La vida entre el cielo y la Tierra

El astronauta Pedro Duque habló con Cromo sobre sus viajes espaciales, su trabajo luego de haber sido el primer español en viajar a la Estación Espacial Internacional y opinó sobre cómo sacar al máximo provecho del primer satélite uruguayo, el Antel-SAT
Producción: Leonel Schmidt / @leonelschmidtf

 

En el mundo hay casi tantos astronautas como ganadores de premios Nobel en ciencias. Poco menos de 550 personas fueron al espacio desde que Yuri Gagarin se convirtió en pionero en 1961 y quienes tuvieron la suerte de ir a la Estación Espacial Internacional (EEI) fueron menos aún, exactamente 217. El astronauta de 51 años Pedro Duque fue el primer español de la Agencia Espacial Europea (ESA) en viajar a la EEI.

Duque estuvo en el espacio dos veces en su vida. La primera vez fue en 1998, a bordo del transbordador Discovery (misión STS-95), como ingeniero de vuelo número tres. Cinco años después, en 2003, hizo su segunda travesía, esta vez a la EEI, donde vivió 10 días y realizó 25 experimentos, tanto fisiológicos como tecnológicos.

Hace 11 años, Duque flotaba en la EEI por el efecto de la microgravedad. Este viaje fue el segundo que hizo al espacio y duró 10 días. Los objetos volaban en todas direcciones y le costaba poder agarrarlos. Movía sus manos de un lado a otro para poder trasladarse dentro de la estación, un desplazamiento que le hacía sentir casi como un mono en una jaula. “Uno tiene que pensar mucho cómo moverse, algo que normalmente debería ser natural y allá arriba no lo es”, explicó a El Observador.

¿Día y noche?


A 400 kilómetros de la Tierra, el día y la noche, tan normales para los terrícolas, no ocurren. O mejor dicho, ocurren demasiado. La EEI completa una vuelta al planeta en cerca de una hora y media, por lo que el Sol sale y se pone varias veces en un “día”.
Hay muchas cosas que te explican y preparan para ir al espacio pero aun así sigue sorprendiendo”, explicó el astronauta de la ESA, Pedro Duque.

Viviendo allí, Duque tuvo que acostumbrarse a que la hora de ir a dormir no tenía nada que ver con la puesta del Sol, sino más bien con lo que hicieran otros astronautas, lo que dijera el reloj, el grado de cansancio acumulado o la ausencia de llamados desde la Tierra. De hecho, las horas de sueño de algunos astronautas que han estado en el espacio por más de uno o dos meses suelen descompensarse al punto que, cuando llegan a la Tierra, deben recurrir a medicación especial para poder descansar.

“Hay muchas cosas que te explican y preparan para ir al espacio pero aun así sigue sorprendiendo”, señaló el astronauta. Para él, como ingeniero, el momento más intenso fueron los alrededor de ocho minutos en que el cohete despegaba. El 100% de su concentración debía estar dedicada a que la tarea se concretara con éxito.

Pero también los minutos de calma a 400 metros de la Tierra son memorables. “En el momento en que uno tiene un ratito y está tranquilo sin tener algo urgente que hacer en el trabajo, sin que estén llamando de Tierra para tener que hacer algo extra se siente una sensación de paz muy grande”, contó. En esos momentos solamente se oye el sonido de los ventiladores del aire acondicionado, ya que los motores están apagados y que la sensación de ingravidez se combina con los paisajes espectaculares de la Tierra donde con solo un vistazo se pueden identificar tanto España como Uruguay. Los paisajes que Duque más recuerda son muchos de los que se han visto en fotos compartidas por otros astronautas mediante redes sociales: estrellas, auroras boreales y australes, desiertos, lagos, cultivos o impactantes tormentas.

Gracias a internet y las redes sociales, la comunicación entre astronautas y los que tienen los pies en la Tierra se han facilitado y las personas pueden acceder a este tipo de descripciones o ver las fotos que toman los astronautas. Los que suben fotos o cuentan sus experiencias en Twitter son celebridades y tienen a la Tierra expectante. Tal es el caso del canadiense Chris Hadfield, quien volvió de su viaje en 2013 con 80.000 seguidores nuevos. Pero hace una década este tipo de interacción no era posible. El correo electrónico sí existía, pero llegaba una vez por día, tal como el cartero, ilustró Duque.

Ficción y realidad


Fue mediante las redes que los astronautas de la EEI Mike Hopkins y Rick Mastracchio felicitaron a su director, Alfonso Cuarón, por lo bien lograda de su película Gravity, que ganó siete premios Oscar. “La película tiene una serie de detalles bien conseguidos que al espectador le resultan chocantes y sorpresivos, pero a nosotros no”, sostuvo Duque. El hecho de que los choques no se oigan mientras la protagonista está fuera de la nave, la manera de desplazarse y la recreación del interior de la estación, son acertados a la realidad explica el astronauta.

“Sin embargo es cierto que en lo relacionado con la física de las órbitas, la trama es imposible, no se puede ir de una estación a otra así como así y los objetos que impactan con la nave jamás se podrían ver (la velocidad es 20 veces mayor que la de las balas)”, agregó. De todas formas, Duque la comparó con otras películas en las que los científicos tienen que apagar lo que él llamó el “detector de imposibilidad” por lo fantasioso de lo que ocurre en la pantalla.


De Europa al espacio


Duque llegó a la ESA en 1992 luego de haber superado tres pruebas que le puso la agencia. Antes, trabajaba en la empresa española GMV (Grupo Mecánica del Vuelo). ¿Cómo llegó a la ESA? Simple, encontró un aviso en el diario para formar parte del cuerpo de astronautas que se acababa de formar, cuenta una de las entradas sobre Duque en la página de la ESA. 

En España, es casi un héroe nacional por haber llegado a viajar al espacio, pero su carrera no terminó allí. Actualmente lidera la Oficina de Operaciones de Vuelo de la ESA y está a cargo del centro de control para los instrumentos europeos en la EEI. Además, se encarga de planificar aquello que los astronautas deben hacer día a día.

En los próximos años, la agencia llevará a cabo varios proyectos. “En el programa científico, tenemos cinco grandes proyectos: una nave que estudiará las lunas heladas de Júpiter, otra que se acercará al Sol y lo estudiará de cerca, otra que medirá el efecto de la energía oscura del universo, y dos que buscarán sistemáticamente planetas extrasolares por métodos diferentes”, explicó.

En cuanto a la navegación por satélite, la agencia lanzó recientemente dos satélites de la constelación Galileo, con la que Europa espera abandonar su dependencia de Estados Unidos para los servicios de GPS para dentro de seis años. Sin embargo, un fallo en la preparación de su despegue causó una desviación en la ubicación en que quedaron orbitando y esto hará que no se puedan utilizar para la navegación satelital.
Por el precio que parece haber costado (el Antel-SAT), si las inversiones continúan, se podrán hacer proyectos de mucha más envergadura en el futuro cercano”, indicó Duque.

“Esos satélites estarán dando vueltas a la Tierra para siempre en mal sitio, pero podemos utilizarlos para hacer pruebas y el hecho de que funcionen bien da confianza para todos los satélites gemelos que tienen que lanzarse (esperemos que a su sitio)”, indicó Duque. Por otra parte contó que existe la posibilidad de que la ESA envíe su primer robot a la Luna y que desarrollarán un cohete operacional de máxima eficiencia, a lo que agregó: “¡Todo esto por menos de diez euros al año por persona!”, que es el costo que tiene para los ciudadanos de los países miembros de la ESA mantener esos programas, que en Estados Unidos, por ejemplo es de 100 euros, dijo.

La posibilidad de que un uruguayo llegue al espacio es un poco remota. Sin embargo, el Antel-SAT lo hizo hace poco, aunque claro, es una máquina. El astronauta opinó sobre este proyecto: “Los principios son muy costosos y eso es común a todas las industrias tecnológicas. Por el precio que parece haber costado (el Antel-SAT), si las inversiones continúan, se podrán hacer proyectos de mucha más envergadura en el futuro cercano”, señaló. Por ahora, para llevar la bandera celeste a la órbita de la Tierra (o más allá) los uruguayos van a tener que viajar a los países que conforman la ESA o a Estados Unidos, por ejemplo, nacionalizándose o formándose allí para trabajar en sus agencias, explicó el astronauta.

Para Duque, volver al espacio no es una opción descartada. Todos los años hace las pruebas necesarias para calificar. El astronauta ya conoce los riesgos y la tecnología y el sí ya está dado. “Por supuesto que trabajando de astronauta uno siempre tiene que decir que sí a esas cosas”, sostuvo. Por ahora, la posibilidad de que vuelva depende de que la ESA le asigne una misión.

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