La revancha de los otros

Padecer síndrome de Asperger, déficit atencional, dislexia y hasta autismo ya no es una traba a la hora de conseguir trabajo
El prejuicio se dio vuelta y ahora se intenta compensar la oportunidad que algunos no tuvieron durante su infancia. Si la escuela fue una jungla de niños crueles para todos aquellos que sufrían de algún tipo de desorden psicológico, ahora el trabajo podría llegar a retribuirles por esas burlas en el recreo.

Según un análisis publicado por la revista The Economist, el mundo de los negocios está repleto de los que en inglés se llama mitfits. La traducción poco agradable de “inadaptados sociales” refiere a las personas que carecen o tienen escasas habilidades para relacionarse socialmente, pero que compensan esa falta con alguna otra capacidad.

Pero aquellos que muchas veces pasan por geeks, en realidad padecen trastornos reales, como el síndrome de Asperger, dislexia, déficit atencional hiperactivo y hasta autismo.

Mentes brillantes


Los reclutadores comenzaron a notar que las cualidades mentales que hacen bueno a un programador de computación coinciden con lo que hace a un diagnóstico de síndrome de Asperger, un trastorno que se ubica dentro del espectro autista. Entre ellas se hallan un interés obsesivo por temas específicos, pasión por los números, patrones y máquinas, así como una adicción a tareas repetitivas, dice el artículo. Claro, también incluye una falta de sensibilidad a cuestiones sociales.

Un vistazo en el mundo de internet reafirma la teoría. Sin ir más lejos, el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, presenta “un toque de Asperger”, según escribió una extrabajadora de la empresa, Yishan Wong. “No da señas o confirmación de que te está escuchando”, dijo.

En la película que cuenta los orígenes de Facebook, Red Social (Social Network, 2010), el actor Jesse Eisenberg encarnó a un Zuckerberg que encajaba a la perfección con el estereotipo de nerd: un genio sin amigos.

Pero decir que se encuentra “en el espectro autista” es una apreciación amplia. En la conferencia que dictó en Montevideo la semana pasada la doctora Temple Grandin afirmó que este abanico puede ir desde Albert Einstein “hasta el niño que jamás aprenderá a hablar”.

Según varios historiadores, el precursor de la teoría de la relatividad sufrió de dislexia durante su infancia, una dificultad en la lectura para la comprensión correcta de lo que se lee e impide el desarrollo del aprendizaje.

Incluso Steve Jobs pertencecía al espectro, dijo con naturalidad la experta. Grandin está convencida de que “el mundo necesita todo tipo de mentes”, como aseguró en una conferencia TED en 2010. Y con razón.

Se ha dicho que el genio detrás de Apple tenía déficit de atención con hiperactividad, un desorden que afecta al 5% de la población mundial.

Cable a tierra


Contratar más trabajadores “del espectro” no implica que las empresas dejen de emplear al típico hombre de negocios, organizado y diplomático.

A medida que las empresas empleen más “genios inadaptados”, más precisarán de gerentes que sean un cable a tierra en la organización. Porque, después de todo, muchos gigantes del mercado no serían lo que son hoy sin lo que ambos pueden aportarle: el equilibrio exacto de brillantez y orden.

 


Fortalezas


Para Grandin, el desarrollo de una persona dentro del espectro autista implica potenciar los puntos fuertes y contrarrestar los débiles.

Además, aseguró que quienes padecen de este tipo de desorden son ideales para trabajos que impliquen tareas repetitivas, que involucren un solo foco de atención.

Por ejemplo, los disléxicos acaparan la lista de grandes empresarios, como los fundadores de Ford, General Electric e IBM. Estos “aprenden a delegar tareas desde más temprano y gravitan a actividades que requieren menos habilidades formales”, explica The Economist.


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