico de Boston y director del Estudio de Centenarios de Nueva Inglaterra. Según un estudio que él mismo lideró, existe un total de diez razones principales por las cuales las personas mienten al respecto.
Un 98% de las edades que dicen superar los 115 son falsas”, dijo Perls

Uno de los motivos es el dinero. En Estados Unidos, muchos mienten sobre su edad para poder reclamar una pensión como veteranos de la guerra civil. En otros casos, los países buscan atraer turistas con historias de locales supercentenarios, o hay quienes dicen tener edades extraordinarias para validar sus creencias religiosas y ganar más seguidores. Otro caso es el de los gobiernos que buscan demostrar que la suya es una “raza superior”, como lo hizo la URSS en la década de 1950, ejemplifica Smithsonian.

Para filtrar a los falsos supercentenarios, el Grupo de Investigación de Gerontología lleva a cabo un “postulado de evaluación”, por el cual las personas tienen que presentar entre dos o tres documentos que comprueben su edad, como un acta de nacimiento o registro bautismal. Otro requisito es presentar una foto de identificación emitida por una agencia del gobierno neutral. Por último, las mujeres casadas que adoptaron el apellido de su marido deben presentar algún documento que demuestre que el cambio de nombre tuvo lugar.

Fuera de la lista


Y aun así, hay muchos que jamás ingresarán a la lista. Por ejemplo, algunas familias prefieren mantener su privacidad y no reportar a su familiar supercentenario. En otras ocasiones, las limitaciones en los recursos del grupo le impiden investigar cada caso.

También puede suceder que, aunque se trate de personas mayores de 110 años genuinas, estas no puedan probarlo. Entre otros motivos, porque el país en el que nacieron no tenía la costumbre de llevar los registros de nacimiento, algo que podría explicar por qué Japón es el país con más supercentenarios per cápita, ya que hace más de un siglo que lleva estos registros de forma metódica. También explica por qué personas de África, donde escasean los registros escritos, no figuren en la Tabla E.

Por estas razones, Coles sospecha que el verdadero número de supercentenarios en el mundo ronda los 150, cerca del doble de los que contiene la lista.

Los porqués


“La probabilidad de convertirse en supercentenario es de alrededor de una en siete millones”, dijo Coles, para quien vivir todavía más que eso es excepcional. Además, también está la pregunta obligada: ¿cómo y por qué los supercentenarios logran vivir más allá de los 110?

Según Coles, la respuesta es que no se sabe. En todos estos años, el investigador ha entrevistado a personas que tuvieron diferentes ocupaciones, que provienen de diversos trasfondos socioeconómicos; algunos de ellos fumaban y bebían y otros no. Algunos provenían de familias numerosas y otros estaban prácticamente solos en el mundo. Además, no existe una asociación particular con un área geográfica, a diferencia de lo que pasa con los centenarios, que se concentran en Cerdeña, Italia, y Okinawa, Japón.
La probabilidad de convertirse en supercentenario es de alrededor de una en siete millones”, dijo Coles

Si bien los supercentenarios que Coles ha conocido no tienen casi nada en común, sí hay un factor que se repite: la herencia genética. En la mayoría de los casos, se trataba de personas con parientes cercanos longevos. Y los genes pesan, en este contexto, más que otros factores, como la dieta, el ejercicio o el estilo de vida, explicó Coles.

En todo caso, los científicos todavía desconocen por qué algunas personas superan de esa forma la expectativa de vida, y por qué son muchas más mujeres que hombres las que logran, en una relación de diez a uno. Por ahora, solo pueden estudiar lo que los integrantes de una lista extraordinaria tienen para contarles.

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