La vida nocturna de las arañas

Por las noches, las playas uruguayas son el escenario de amores y traiciones entre ejemplares de la Allocosa brasiliensis, una especie que sigue dando prestigio a los investigadores del Clemente Estable. Mirá el video


Cuando el sol baja y la actividad de los humanos se va serenando en las playas, el día recién comienza para la araña lobo Allocosa brasiliensis. Durante las noches calurosas entre noviembre y abril, estos particulares animales de color blanquecino salen de sus cuevas bajo la arena para reproducirse y obtener alimento.

Hace algunos años, estas arañas típicas de las costas de Uruguay, Argentina y Brasil recorrieron los medios del mundo cuando un equipo de investigadores del Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable (Iibce) descubrió un comportamiento casi único en el reino animal: el macho puede comerse a la hembra. Esta particularidad le ganó el taquillero apodo de “devora hembras”.

Sin embargo, esta no es la única cualidad que las hace especiales. Investigaciones recientes realizadas también en el Iibce están arrojando luz sobre la importancia que tienen las cuevas en las que habitan. Estas ofician de “regalo” de los machos a las hembras a la hora de reproducirse.

El costo del regalo


A diferencia de lo que ocurre en el común de las arañas, en las que la hembra suele ser la más grande, sedentaria y a la que los machos deben esforzarse para conquistar, con la Allocosa brasiliensis la situación es inversa. El macho tiene un cuerpo de mayor tamaño y es quien espera y elige con quién reproducirse.

Un factor determinante para que la cópula sea exitosa es la cueva en la que él habita. Para la hembra, cuanto más profunda sea, mejor.

La bióloga especializada en comportamiento animal Andrea Albín, quien está estudiando a la Allocosa brasiliensis como parte de su tesis de doctorado, cree que el esfuerzo que el macho pone en construir este refugio es la causa de la inversión en los roles sexuales de la especie. “Cuando hay un regalo que tiene un alto costo, puede haber una inversión de los roles en el cortejo”, indicó la investigadora del Iibce.

Todo comienza con un pequeño tamborileo en la arena. Ella encuentra la puerta del refugio (un agujero de alrededor de un centímetro de diámetro) y mueve sus patas para comunicarse con él, que está dentro, esperando. Si está listo para conocerla, él responde moviendo sus patas e indicándole que ingrese. Una vez que se da este contacto inicial, la hembra entra al refugio y lo evalúa.

“Esos regalos nupciales funcionan como un esfuerzo de apareamiento. Puede aumentar la transferencia de esperma, va a atraer a la hembra y va a facilitar la cópula”, indicó la investigadora.

Una especie exigente


“En algunas especies de animales, durante el cortejo o la copula, el macho captura una presa y se la entrega a la hembra”, explicó Albín. “En estas especies es muy común el canibalismo. Entonces, es necesaria una distracción como un regalo nupcial”, agregó.

El regalo puede ser una presa envuelta en seda, como ocurre con otras especies de arañas o incluso una parte del cuerpo, como es el caso de la mantis religiosa, cuando la hembra se come la cabeza del macho. Para la Allocosa brasiliensis, el regalo nupcial es la cueva.

Cuando la hembra entra al refugio, está dando un primer paso, pero la cópula está lejos de concretarse. Tanto hembra como macho deben pasar las pruebas iniciales. Ellas deben ser ágiles, preferiblemente vírgenes, mientras que los machos, por su parte, deben haber cavado una cueva lo suficientemente profunda como para conquistarlas. Este es el momento clave, en el que ambos se ponen a prueba.

Si ella no está satisfecha con el refugio, podría rechazarlo. Pero para probarlo debe llegar hasta el fondo, cambiando de posición con el macho, lo que hace que él pueda controlar la salida y la escapatoria se complique. De hecho, si la hembra no pasa el examen, lo más probable es que el macho se la coma.

En el caso de que se dé el flechazo, una vez que termina el apareamiento, el macho abandona la cueva y, junto a la hembra la sellan con seda, desde adentro y afuera. De esta forma, se aseguraran de que va a estar protegida de los depredadores. La hembra permanece allí alrededor de un mes y luego abre la madriguera para dispersar a sus crías. Por ello la importancia de lo bien construido que debe estar el refugio.

Indicador medioambiental


Además de ser talentosa para elegir a sus parejas, la Allocosa brasiliensis es una buena bioindicadora para conocer y medir el daño de la actividad humana en las playas, su ambiente natural. “Una vez que llegamos a la playa y no la encontramos, es porque ese ambiente ha sido alterado por el hombre”, explicó Albín.

“El animal ya no puede vivir allí porque ya se ha modificado y no tiene las condiciones adecuadas” para tolerarlo, indicó. La bióloga agregó que la urbanización, desaparición de las dunas e incorporación de vegetación exótica en las playas son responsables del daño que están sufriendo. Como consecuencia, estas arañas están buscando otros refugios o directamente están desapareciendo, continuó.

En su relevamiento por las costas montevideanas, Albín no encontró ejemplares en playas como la Ramírez o la de Pocitos. Según comentó, recién a la altura de Malvín comenzaron a aparecer algunos ejemplares y en San José de Carrasco su población ya se volvió más abundante. Según la investigadora, “son verdaderos testigos de la historia de esos ecosistemas costeros. Son silenciosos y ocultos pero ellos están allí”.

Para conocer a la araña


Dada la importancia de estas y otras especies en el ecosistema nacional, así como de la investigación científica en general, el Iibce realiza jornadas a puertas abiertas desde hace 15 años para concientizar y educar al respecto. Este año la actividad para grandes y chicos se realiza mañana.

Como dice la introducción del libro Guía de arácnidos del Uruguay, de Anita Aisenberg, Soledad Ghione y Carlos Toscano-Gadea, en el caso de estos bichos tan temidos, la educación es fundamental: “Queremos contagiarlos de entusiasmo y avivar su curiosidad para que cuando se encuentren con un arácnido, puedan no solo reconocerlo, sino que además se permitan observarlo, descubrirlo y respetarlo, sin temor”.


Ciencia a puertas abiertas




Este jueves de 16 a 21 horas, el Iibce (Avenida Italia 3318) abrirá sus puertas al público por 15° vez. Habrá charlas sobre distintas investigaciones, se realizarán recorridos por laboratorios y habrá juegos para niños, como un ludo gigante en que cada jugador será un tipo de arácnido. Allí, se podrán ver ejemplares de Allocosa brasiliensis y conocer más sobre el trabajo de los científicos del instituto en neurociencias, biotecnología agropecuaria y agroindustrial, biomedicina y ciencias ambientales.


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