La NASA pone drones a cazar huracanes

La agencia espacial estadounidense apuesta a estos aviones no tripulados para rastrear tormentas tropicales y huracanes con el fin de analizar mejor estos fenómenos meteorológicos
Dos drones militares reconvertidos en rastreadores de tormentas tropicales y huracanes serán puestos a volar por la NASA, con el fin de desentrañar los secretos de estas gigantes depresiones atmosféricas y mejorar las previsiones meteorológicas.

Diseñados para misiones militares de reconocimiento en todo el mundo, estos vehículos aéreos no tripulados, del tamaño de un gran jet de negocios, son controlados a distancia desde la base de la NASA en Wallops Island, en la costa este de Virginia, para las misiones sobre el Océano Atlántico.

Capaces de volar durante 30 horas a 21.000 metros de altitud, o sea, dos veces más alto que los aviones de pasajeros, estos drones pueden cubrir una gran parte del Pacífico y el Atlántico en una sola misión, explicó Christ Naftel, director del proyecto en el Centro Dryden de la NASA en California, la segunda base de estos dispositivos.
Estos drones proporcionan una ventana a las tormentas tropicales y huracanes que no teníamos antes", dijo Scott Brawn, participante en el programa Centinela de Huracanes y Tormentas Severas 3 

En funcionamiento desde 2012, por un período de tres años, los dos Global Hawk fueron lanzados en agosto y setiembre, los meses más activos de la temporada de huracanes del Atlántico, que se extiende de junio a noviembre.

"Estos drones proporcionan una ventana a las tormentas tropicales y huracanes que no teníamos antes", dijo Scott Brawn, en la base de Wallops Island, desde donde los dos Global Hawk parten para misiones sobre el Atlántico.

"Hasta ahora solo teníamos tomas instantáneas de una tormenta en diferentes momentos" gracias a aviones tripulados y satélites, agregó Brawn, participante en el programa Centinela de Huracanes y Tormentas Severas 3 (HS3).

El científico señaló a su vez que "observar una tormenta tropical continua durante 20 horas da más tiempo para capturar la dinámica y por qué algunas pueden convertirse rápidamente en huracanes".

Aunque las proyecciones de la trayectoria de los huracanes han mejorado notablemente en las últimas décadas, las previsiones de su potencia han avanzado poco, dijo Brawn, del Centro de Vuelo Espacial Goddard en Maryland.

Más cerca del océano


Mejores proyecciones ayudarían a las autoridades a evaluar mejor la necesidad de evacuar a las personas. Según la NASA, cerca de 100 millones de estadounidenses viven a 80 kilómetros de la costa y por lo tanto están potencialmente expuestos a la potencia de los huracanes.

La misión de estos aviones no tripulados se centra en dos objetivos científicos: determinar el papel de los huracanes y de las precipitaciones en las tormentas intensas, e investigar la responsabilidad de la capa de aire del Sahara en la intensidad de los ciclones tropicales.

Esta masa de aire muy seco y lleno de polvo se forma sobre el Sahara entre el final de la primavera y el principio del otoño boreal y se desplaza hacia la zona tropical del Atlántico, llevando grandes cantidades de polvo y aire seco.

Los científicos están divididos sobre su impacto en la intensidad de los ciclones tropicales. Algunos creen que su aire seco puede debilitar una tormenta al bloquear el movimiento ascendente de los vientos, pero otros sugieren que esto puede por el contrario aumentar su fuerza.

Cazadores de huracanes


La NASA y la Agencia Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), socio en este programa de 30 millones de dólares, esperan que los datos recopilados durante tres temporadas de tormentas tropicales en el Atlántico permitan dar respuestas.

Cada aparato está equipado con diversos instrumentos, incluyendo un láser para estudiar la estructura de las nubes, un sistema de microondas para sondear el corazón de los huracanes y un radar.
Buscamos sobre todo obtener mediciones lo más cerca posible de la superficie del océano", dijo Gary Wick, un científico de la NOAA

Por otra parte, la NOAA desarrolló unas sondas pequeñas de unos 200 gramos, con un sensor GPS y un paracaídas, que son lanzadas por los drones sobre la tormenta. Estos dispositivos miden varias veces por segundo la temperatura, la humedad y la presión atmosférica.

"Buscamos sobre todo obtener mediciones lo más cerca posible de la superficie del océano", dijo Gary Wick, un científico de la NOAA.

Todos estos datos son transmitidos al drone, el cual vía satélite los retransmite el centro de control en Wallops y luego al Centro Nacional de Huracanes en Miami, donde son redistribuidos a todos los centros de previsiones meteorológicos en Estados Unidos casi en tiempo real.

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