La privacidad en el reino de Facebook

Uruguay es sede de la 34ª Conferencia Internacional de Autoridades de Protección de Datos y Privacidad, un evento que abre las puertas al debate mundial sobre cómo equilibrar la privacidad y la tecnología hoy
Cuando George Orwell publicó su novela 1984, en 1949, parecía lejano un futuro en el que un Gran Hermano ominpresente vigilara y controlara todos los actos de las personas. Pero ese futuro se hizo posible demasiado rápido, cuando nació internet y la tecnología que la enmarca.

En este contexto se desarrolla, desde el martes y hasta hoy, la 34ª Conferencia Internacional de Autoridades de Protección de Datos y Privacidad en Punta del Este.

Porque, lejos de ser parte de una trama de ficción, los países han comenzado a ver con preocupación los efectos de una realidad que avanza por encima de lo que sus reglas y cultura son capaces de andar. Se interesan desde hace años por el daño que provoca esta tecnología sobre la privacidad de las personas, en tanto consumidores y ciudadanos de un gobierno cada vez más electrónico.

Uruguay fue elegido anfitrión del evento que reúne a más de 50 países representados por sus expositores y más de 600 inscriptos que llegaron al balenario esteño para participar del debate sobre la protección y seguridad de los datos personales en tiempos en los que la tecnología desafía esa salvaguarda. Se trata de “un doble reconocimiento”, dijo José Clastornik, presidente ejecutivo de AGESIC y miembro del consejo ejecutivo de la Unidad Reguladora y de Control de Datos Personales (URCDP). “A la región y a Uruguay,” explicó.

Bajo la consigna “Privacidad y tecnología en equilibrio”, se debatieron temas como privacidad en la sociedad de la información, gobierno electrónico y abierto, y la inminencia de una web semántica o 3.0, entre otros, que convergen en la misma preocupación.

Hoy tendrán lugar las sesiones cerradas de las autoridades, en las que se buscarán marcar los futuros lineamientos de acción. Aunque las opiniones e intereses son disímiles, los conferencistas señalaron la necesidad de llegar a un consenso sobre un asunto que tiene como víctima un derecho humano lesionado y a la tecnología como problema y solución.

La nueva forma en que la privacidad importa


La crisis de la privacidad se enmarca dentro de la sociedad de la información, en la que la gente cada vez comparte más datos en forma voluntaria. Al respecto, el conferencista estadounidense Brad Smith, consejero general de Microsoft, planteó la pregunta inicial: la privacidad, ¿todavía importa?

Aunque podría pensarse que no, aseguró que lo que ha cambiado no es el concepto de lo privado, sino la forma en que a las que las personas les importa esa derecho. “Miren a Facebook, si no”, propuso Smith para ilustrar el tema.

Comparó a la red de Mark Zuckerberg con MySpace, que hace apenas cinco años era la red social más popular. No obstante, fue Facebook el que “explotó” y superó los mil millones de usarios. Según el experto, esto se debe a que en MySpace todos los perfiles son públicos, mientras que Facebook permite elegir “amigos” de forma explícita. Es decir, el paradigma actual es que la gente sigue dando datos personales (incluso lo hace cada vez más), pero ahora quiere elegir a quién darle esa información y quiere saber qué hacen con esos datos.

Por su parte, el alemán de la Universidad de Hannover, Wolfgang KIlian, se refirió a los datos personales como “productos” en un mercado electrónico regido por gigantes como Google, Facebook y Amazon, que concentran “cantidades asombrosas” de datos personales con fines comerciales.

Cuando el gobierno se vuelve electrónico


En el año 2000, el dato de que 1,1% de los hogares de la Unión Europea tenía acceso a internet mediante ADSL era presentado como una “cifra para el vértigo”. En 1997 también se consideró vertiginoso el hecho de que se habían logrado vender 10 millones de celulares en ocho años. Si bien los datos suenan anacrónicos hoy, en la mayoría de los casos la normativa actual sigue siendo de esa época.

Por ello el jurista español José Luis Piñar planteó en el panel sobre gobierno abierto la necesidad de crear un marco legal efectivo que regule las nuevas tencologías de la información. Advirtió que es la técnica la que regula ya que las normas, aunque imprescindibles, siempre van después. Y dijo que aunque la técnica de los próximos años sea aún desconocida, la incertidumbre que esto genera debe ser el motor para buscar nuevas soluciones.

La idea de un gobierno electrónico que regule a los actores públicos y privados respecto a la seguridad de los datos personales, a su vez, es un tema que conlleva otra pregunta: ¿quién controla al gobierno, entonces? Por eso la tensión entre gobierno y privacidad se relaciona con el miedo de los ciudadanos sobre la vigilancia que este pueda ejercer a partir de esos datos.

Uruguay, por ejemplo, cuenta desde 2008 con la ley 18.331 sobre protección de datos personales y desde hace un año con la URCDP. Pero regular no basta: es necesario generar confianza en los ciudadanos y mantenerlos informados, aseguró Clastornik.

En el umbral de la web 3.0 o semántica


“¿Estamos preparados para una vida 3.0?”. La pregunta disparó el debate en uno de los plenarios. En primer lugar, los conferencistas intentaron definir qué es esta nueva web, que todavía no ha llegado pero está en camino. El español Pablo Pérez San José la describió como aquella en la que los protagonistas son los agentes inteligentes, que gestionan la información y crean algo nuevo.

A diferencia de la 2.0, la web 3.0 toma la masa caótica de información en internet y la ordena en base a etiquetas y la relaciona, siendo capaz de generar conocimiento (por eso, también se la llama “web semántica”).

Para el conferencista Steve Wood de Reino Unido no hace falta definir un término específico: “La web está evolucionando y eso ya es importante”. En su opinión, lo que ha cambiado es el lugar que le asignan las personas en sus vidas, cada vez más en el centro.

Por último, la portuguesa Clara Guerra advirtió que en esta nueva web se corre el riesgo de que las máquinas “nos conozcan más que nosotros mismos”, y del peligro que supone el profiling, por el cual la red trata de clasificar al usuario constantemente.

Así, las decisiones de este se ven condicionadas. Por eso llamó a “repensar, no los principios, sino sus implementaciones prácticas”. Y es que los modelos no sirven: “La prueba es que ya hablamos de web 3.0 y no somos capaces de resolver la web 2.0”.

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